viernes, 21 de julio de 2006

Medio Oriéntese

Uno de mis pasatiempos favoritos, quizás el que más, es la lectura. Uno de los temas cuya lectura me apasiona es la historia, por lo que en diferentes temporadas me he leído tomos enteros de ella. Sería imposible resumir en “dos cuartillas a espacio doble” los cientos de horas de lectura que cargo a mis espaldas (razón por la cual cargo tremendos culos de botella sobre mi nariz), de manera que no voy a escribir en este post un tratado de historia del Medio Oriente. Al final de cuentas, la gente utiliza la historia (o sus versiones particulares de ella) para justificar las acciones de éste o aquel bando, como si los pleitos de hace 1,400 años tuvieran que terminar de dirimirse hoy. No me interesa entrar en ese juego, y si hago referencia a la historia es más para entender lo que está pasando que para justificarlo. En todo caso, más me interesa, al menos para los efectos de este blog, jugar de “analista de política internacional” y plantear una teoría poco común de lo que sucede hoy en día en Líbano.

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Ver los noticieros (nacionales o por cable, da lo mismo), o leer los pasquines que se hacen llamar periódicos en este país, es creer que estamos ante una guerra entre judíos y árabes, o entre israelíes y libaneses, o alguna sobresimplificación similar. Sin embargo, y dado que entre israelíes y árabes ha habido por lo menos unas cinco guerras en los últimos 58 años, podemos hablar de una cierta condición de “normalidad” para una guerra entre tan dilectos vecinos. Al autor de estas líneas le llama poderosamente la atención que la actual confrontación se sale de los parámetros de “normalidad” de las guerras entre Israel y sus vecinos, y más aún, que nadie parece haberse dado cuenta de ello.

Las anteriores guerras habían sido generalmente peleadas entre varios países árabes e Israel; entre lo que los “expertos” llaman “ejércitos regulares”. La actual es entre un “ejército regular” y una guerrilla que opera en un país pero que no es el ejército de ese país. Las anteriores guerras se habían visto venir desde meses antes, la actual nos tomó completamente por sorpresa. Pero lo más llamativo de esta guerra es lo que NO está pasando. Tradicionalmente, cuando Israel ha emprendido una acción militar contra cualquier país árabe, no han terminado de despegar los caza-bombarderos de las bases militares de Israel, cuando el mundo islámico al unísono y casi con una sola voz, ha salido a condenar en los términos más claros y contundentes la acción israelí. Esta vez, la comunidad islámica ha callado, a no ser para pedir un cese al fuego o el alivio de las condiciones humanitarias en el Líbano. Pero las condenas han brillado por su ausencia.

Excluyo de la anterior afirmación a Siria e Irán, regímenes ambos que tienen una participación indirecta en esta guerra, y cuyas condenatorias de la ofensiva israelí no se hicieron esperar. Pero, pregunto a mis lectores, ¿alguien ha oído decir “esta boca es mía” a los gobernantes de Jordania ó Egipto, cuyas relaciones diplomáticas con Israel nunca han sido impedimento para criticar al estado judío? Más interesante aún, ¿alguien ha visto a los ministros de relaciones exteriores de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Qatar, Marruecos o Túnez en los últimos 10 días? No incluyo a Irak en la lista porque su gobierno actual es un títere de los Estados Unidos, y Mr. George W. ha de haber girado instrucciones precisas.

¿A nadie más que a mi le llama la atención que ni siquiera el Primer Ministro del Líbano haya condenado a Israel por emprenderla contra Hezbolah? Cierto que el Sr. Saniora ha criticado “la fuerza excesiva” utilizada por los israelíes y su efecto sobre la población civil libanesa, pero eso es muy diferente de una condenatoria plena y directa.

Aquí es donde entra en juego lo del conocimiento de la historia del Medio Oriente. Para continuar, hace falta un poco de terminología. En primer lugar, no hay que confundir árabe con musulmán; lo primero es una etnia, mientras que los segundo es una religión. No todos los árabes son musulmanes, ni todos los musulmanes son árabes. Por ejemplo, en Líbano más del 40% de la población es cristiana. Muchos de estos cristianos libaneses son árabes, pero no todos (muchos se consideran descendientes de los fenicios). Otro ejemplo es Irán; los iraníes son musulmanes pero no árabes (de hecho son persas, étnicamente distintos de los árabes). Los turcos, los pakistaníes y los indonesios son también mayoritariamente musulmanes, pero de árabe no tienen un pelo.

En segundo lugar, cuando se habla del mundo islámico, las diferencias van más allá de los aspectos étnicos ya expuestos. También hay diferentes vertientes en la práctica de la religión, siendo las principales la suni y la shía. Como tampoco se trata de escribir un tratado teológico (ni es este autor la persona indicada para hacerlo), digamos que la diferencia entre sunitas y shiítas tiene alguna semejanza con la diferenciación entre católicos y protestantes: proviniendo de una misma fuente, surgen “escuelas” que hacen diferentes interpretaciones de las escrituras sagradas, que derivan en prácticas diferentes entre las respectivas vertientes. En términos occidentales, los sunis son más moderados en la práctica de la religión, mientras que los shías son más literales en el seguimiento del Corán.

La relación entre sunis y shías no es exactamente buena. Hoy en día se matan entre ellos en Irak (luego de que durante tres décadas el gobierno suni de Sadam Hussein tuviera a los shiítas aplastados), y antes lo hicieron en el Líbano durante la guerra civil de ese país que empezó – si la memoria no me falla – en la década de los 70’s. La guerra entre Irán e Irak en la década de los 80’s fue, en buena medida, una guerra entre la visión de mundo teocrática de la Irán shiíta y la más liberal (en el aspecto religioso) visión de mundo del régimen suni de Irak.

Desde que los ayatolas derrocaron al Shah de Irán, el régimen iraní ha intentado exportar su “revolución shiíta” hacia sus vecinos, cosa que nunca ha gustado a los regímenes monárquicos y/o caudillistas de los países mayoritariamente sunis del Medio Oriente. La creación de Hezbolah es un fiel ejemplo de ello: financiada por Irán, y con ayuda logística de Siria, esta guerrilla/movimiento social se ha convertido en la fuerza más poderosa del Líbano, más aún que el mismo gobierno central. Los shías en el Líbano representan no más del 25%-30% de la población.

En los últimos meses, con Irán tratando abiertamente de conseguir tecnología nuclear, los gobernantes de los países vecinos han dejado de dormir tranquilos. Israel ha tenido capacidad nuclear por más de treinta años, y a pesar de varias guerras de por medio, nunca la ha utilizado ni ha amenazado con hacerlo (de hecho, niegan tenerla). Irán, sin tenerla aún, ha proferido serias amenazas de usarla, dirigidas primordialmente hacia Israel. Los regímenes árabes que no comulgan con la visión teocrática shiíta saben que después de Israel, ellos siguen en la lista. Y ese es un desequilibrio de fuerzas que ninguno de ellos quiere vivir.

