domingo, 7 de abril de 2013

Indignado

En más de 25 años de carrera profesional, nunca me había sentido tan indignado como esta semana que pasó. Estoy que me lleva el tren de la indignación. Empezamos el jueves, con casi dos horas y un par de citas de trabajo perdidas en diferentes bloqueos de los porteadores, pero no me quejé porque Dean CóRnito apoya el derecho de las personas a manifestarse, máxime cuando creen que lo hacen en defensa de su sustento. Pero los inconvenientes sufridos no dejan de causar molestia.  Seguimos el viernes, cuando fui víctima de una vulgar extorsión por parte de un funcionario público al que mis impuestos le pagan su salario.

Dean CóRnito, además de hacer alguna que otra consultoría, tiene un negocio del que nunca ha dado detalles en este blog, y tampoco lo va a hacer en esta ocasión para evitar represalias. Para facilidad del relato, asuma el estimado lector que Dean CóRnito se dedica a la importación y distribución de productos alimenticios que requieren de un registro sanitario. Asuma también que ante la inminente entrada en vigencia del TLC con Singapur, Dean se consiguió la representación de una línea de chicles de dicho país. Resulta que hace 6 semanas Dean CóRnito presentó a las autoridades correspondientes toda la información requerida para obtener el registro de un producto, con 5 sabores y tres presentaciones cada uno: 5 tabletas, 14 tabletas, y 60 tabletas.  En total, 15 presentaciones distintas de un mismo producto.

Después de dos semanas del primer intento, el registro de 3 de las 15 presentaciones fue rechazado por una minucia irrelevante y que además no exige la normativa costarricense. A sabiendas de que, en general, una apelación tarda más en resolverse que reiniciar el trámite cumpliendo con la estupidez exigida pero no requerida, y que además indispone a los funcionarios del Registro Sanitario, Dean CóRnito decidió no apelar, sino más bien volver a presentar los documentos cumpliendo con la estupidez exigida.

El viernes, cuatro semanas más tarde, e incumpliendo con toda la normativa en cuanto a tiempos de resolución, finalmente salieron aprobados cinco registros: los tres de un sabor, y uno cada uno de otros dos sabores.  Entre los cinco registros aprobados, había solo uno de los tres que habían sido rechazados cuatro semanas antes. Los otros cuatro fueron aprobados sin tener que presentar el requisito imbécil.

Resulta que cuando Dean CóRnito inocentemente consultó por los 10 registros aún pendientes, el funcionario le contestó, con total frialdad, que “son ₡450.000 y los tiene aprobados para el miércoles”.  A partir de ahí el diálogo se desarrolló de la siguiente forma:

Dean CóRnito (DC): ¿Cómo? Si ya llevan mes y medio los papeles ahí metidos, y ustedes solo tienen 30 días para resolver. Ya más bien están pasados dos semanas.

Funcionario Público (FP): Usted sabe, don Dean, hay que aceitar la maquinita para que funcione más rápido.

DC: Diay, güevón, me lo hubiera dicho hace mes y medio, y no se cuál hubiera sido mi reacción.  Pero después de todo este tiempo, ¿ahora me quiere cobrar para acelerar lo que ya tiene el plazo vencido?  ¿Y si me rehúso a pagar?

FP: Pues usted se expone a que se los rechace todos.

DC: Usted no me puede rechazar porque el reglamento solo le da los primeros 10 días hábiles para encontrar defectos en la presentación, y yo ahora puedo demostrar con los registros aprobados que no hay tales defectos.

FP: Pues entonces, don Dean, espero que tenga tiempo y paciencia para esperar a que le salgan las aprobaciones”.  (¡Qué carebarro!)

DC: Vea, malparido, no lo voy a denunciar para darle chance de que recapacite durante el fin de semana. Si para el miércoles no me tiene los registros aprobados, aténgase a las consecuencias, que a mi abogada le encanta hacer mierda a la gentuza como usted. No solo que mis impuestos pagan los salarios de todos los funcionarios públicos, sino que en el caso específico suyo, los derechos que se paga por el registro de cada presentación de cada sabor de cada producto van a financiar esta hijueputa institución para la que usted “trabaja”.

A diferencia de otras veces y lugares, donde de entrada le piden a uno una “colaboración” para sacar los trámites más rápido de lo normal –  y uno escoge si se espera al cumplimiento del plazo reglamentario o paga para acelerar el trámite – lo que hizo esta sanguijuela cuyo salario pagamos todos los contribuyentes fue un intento de extorsión.   Parásitos como ese hijodeputa lamentablemente abundan en el sector público, y le crean la mala reputación que tristemente salpica por igual a los buenos funcionarios, que también los hay y me ha tocado conocer.  Lo más triste es que no se trata de una actitud que se limite al sector gubernamental.

Si usted cree que este país es ingobernable, estimado lector, se debe a malnacidos como este con el que me tocó lidiar el viernes. En fin, estoy indignado a más no poder, pero estoy indignado con usted y conmigo, con Pedro y María, con Juan y José (ni que fuera Viglietti).  Porque en esto, créame, no tiene la culpa doña Laura Chinchilla ni el gobierno anterior ni los cinco que le antecedieron en Zapote.  Si Costa Rica está como está, es porque los ticos somos como somos, porque tenemos los gobernantes que elegimos porque… se nos parecen.  Este es un problema cultural, no político. Un problema de un país donde ya nadie se acuerda de que el trabajo dignifica, y todos andan viendo a expensas de quién enriquecerse de la noche a la mañana. Esto no es cuestión de concesiones mal diseñadas ni de concesionarios mal escogidos, ni de ministros incompetentes y presidentes arrogantes.  La solución empieza, como lo decía Michael Jackson, con el hombre en el espejo.

Descargo de responsabilidad: La historia aquí narrada es verídica, pero el autor se ha tomado la libertad de cambiar los nombres de instituciones y trámites para evitar represalias del comemierda que le chantajeó. Dean CóRnito advierte que su negocio real nada tiene que ver con la importación de alimentos, con el Registro Sanitario, ni con el Ministerio de Salud.

2 comentarios:

  1. Esos son los momentos donde uno quisiera andar una grabadora encendida...


    Yo tengo la teoría que esto habría que empezar a arreglarlo en las escuelas... quitemos religión del currículum y pongamos cívica, donde aprendan nuestros hijos y nietos como éramos antes...

    ResponderEliminar
  2. Mi querido Larry, tiene usted toda la razón de estar
    molesto, pero, para la próxima (porque la habrá) ya que, lamentablemente como
    dice usted, esto es más un asunto de idiosincrasia del costarricense, que de
    corrupción en el sector público; le daré un consejo: usted debe evitar lo más
    posible mostrar su enojo, discutirle un poco al funcionario, regatearle el “precio”,
    que se lo deje “más cómodo” total ya ha pasado mucho tiempo, “que le haga un
    quiebre”, poner la denuncia, darle la plata y cazarlo infraganti. Así es más fácil
    deshacerse de lacras como esa, porque plantearles una denuncia y llevar acabo
    un “debido proceso”, que ya muchos sabemos es engorroso y en la mayoría de los
    casos se “duerme en los laureles” (entre otras cosas porque también son
    empleados públicos los que lo deberían llevar acabo) es muy cansado y se pierde
    mucho tiempo valioso. Con este caso en particular, ya no te serviría el
    consejo, ya lo pusiste sobre aviso, y a no ser que fuera muy tonto, esa basura
    no te cogería ni cinco pesos, pero, para la próxima te servirá y verás que no
    es tan malo el consejo.

    ResponderEliminar