Por todo lo anterior, es que el mundo musulmán prácticamente ha callado ante la acción militar israelí. El meollo del asunto reside en que esta guerra actual NO es parte del conflicto árabe-israelí que se ha extendido durante las últimas seis décadas. En los noticieros gringos dicen que esta es una guerra “por delegación”: Estados Unidos luchando contra Irán, ambos indirectamente, cada uno a través de su delegado (“proxy”), al mejor estilo de la guerra fría. No es de extrañar que piensen eso: los gringos tienen una visión de mundo muy “gringo-céntrica”. Pero se equivocan.

La realidad, tal como se percibe desde mi cómodo sofá en este paraíso centroamericano, es que esta es una extensión de la guerra entre sunitas y chiítas, donde los sunis muy cómodamente callan mientras los israelíes hacen el trabajo sucio que ellos necesitaban que alguien hiciera. Si Israel logra derrotar a Hezbolah, por supuesto vivirá más seguro dentro de sus fronteras. Pero los verdaderos ganadores serán sus vecinos árabes, que se desharán de esa molesta amenaza, mientras que Israel es quien pierde puntos frente a la opinión pública internacional.

Los israelíes, por supuesto, no son títeres de los regímenes sunitas, ni están siendo utilizados sin que se den cuenta. Israel es el primer amenazado por la potencial bomba nuclear iraní, y desde su perspectiva tiene mucho que ganar con esta guerra. Además, desde hace muchos años es evidente que a Israel no le interesa participar en un concurso de popularidad cuando cree que su existencia está en riesgo, y esta guerra lo confirma.

Por último, “Occidente” entiende lo anterior y por eso su reacción ha sido taimada. Los gobernantes de algunos países, como España y Rusia, han hecho declaraciones que podrían ser interpretadas como una oposición a la operación militar israelí. Sin embargo, ese matiz que le han dado a sus declaraciones es más para consumo del electorado interno que otra cosa. En mi opinión, las verdaderas intenciones de la Unión Europea y del mismo G-8 son que Israel busque nuevos mecanismos para erradicar a Hezbolah minimizando las muertes de civiles, no que haya un cese al fuego en este momento. También ellos se sienten amenazados por los planes expansionistas de una Irán potencialmente nuclear, y también ellos están felices de que sea Estados Unidos el que pierde imagen ante la opinión pública internacional. El cese al fuego no va a llegar “any time soon”, porque la alianza de intereses en esta guerra es más impresionante que la que logró George Herbert Walker Bush (padre) en la primera guerra del golfo.

domingo, 9 de julio de 2006

Lluvia, choferes ticos, y el INA

En diversas ocasiones me he referido a lo mal que manejamos los ticos en general (ver, por ejemplo, El síndrome de Tribilín), pero nunca le he dedicado un comentario a lo imbéciles que nos volvemos al volante cuando llueve. Ya que hoy llovió en serio, y que me tocó manejar mientras llovía, no encuentro ocasión más propicia para hacerlo que ahora. Pareciera que apenas llueve, el imbécil que todos llevamos adentro sale a relucir. Es como si dijéramos, consciente o inconscientemente, “salgamos a hacer las más estúpidas maniobras para poner en peligro al número máximo de personas”.

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Todos los años, cuando empieza la temporada lluviosa, se dan innumerables choques tontos de esos “por detrás”, causados por animales que no aprenden que al llover hay que guardar una mayor distancia entre vehículos, no sólo porque la distancia de frenado es mayor cuando la calle está mojada, sino porque al principio de la temporada lluviosa las calles se ponen particularmente resbalosas por motivos que no viene al caso discutir. Si a un qatarí lo sorprende una lluvia en el desierto en el que vive, es razonable que no sepa como reaccionar. Pero que a un tico una lluvia lo tome desprevenido, sólo puede ser por imbécil.

Hoy me tocó manejar en medio de un aguacero en el que la visibilidad si acaso llegaba a 20 metros. Razonablemente, la mayoría de la gente bajó su velocidad, pero no faltó el Fitipaldi que andaba como desesperado zigzagueando entre los carros y acelerando en espacios reducidos cual ariete argentino jugando contra Serbia. Como era de esperar, eventualmente me encontré un accidente en el camino. No pude ver que pasó, pero si noté la presencia de varias ambulancias y más grúas que carros accidentados. Como es costumbre, se hizo una presa descomunal a ambos lados de la pista que une a San Eustaquio (mi Macondo, para los que son nuevos por estos rumbos) con San José, porque la gente tenía que pasar viendo todos los detalles del accidente. Por supuesto – la curiosidad mató al gato – hubo un segundo choque casi frente a mis ojos, porque un imbécil frenó bruscamente, aparentemente para ver el chorro de sangre que brotaba de uno de los carros accidentados, mientras que el idiota que venía detrás suyo no guardó la distancia debida.

Todo esto me llevó a filosofar sobre el papel fundamental que juega el apéndice en el cuerpo humano, o lo que es lo mismo, la inutilidad del famoso curso de educación vial del INA. Quien escribe estas yeguadas ha tenido la suerte de vivir en varios países, y sólo en Costa Rica ha visto algo como el curso del INA. Sin embargo, en ninguno de esos otros países manejan tan mal como en el nuestro. Yo me pregunto entonces de qué sirve pasarse toda una semana clavado en el dichoso curso, si salimos y manejamos como se nos pega la gana. Recuerdo que poco después de obtener mi primera licencia, hicimos con un grupo de amigos – todos de similar edad – un paseo a Esterillos. Éramos varios y no cabíamos en un solo carro; a mi me tocó manejar uno. Como íbamos en caravana, yo tuve la decencia y la deferencia de anunciar mis movimientos con las luces intermitentes y demás señales acostumbradas para los efectos. Cuando llegamos a nuestro destino, fui objeto de las burlas de otro de los choferes designados, que decía que yo parecía nuevo poniendo las direccionales, etc. El problema es que hasta el día de hoy las sigo poniendo, y con más de 20 años de tener licencia, nunca he ocasionado ningún accidente por imprudencia. Para mi no era cuestión de ser nuevo.

El asunto es, volviendo a lo que nos trajo hasta aquí, que resulta evidente que el cochino curso del INA no sirve para un carajo. Como choferes, los ticos somos descorteses, imprudentes, y temerarios. Yo soy de la teoría de que lo que no sirve, que no estorbe. Consecuentemente, mandaría a eliminar el mentado cursito. Pero como reconozco que es más fácil que una manada de mandriles encuentre la cura del SIDA a que en nuestro terruño se elimine lo que no sirve, entonces sugiero cambiar el programa de estudios del curso de educación vial. Ya que cuando manejamos nos convertimos en imbéciles, el curso debería de diseñarse para imbéciles, de tal suerte que se limite a cinco temas (no hay capacidad de aprender más), y que cada tema sea repetido por lo menos unas quinientas veces, como en las tareas que nos ponían a hacer en la escuela cuando hacíamos algo mal:

1) No vuelvo a levantarle la enagua a Yamilet.
2) No vuelvo a levantarle al enagua a Yamilet.
.
.
.
500) No vuelvo a levantarle la enagua a Yamilet.

Los cinco temas del nuevo curso de INA serán:
  1. Cuando llueve la calle se pone resbalosa. Tengo que ver al menos un pedazo de calle entre la trompa de mi carro y la cola del de enfrente. Entre más grande el pedazo de calle, mejor.
  2. Entre más grande el vehículo, más espacio necesita para frenar. Opción A: para choferes de bus, camión o tráiler. Debo dejar 50 metros entre mi chunche y el carro que va adelante. Opción B: para choferes de vehículos livianos: ese bus/tráiler/camión que viene ahí necesita mucho espacio para frenar. No me le voy a atravesar.
  3. En una autopista no se debe frenar de repente, sobre todo si mi Elantra ’92 no tiene luces de freno. Y particularmente si el motivo de frenar es para ver el culo en el anuncio de Bacardi o para ver el accidente que ocurrió del otro lado de la pista.
  4. Si prendo las luces del carro cuando llueve, NO SE VA A GASTAR LA BATERÍA NI ME VA A LLEGAR MÁS ALTA LA CUENTA DE LA ELECTRICIDAD.
  5. Por más lluvia que caiga, transitar a 7 kilómetros por hora en una autopista es igual de imprudente que hacerlo a 80 Km./h.
Así de sencillo. Fácil de entender. Con eso tal vez reduzcamos el número de accidentes y de muertes en las carreteras. En todo caso, no nos puede ir peor que con lo que tenemos hoy en día.

sábado, 1 de julio de 2006

Cuando las computadoras nos embrutecen

Cuando yo apenas aprendía a hacer multiplicaciones con multiplicandos de tres dígitos, recuerdo que hacía competencias con mi mamá: ella me dictaba una operación, digamos 380 x 729, y mientras yo la resolvía a mano, ella lo hacía con la calculadora. Al principio siempre ganaba la calculadora. Pero eventualmente desarrollé un método mental que me permitió empezar a ganarle al combo “mamá con calculadora”. En aquella época las calculadoras más sencillas eran tremendamente caras; mi mamá tenía una porque estudiaba en la Universidad, pero a los niños ni siquiera se nos permitía tocarlas; para resolver nuestros problemas de cálculo teníamos que usar lápiz, papel, y nuestros cerebritos. Y vaya que lo lográbamos. Los tiempos han cambiado, y hoy en día si la operación se excede de la tabla del 10, inmediatamente saco la calculadora y ni siquiera me molesto en pensar.

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Se supone que las computadoras llegaron para ayudarnos a avanzar, y en muchos campos eso es cierto. Tal vez un güila avezado pueda hacer multiplicaciones de tres dígitos en su cabeza en lo que tarda una persona normal en digitar la operación en una calculadora, pero los cálculos que requiere hacer Franklin Chang para el desarrollo de su motor de plasma necesario para mandar seres humanos a Marte no serían ni siquiera remotamente posibles si hubiera que hacerlos “a mano”.

Lamentablemente, tan marcada es la tendencia del tico promedio a querer las cosas fáciles, que en nuestro país en muchas ocasiones usamos las computadoras de excusa para retroceder. ¿Cuántos de nosotros hemos escuchado la frase “no hay sistema” o “el sistema está caído” como sentencia final de la imposibilidad de hacer alguna gestión o trámite? Todo esto viene a colación porque el día de ayer me presenté la Banco Privado de Comercio Exterior (ver Catch 22 a la tica) a pagar la cuenta de la electricidad de mi negocio en San Eustaquio (ver Siete semanas perdidas). Al llegar la banco, a eso de las 11:00 a.m., me informó el cajero que “en estos momentos el banco no tiene sistema con Fuerza y Luz”, y que por esa razón no se podía pagar la cuenta. Considerando que yo tendría que regresar al Banco a hacer otros mandados por la tarde, no le di mayor importancia y me fui.

Al regresar, a eso de las 4:00 p.m., y siendo que ayer era fin de mes, se podrán ustedes imaginar que la fila le daba la vuelta al Estadio Olímpico de Berlín. Después de casi cuarenta y cinco minutos de espera, finalmente me tocó el turno, y todo para que el cajero me dijera que “el sistema de la CNFL está caído”. Después de una estéril conversación, durante la cual me quejé de que desde la mañana estaba caído y para qué está el personal de informática si no pueden resolver algo tan esencial, me acordé de aquella frase que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Recordándome que hace algunos años no existía internet y aun así se podían pagar las cuentas de los servicios públicos en los bancos, le pedí al cajero que se olvidara del “sistema” y que me cobrara el servicio “a la antigua”. ¿Cómo es eso, don Dean?, me preguntó. Elemental, mi querido Watson, le respondí. Usted me cobra y acredita el dinero a la cuenta de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz, y como resultado me emite un comprobante de depósito donde conste que ese depósito es por el pago correspondiente a la factura número 8765432190 – I65 del medidor número 666 – 99 perteneciente a “El Chinamo de Dean S.A.”. “Pero eso no se puede hacer”, me respondió mi querido Watson, “porque al no tener sistema no puedo ver su recibo y no puedo acreditar los montos a las cuentas correspondientes”. “Pero, Watson”, le dije yo, “aquí traigo yo el recibo y de él puede usted sacar toda la información: localización, número de medidor, número de factura, número de cliente, total por pagar, fecha de vencimiento, nombre del abonado, etc.”. “Si, pero sin sistema no puedo hacerlo”. Y punto. Usar la cabeza es demasiado pedir. Es más fácil culpar a la computadora de nuestra propia vagancia e imbecilidad.

Y para que al menos en este rincón de nuestra bella patria no podamos ser acusados de que las computadoras nos embrutecen, invito a mis lectores a hacer de este un post interactivo, dejando en sus comentarios sus historias favoritas de cosas que no pudieron lograr “porque el sistema está caído” o alguna otra excusa similar.

domingo, 18 de junio de 2006

No le pidamos peras al olmo

La semana pasada nos tocó despertar a la realidad. No porque la Asamblea Legislativa haya refrendado el nombramiento de un nuevo Regulador General, con lo cual se avecina una tremenda ola de alzas de precios, sino porque la flojita Selección de Fútbol de Ecuador nos puso en nuestro lugar en el firmamento futbolístico mundial. Antes de que continúen circulando los chistes de que la Asociación Canina Nacional invita al acto en el Aeropuerto Juan Santamaría en que 23 perras y su entrenador bajarán de un avión en saco y corbata, pongamos las barbas en remojo. La culpa no es del todo de los jugadores. Tampoco del director técnico. Esta no es una columna sobre táctica futbolera; de eso no sabemos gran cosa. Es, para no perder la costumbre, un discurso sobre mentalidad y responsabilidad.

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Aparentemente, una impresionante mayoría de ticos tenía la ilusión de que nuestra Selección Nacional hiciera un buen papel en este Mundial y pasara tal vez a la segunda ronda. Sin ánimo de ofender, son unos ilusos (nótese el coincidente origen etimológico de las palabras iluso e ilusión). Hace cuatro años fuimos al Mundial con el mismo entrenador y prácticamente los mismos jugadores titulares, y no pasamos a segunda ronda. En el 2006, con una alineación que más parecía el listado de pacientes del hospital geriátrico que una verdadera selección nacional de fútbol, no podíamos esperar ni siquiera un resultado igual al de Corea-Japón. Y con esto no quiero decir que habían mejores jugadores para llevar al Mundial, porque no podría nombrar más que un par de ellos que me hubiera gustado ver en la Sele.

El tico de la segunda mitad del siglo XX y de este inicio del siglo XXI es por naturaleza temeroso al cambio. Apuesta por la seguridad de lo viejo y conocido antes que por lo nuevo y prometedor. Esa es una mentalidad que prevalece entre nuestros políticos y por supuesto, entre nuestros “dirigentes” deportivos. No es un mal exclusivo del fútbol: el Presidente del Comité Olímpico Nacional es un señor que lleva unos 30 años en ese puesto y, ¿qué resultados ha obtenido? Ninguno, pero igual nadie le pide cuentas. Y que no me venga nadie con las medallas de las hermanas Poll como muestra de su éxito, ya que ellas ganaron sus medallas a pesar de, y no gracias a, el Comité Olímpico Nacional. Las ganaron en un deporte individual, gracias a sus cualidades personales y atributos físicos, y a la experiencia y sapiencia de su entrenador. Los que estamos algo más rocos que el promedio de los blogueros, recordamos que ya antes don Francisco Rivas había hecho a otra gran nadadora – María del Milagro París – quien representó al país con buen nivel en la década de 1970, logrando un quinto lugar en un Campeonato Mundial.

Pero volvamos al fútbol, que es lo que motiva esta columna. Otro rasgo del tico actual es su incapacidad para planificar a largo plazo; preferimos la improvisación. Selecciones nacionales juveniles e infantiles van casi todos los años a los respectivos Campeonatos Mundiales de sus categorías. Pero a la hora de llegar a las Olimpiadas, casi siempre nos pelamos el nance. Y en el Mundial, ni hablar. ¿Por qué? Por una muy buena razón: rara vez los jugadores que van a un Campeonato Mundial en categoría infantil van luego a un Campeonato Mundial en categoría juvenil. No hay continuidad, porque no hay planificación. Y al no haber continuidad, hay desperdicio de recursos. La experiencia que obtiene un jugador juvenil o infantil en un Campeonato Mundial es valiosísima, ya que – guardando las distancias – aprenden lo que es una concentración de varias semanas, estando lejos de sus hogares, en un país de horarios, costumbres y alimentos “extraños”, y con la presión de saltar a la cancha a representar al país al más alto nivel en su respectiva categoría. Cada vez que tenemos la oportunidad, improvisamos un nuevo equipo, en vez de darle continuidad al que ya ha venido haciendo un trabajo razonable. En otras palabras, no hay un verdadero proceso de selecciones.

Otro rasgo del tico, producto de la ausencia de planificación y de la improvisación, es la tendencia a buscar la gratificación instantánea. El equivalente, en el ámbito de la actividad económica, de querer hacerse rico de la noche a la mañana. Cuando en el Mundial de Corea y Japón el representativo patrio no cumplió las expectativas, una sociedad compuesta por individuos con capacidad de planificación de largo plazo y paciencia para cosechar los beneficios de sus acciones hubiera optado por conformar una nueva selección nacional con jugadores mayoritariamente jóvenes salpicada con algunos de experiencia, a los que hubiera brindado fogueos de alto nivel a lo largo de cuatro años, con la expectativa de llegar al siguiente Mundial (Alemania) únicamente a acumular experiencia para que, cuatro años después (en Sudáfrica), con la misma base pero con constante remozamiento, pudiera aspirar a hacer un verdadero buen papel, clasificando más allá de la segunda ronda. Lamentablemente, la escogencia de Costa Rica fue la esperada: apostamos por lo viejo y conocido, y llevamos al Mundial al equipo más lento y con menor movilidad de todos los que asistieron. Y de paso, dejamos a una generación de jugadores jóvenes sin la posibilidad de obtener el roce internacional necesario para tener alguna medida de éxito en el próximo Mundial.

Nuestro campeonato nacional da vergüenza, no nos engañemos. Luis Marín será un excelente defensa en Alajuela, pero una viejita en silla de ruedas y cuesta arriba se lo lleva en velocidad. Walter Centeno será el mejor jugador creativo del país, pero ya no está para jugar más de 60 minutos. Wanchope habrá pasado por un montón de equipos europeos, pero la misma indisciplina que nunca le permitió tener éxito con ningún equipo (razón por la cual se lo pasaban como papa caliente a pesar de sus goles), ha hecho de él una momia a una relativa temprana edad. Mauricio Solís ya no es titular ni siquiera en una liga tan poco competitiva como la guatemalteca. Y Guima es de los mejores directores técnicos que hay en el país, pero eso y nada más; en el ámbito internacional nunca ha tenido éxito.

Cuando queramos de verdad tener éxito en un Mundial, empezaremos por dar continuidad al proceso de selecciones, para que una misma base de jugadores se acostumbre a jugar juntos durante años; seguiremos con la contratación de un verdadero técnico de calidad internacional (y no de fracasados como Steve Sampson, cuyo currículum es haber llevado a Estados Unidos a su peor presentación en un Mundial, ni de payasos como aquel dentista colombiano que únicamente vino a vaciar las arcas de nuestra Federación), y le permitiremos hacer una planificación de ocho años con vista a obtener resultados en el segundo mundial que le toque.

Los responsables del fracaso somos todos los ticos, es nuestra manera de ser. Dicen en algún país suramericano que cada país tiene el gobierno que se le parece. No se si sea cierto, pero sí que lo es si lo aplicamos a nuestra “dirigencia” futbolera. Porque tienen la misma mentalidad que la mayoría de nosotros, es que nuestro fútbol no avanza. Si no logramos sacudirnos los temores para permitir que el país avance, menos lo vamos a lograr en el ámbito futbolístico. Si en algo más somos especialistas los ticos, es en buscar culpables y nunca asumir nuestras propias responsabilidades. Ya los dirigentes de los clubes de Primera División andan pidiendo la cabeza de Guimaraes. Pero además en pocas semanas empezará un campeonato nacional aún más largo que el anterior, que no deja espacio para un eventual calendario de fogueos de la Selección Nacional. Para mayor mediocridad, en el próximo campeonato nacional participarán 12 equipos, ocho de los cuales se clasificarán a la etapa final. En vez de tener un campeonato que dirima quién es el mejor, vamos a tener uno que premia a los menos malos. Señores: a Guima no hay que echarlo ni vilipendiarlo; una persona que pasó por un mundial como jugador y nos llevó a dos Mundiales como director técnico, puede ser un excelente coordinador del proceso de selecciones. En todo caso, la responsabilidad de lo sucedido en Alemania 2006 no es sólo suya, si Guima fracasó fue porque es igual que la mayoría de nosotros. Si los dirigentes creen necesario despedirlo, lo lógico y consecuente es que ellos también se separen de sus cargos.

En los últimos años, además de las participaciones de las Selecciones infantiles y juveniles en sus respectivos Mundiales, equipos como Alajuela y Saprissa han tenido la oportunidad de participar en torneos suramericanos y hasta mundiales, de mucho mayor nivel que el insulso y poco competitivo campeonato nacional. Hoy en día la “Liga” y la “S” tienen en sus planillas cantidad de jóvenes con importante roce internacional, que tuvieron poca o ninguna oportunidad en el Mundial de Alemania. Ellos serán la base de nuestra futura selección mayor, y es lamentable que se haya desperdiciado la oportunidad de ponerlos a competir al más alto nivel. El resultado no hubiera sido peor que el alcanzado en Alemania, pero tendríamos mejores posibilidades de cara al próximo Mundial. Ahora tendremos que enfrentar la próxima eliminatoria mundialista con jugadores jóvenes y con poca experiencia internacional, y si clasificamos a Sudáfrica 2010, no seamos tan ilusos de esperar nuevamente peras del olmo.

Ojalá que por lo menos Guima les de la oportunidad de empezar a foguearse contra Polonia, en vez de ponerse en tonteras nostálgicas de permitir a los veteranos despedirse. Para eso, podemos organizarles un partido en el Estadio Nacional contra el Hospital Blanco Cervantes.

miércoles, 31 de mayo de 2006

Catch 22 a la tica

Hace unos años, cuando me encontraba viviendo en los Estados Unidos, en un esfuerzo por entender mejor la forma de ser del gringo y algunos de sus modismos del lenguaje, me dio por leer algunos libros que habían marcado hitos importantes en la cultura anglosajona. En esa temporada pasaron por mis manos clásicos y no tan clásicos como “The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde” (de R. L. Stevenson), Of Mice and Men y Las Uvas de la Ira (del ganador del Nóbel de Literatura en 1962, John Steinbeck), Breakfast at Tiffany’s (de Truman Capote), y “Por quién doblan las campanas” (de Ernest Hemingway, Premio Nóbel de Literatura en 1954).

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Entre los que me leí, uno de los libros menos conocidos (al menos fuera de los Estados Unidos) pero de mayor impacto lingüístico – en la desautorizada y humilde opinión de este pseudo-comentarista político y aspirante de escritor – está “Catch 22” de Joseph Heller. De acuerdo con una crítica que encontré en la página de internet de Bohemian Ink: Literary Underground Review (libremente traducida por el autor de este blog), se trata de “una novela de protesta cargada de humor negro, […] una sátira sobre los horrores de la guerra y de los poderes de la sociedad moderna, en particular de las instituciones burocráticas, para destruir el espíritu humano”. Quien haya tenido paciencia para leer las diatribas que publico en este blog (antes con mayor frecuencia), sabrá por qué este es uno de los libros que recuerdo con mayor cariño, a pesar de ser una novela de lectura algo pesada. Al buen entendedor, pocas palabras.

Catch 22 es la historia de un escuadrón de bombarderos de la armada norteamericana, basado en una isla ficticia cerca de la costa italiana, en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial. Yossarian, uno de los bombarderos y el personaje central de la novela, no logra entender por qué miles de personas a quienes ni siquiera conoce quieren matarlo. Él, al igual que muchos de sus compañeros de pelotón, vive con la esperanza de completar el número de expediciones necesario para poder ser dado de baja. Cada vez que se aproxima al número mágico, llega un memorando de sus superiores incrementando la cantidad de misiones necesarias para la baja. Entonces buscan otras maneras de darse de baja sin completar el número de misiones requeridas. Encuentran que, de acuerdo con algún artículo de algún reglamento, un soldado con perturbaciones psicológicas importantes tiene que ser dado de baja por sus superiores. Para lograrlo, el soldado tiene que pedir la baja por motivos psicológicos (la iniciativa tiene que ser suya, no de sus superiores), someterse a exámenes, y ser declarado de alguna manera incapaz de cumplir con sus obligaciones militares. Aquí es donde entra el Catch 22: otro artículo del Reglamento establece que un soldado con perturbaciones psicológicas no puede gestionar por iniciativa propia su baja. De manera que caen en un círculo vicioso en el que, para poder darse de baja deben de solicitarla por motivos psicológicos, pero si el ejército encuentra que el soldado efectivamente es psicológicamente incapaz de cumplir con sus obligaciones, entonces su solicitud es improcedente. Suena como más de una ley, decreto, o reglamento emitidos por algún genio de la administración pública costarricense.

Resulta que no solamente la administración pública tiene esa habilidad para emitir reglas incongruentes e imposibles de cumplir. Como algunos de ustedes sabrán, me pasé varios meses solicitando permisos para abrir un negocio en la localidad de San Eustaquio del Cuento Completo, y en el proceso relaté en varias ocasiones en este blog las sorpresas que me encontré en el camino (ver por ejemplo, Siete semanas perdidas). La de hoy tiene que ver con una empresa privada.

Para obtener capital de trabajo para el negocio, este cristiano solicitó un crédito al Banco Privado del Comercio Exterior (BPCE). Una las condiciones que me impuso el BPCE a la hora de aprobar el crédito, fue que pusiera los servicios públicos en pago automático de recibos. Ayer fui a hacer exactamente eso, pero resulta que en el BPCE el pago automático se hace cargando el monto a la tarjeta de débito del cliente, en vez de girar directamente del saldo de la cuenta corriente o de ahorros. “Ningún problema”, le dije a Melissa, “entonces por favor regáleme el formulario de solicitud para que me abran una cuenta de débito de la empresa”. “Si hay un pequeño problemita”, fue la respuesta de Melissa. “Las tarjetas de débito son únicamente personales, no corporativas”. “Entonces”, dije yo, “cómo hacemos para pagar las cuentas de los servicios públicos mediante pago automático si son las cuentas del negocio y no las personales? El auditor no me permitiría hacerlo mediante una cuenta personal, y los socios no lo verían con buenos ojos”. “Entonces no se puede”. “Pero, Melissa”, le dije, “el banco es el que me obliga a poner los servicios en pago automático, y a la vez me lo impide.” Catch 22.

Por algo digo yo que el subdesarrollo es un estado mental.

miércoles, 15 de febrero de 2006

Mitos electorales

A raíz del resultado de las elecciones presidenciales recién pasadas, ha surgido una serie de mitos que pretende elevar dichos resultados a la categoría de hito histórico sin precedentes en la historia patria. La cuarta acepción del vocablo mito en el Diccionario de la Real Academia Española es: “Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen”. A esto, y no a otra cosa, me refiero cuando hablo de mitos electorales, y aquí pretendo exhibirlos por lo que son.

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Mito #1: La población está dividida 50-50 entre dos visiones de mundo radicalmente diferentes.

Sin entrar a hablar de filosofía e ideología – las diferencias entre la socialdemocracia a la Tercera Vía profesada por Oscar Arias y la socialdemocracia tradicional de Otón Solís son cuestiones de matiz más que de fondo – la realidad de los resultados de las elecciones no sustenta la afirmación. Aunque no conocemos aún los resultados definitivos, nadie me discutirá que los resultados fueron, a grandes rasgos y decimales más o decimales menos, 40% para el PAC, 40% para el PLN, y 20% repartido entre 12 otros partidos, votos en blanco y votos nulos. Desde aquí, la premisa del 50-50 va mal, ya que la “partición” es más bien 40-40-8-x-x-x-x. Pero, si tomamos en consideración el abstencionismo, que ronda el 35%, llegamos a la conclusión de que el 40% obtenido por cada uno de los dos candidatos mayoritarios representa en realidad el apoyo de apenas el 26% del electorado. De manera que, si hay algo que se aproxima a una división 50-50 es aquella entre quienes votaron por Arias o Solís (52%), y aquellos quienes no votaron por ninguno de ellos (48%, ya sea porque votaron por otros o porque se abstuvieron de votar). Lamentablemente, de ese 35% del electorado que decidió no ejercer su derecho al voto, no podemos hacer conjeturas del tipo “hubieran votado en la misma proporción que el resto de los electores” ó “se hubieran inclinado mayoritariamente hacia Otón Solís”, etc., por lo que no podemos incluirlos en la licuadora que significa asegurar que la población está dividida 50-50.

Mito #2: Las elecciones fueron un referendum sobre el TLC.

Más allá de lo evidente – las elecciones fueron para elegir gobernantes, no para decidir sobre el TLC – esta es otra afirmación que no encuentra sustento en la realidad. La gente tiene muchas razones para votar por éste o aquel candidato, y casi nunca se está de acuerdo con el 100% de la plataforma política de aquel por quien uno vota. Hay temas que resultan “decisivos” y otros que no lo son. Para mucha gente, las preferencias de uno u otro candidato con respecto al TLC no fueron el factor determinante en su decisión de voto. Algunas personas que creen en el TLC consideraron más importante la propuesta anti-corrupción de Otón Solís, y de ahí que dieran su voto al PAC. A otras personas Solís les cae mal, y eso los inclinó a votar por Arias, a pesar de oponerse al TLC. Mucha gente - tanto entre quienes se oponen como entre quienes apoyan el TLC - cree que el TLC no es cuestión de si se aprueba o no, sino de cuándo se aprueba, y por ende el tema tampoco les resultó decisivo en su elección. De manera que no se pude identificar el voto por Arias como un voto pro-TLC, como tampoco se puede identificar el voto por Solís como uno anti-TLC.

Más aún, la pendejera de Oscar Arias en campaña – en La Suiza Centroamericana creemos que eso le terminó costando muchos votos – y la ausencia de debate impidieron que el TLC tomara importancia como tema de campaña, por lo que las elecciones nunca se elevaron al nivel de referendum sobre el destino del tratado comercial. Si bien es cierto Liberación Nacional anunció durante la campaña su apoyo al TLC y Acción Ciudadana su oposición a la versión actual del TLC, no podemos inferir que las elecciones presidenciales se hayan convertido en un referendum sobre el TLC.

Mito #3: En las actuales elecciones ha habido más irregularidades que en el pasado.

Desde antes de las elecciones ya se hablaba – irresponsablemente, si me piden mi opinión – de la posibilidad de un fraude. Los sorprendentes resultados han dejado sin argumento a quienes creían que el fraude electoral era inminente. Pero justamente la cercanía en votos entre los dos candidatos presidenciales mayoritarios ha provocado que fiscales de ambos partidos estén dando un seguimiento mucho más cuidadoso al conteo de boletas de lo que se dio en el pasado. La razón es muy sencilla: en todas las elecciones, siempre hay diferencias entre el conteo provisional y el definitivo, en el orden del par de miles de votos. En las actuales elecciones, cuando hasta el último corte provisional la diferencia entre Arias y Solís rondaba los 3.000 votos, una revisión cuidadosa de las papeletas presidenciales podría cambiar el resultado definitivo. Por lo tanto, es lógico que en el conteo manual se encuentren inconsistencias, irregularidades, errores, etc. Siendo que la organización de las elecciones es una obra humana, es de esperar que se hayan dado estas situaciones. Y si bien el voto es un derecho casi sagrado, por el que sangre ha sido derramada en nuestro país, mientras esas irregularidades se presenten en pequeña escala, no empañan la pureza del sufragio como proceso. Así, si bien han sido encontradas hasta ahora 5 papeletas en basureros de escuelas, una golondrina no hace primavera. La cantidad de irregularidades descubierta hasta ahora no es mayor que la de otros procesos electorales anteriores, ni pone en riesgo la manifestación de la voluntad popular en las urnas.

Antes de concluir, no quisiera dejar la sensación de que para este autor el voto es una cuestión tan sólo más o menos importante y que por ello las pequeñas irregularidades no deban de preocupar. Nada estaría más alejado de la realidad. Todo voto debe de contar, y hay que hacer el máximo esfuerzo para asegurar que así sea. Pero no podemos tampoco olvidar que “errare humanum est”, y que dichos errores – sean malintencionados o inconscientes – no afectan el resultado global ni desvirtúan el mandato del elector.

Quisiera, para no quedarme en la mera crítica, hacer una propuesta en aras de mejorar el control de este tipo de situaciones. El Tribunal Supremo de Elecciones reconoce como un gasto legítimo de los partidos las actividades de “capacitación política”. Son incluso aceptables las donaciones provenientes del extranjero, siempre y cuando se destinen exclusivamente a este tipo de capacitación y no a gastos publicitarios ni de organización de la campaña. La triste realidad es que los partidos hoy por hoy casi no hacen “capacitación política”, y cuando cobran la “deuda política”, es mayoritariamente por conceptos de publicidad y organización. Mi propuesta es que para futuros procesos electorales se permita al TSE deducir un porcentaje (podría ser el 10%, aunque amerita mayor análisis) de la deuda política que se pague a los partidos, para ser utilizado en la capacitación – brindada por el mismo TSE – de todos los fiscales y miembros de mesa y de centro de votación. Ello no eliminará el carácter humano de quienes sean llamados a fiscalizar el proceso de votación, pero si reducirá la probabilidad de que cometan errores como los mencionados.

jueves, 9 de febrero de 2006

Sour grapes

Después del sorprendente resultado obtenido por el Partido Acción Ciudadana en las elecciones, la actitud de su alta dirigencia ha sido muy decepcionante. Han demostrado una falta de madurez política preocupante en una organización que estuvo a punto de alcanzar la Presidencia de la República y que se ha convertido, por mérito propio, en la segunda fuerza política del país.

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Es cierto que los resultados de las elecciones son inéditos en la historia moderna de nuestro país, y tal vez algunos no han sabido cómo reaccionar ante la incertidumbre. Decíamos en un artículo anterior que, una vez concluida la votación, continuábamos escuchando encendidos discursos de plaza pública, en lugar de los típicos discursos conciliatorios de “día después de las elecciones”. En esa ocasión nos referíamos a ambos partidos. Lamentablemente, el PAC ha continuado con esta tónica, que no le hace ningún favor a la gobernabilidad.

En estos días he tenido la suerte (buena o mala, no sé) de escuchar las palabras dirigidas por doña Epsy Campbell, candidata a Vicepresidente y actual Diputada, al Plenario Legislativo el día lunes 6 de febrero; los exabruptos de Marta Zamora, otra diputada del PAC, ante el Presidente del Tribunal Supremo de Elecciones; y una mini entrevista que le hiciera un periodista de Telenoticias a Otón Solís, en vivo, durante el programa de las 10:00 p.m. de anoche. También leí acerca de la carta dirigida por el PAC al TSE con algunas exigencias.

El discurso de doña Epsy, en general la más ecuánime vocera del PAC, parecía pretender convencer a los votantes indecisos de la necesidad de votar por el PAC. El problema es que el discurso fue pronunciado en la Asamblea Legislativa un día después de las elecciones, cuando la suerte ya estaba echada. Pequeño detalle. El discurso contenía comparaciones, reclamos y acusaciones comprensibles en plena campaña, pero carentes de sentido en un momento en que lo que se debería de estar buscando es un acercamiento con la otra fuerza política mayoritaria con la cual habrá que trabajar por el bien del país, ya sea como oposición o desde el gobierno. ¿Qué necesidad había de hacer comparaciones – en ese momento específico, que no me refiero a otro – de los gastos de campaña de ambos partidos mayoritarios? Quisiera ser claro en esto: el argumento me parecía bueno en campaña; de hecho a mucha gente nos pareció que la campaña de Oscar Arias fue un despilfarro. Pero al momento del discurso la campaña ya había concluido.

La falta de respeto de doña Marta Zamora al Magistrado Oscar Fonseca, y la injerencia de un miembro de un Poder de la República en el Tribunal Supremo de Elecciones, son actos simplemente inaceptables. Las palabras de doña Marta, y su grosero tono, no merecen ser reproducidas. Poner en tela de duda la honorabilidad, honestidad y transparencia de una institución que ha garantizado la pureza del sufragio durante casi seis décadas, no es ni siquiera la lastimera reacción de alguien desesperado, sino un acto de prepotencia y pachuquismo poco digno de una representante del que se supone el Primer Poder de la República.

En la entrevista de anoche en Telenoticias, el mero candidato presidencial – que hasta ahora había mantenido una posición de respeto y expectativa en la post-elección – se dedicó a criticar a Oscar Arias por creer que con una palabra se resuelven los problemas del país (en clara alusión a la campaña del Sí), cuando lo que el reportero preguntó fue que si, en caso de que Otón Solís resultara electo Presidente, buscaría a Oscar Arias para pedirle ayuda, como el Palomo sugirió que haría en caso de resultar él electo. Voy de nuevo: la crítica a la superflua y vacía campaña del Sí del contrincante era buena y válida en plena campaña, pero la campaña ya terminó. Ahora, si en Liberación Nacional quieren analizar qué les salió mal, o si los politólogos profesionales quieren hacer un análisis de la campaña, vale. Pero viniendo del rival, suena a que no hay en él espíritu de trabajar en conjunto por el bien del país.

La “exigencia” hecha por el Partido Acción Ciudadana, representado en el acto por su Presidenta y candidata a Vicepresidente, de que el TSE realice el conteo manual antes de declarar ganador a uno de los candidatos, no sólo es una falta de respeto, sino también una muestra de desconocimiento de la normativa y de los procedimientos usuales del Tribunal. Nunca se ha hecho una declaratoria oficial ANTES de concluir el conteo manual de los votos, NUNCA. Lo que pasa es que cuando los resultados no han sido tan apretados como en esta ocasión, y la diferencia entre ganador y segundo lugar ha sido amplia, se ha sabido desde el primer día quien sería Presidente. Pero ello no es equivalente a hacer la declaratoria oficial, que siempre se ha hecho al concluir el conteo manual.

Peor aún, la exigencia hecha por el PAC en el sentido de que no se dieran a conocer los resultados de los cortes del conteo definitivo, no sólo demuestra una vez más su desconocimiento de la normativa y los procedimientos (las actas del conteo son, y siempre han sido, documentos públicos cuya divulgación no se puede impedir), sino que además contradice la filosofía del Partido Acción Ciudadana, que en su programa de gobierno dice:
“El modelo de desarrollo integral y solidario de largo plazo que impulsamos, así como la gobernabilidad, solo pueden ser alcanzados si nuestras acciones se basan en sólidos principios. Por eso abogamos por la ética, la transparencia y la rendición de cuentas; el respeto a la diversidad; la solidaridad y la responsabilidad personal; la acción ciudadana; la equidad; y el desarrollo sostenible.
[…]
En el PAC impulsamos la rendición de cuentas de los funcionarios públicos y la transparencia de sus gestiones.”
Nada de esto parece importar a los altos personeros PAC que, insisto, además no parecen percatarse de que la campaña ya terminó y que no importa lo que digan o hagan, los resultados de las elecciones no van a cambiar. Es muy probable que el PAC llegue algún día a gobernar; siendo que su plataforma política se basa en la ética y los principios, antes de que ello suceda es necesario que sus dirigentes incorporen esos principios en sus actuaciones, no solamente en el discurso.

miércoles, 8 de febrero de 2006

Dean CóRnito y las encuestas

En mi último artículo me dediqué a hablar sobre quiénes yo consideraba habían salido perdiendo en las elecciones recién pasadas (y todavía hoy no sabemos quién ha salido electo Presidente). Como bien me lo indicó el buen Xtian, dejé por fuera de ese comentario la credibilidad de las firmas encuestadoras, que se pegaron la segunda más monumental pelada de nance de las elecciones (la primera fue la de Humberto Arce, con menos de 2,000 votos en el conteo provisional). No sólo las encuestadoras se pelaron el rabillo. Dean CóRnito también, al manifestar repetidamente su confianza en las encuestas. Y por ello este artículo.

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El día de las elecciones, escuché en Telenoticias a don Víctor Borge, de Borge y Asociados, diciendo algo que debió haber aclarado desde mucho antes: que al hacer las encuestas tuvieron un altísimo porcentaje de personas que se rehusaron a contestar. Antes las encuestadoras tenían la buena costumbre de incluir la famosa categoría NS/NR (no sabe / no responde), que curiosamente omitieron mayoritariamente en el torneo electoral recién concluido. De haber sabido que el porcentaje de NR era muy alto, hubiéramos tomado los resultados con mayor cautela. En alguna medida, me siento defraudado y engañado, pero mi falta de curiosidad impide exonerarme de culpa por completo. Resulta que el fenómeno del voto silencioso no era un cuento de hadas.

En todo caso, y para intentar salvar la reputación, he de decir que si bien creí en los resultados de las encuestas, fui también claro al decir que no creía que las encuestas fueran necesariamente buenas predictoras de los resultados de las elecciones, ya que, en el mejor de los casos (y este no lo fue), presentan una “fotografía” de la opinión de los votantes en un momento específico que no es el del día de las elecciones. Por ejemplo, en De encuestas, fraudes, y la falacia de composición, dije:
“Una encuesta realizada dos semanas antes de las elecciones nos muestra una imagen de la opinión del electorado dos semanas antes de las elecciones, no el día mismo de la votación. De manera que, en la medida en que se presenten eventos que puedan modificar las preferencias de los votantes en las dos semanas transcurridas entre la elaboración de la encuesta y el día “E”, los resultados de las elecciones podrían ser significativamente diferentes de los de la encuesta...”
Más aún, en El desplome de la paloma sugerí indirectamente la posibilidad de un resultado tan ajustado como el que en efecto se dio, aunque a decir verdad no me lo esperaba, y más bien creía que ninguno llegaría al 40%. En ese artículo dije lo siguiente, basado en las encuestas que se publicaron el último día que era legal hacerlo:
“...las nuevas encuestas demuestran una tendencia que también se dio en las elecciones de hace cuatro años: en las últimas semanas, el candidato del PLN cayó en picada, mientras que el PAC tenía un repunte sorprendente.”
Y concluí ese mismo artículo con lo siguiente:
“Una cosa debería de estar clara, y es que los resultados de estas nuevas encuestas pueden provocar nuevas reacciones entre el electorado. Aunque a muchos les cueste creerlo, existe mucha gente que vota “estratégicamente”; es decir, gente cuya decisión depende de un cálculo de las posibilidades reales de ganar de cada candidato. Así las cosas, gente que tal vez estaba pensando votar anti-Arias pero no necesariamente por Otón Solís, podría cambiar su decisión y darle el apoyo “de último minuto” al PAC. Lo mismo podría suceder con gente que se iba a abstener de votar “porque ya todo estaba decidido e iban a ganar los mismos de siempre”. Otra posibilidad, muy real también, es que las nuevas cifras despierten a los pericos, que dejarían el triunfalismo de lado y saldrían a votar en masa. Es probable que se de una combinación de ambos efectos. Los resultados finales dependerán de qué tan fuerte se mantenga la tendencia decreciente de Oscar Arias, y de la organización de los partidos el día de las elecciones. Si fuera por lo primero, Dean CóRnito cree que esta paloma no se levanta ni con Viagra; si por lo segundo, lleva alguna ventaja el PLN. Habrá que esperar a los resultados finales para saber cuál pudo más.”
Me parece que, a pesar de los defectos de las encuestas, mi confianza en ellas (y el hecho de no ser fan ni de Arias ni de Solís) me permitió hacer un análisis ex – ante bastante ajustado a lo que en la realidad sucedió. El error, tal vez valga la pena decirlo, no es creer en las encuestas, sino no entenderlas y no saber usarlas. Quienes creyeron que las encuestas predecían los resultados, no supieron usarlas.

También hay que mencionar, a todo esto, el papel de los medios de comunicación en la difusión de las encuestas. Desde agosto del año pasado había yo criticado ese papel, en un artículo titulado A propósito de las encuestas, donde una vez más profesé mi confianza en las encuestas (silly me). En esa ocasión, habían salido dos encuestas, una en Al Día y otra en La Nación que daban resultados en apariencia muy diferentes. Después de analizarlas, llegué a la siguiente conclusión:
“Analizadas ambas encuestas, la conclusión es que los resultados de ellas son muy cercanos entre sí, y que las diferencias en las publicaciones obedecen o a falta de entendimiento por parte de los redactores y editores de uno o ambos periódicos, o a intenciones ocultas de uno o ambos diarios. Siendo que ambos pertenecen al mismo grupo empresarial, resulta difícil sacar conclusiones ciertas. Mi tesis es que no hay errores serios en la elaboración de las encuestas, sino que cada periódico le dio énfasis a una cifra – si se quiere – extrema, dentro del rango de resultados e interpretaciones factibles de cada encuesta.”
Quizás lo que más me desagradó del papel de los medios tradicionales fue algo que también me enteré viendo Telenoticias el domingo en la noche. Ese noticiero dio a conocer, minutos después de las 6:00 pm, los resultados de una encuesta de salida (o encuesta de boca de urna) que daba la victoria holgada a Oscar Arias, quien obtenía alrededor del 44% versus un treinta y pico de Otón Solís. Cuando pidieron a Alberto Cañas su opinión de esa encuesta, el ilustre señor le dijo a Ignacio Santos algo como: “pero diay, Ignacio, si esta fue la misma encuesta cuyos resultados usted me enseño a las 2:00 p.m.”. O sea, hicieron una encuesta de salida en la mañana, la tabularon a medio día, y en la noche la publicaron como dato confiable. Yo no se cómo se movió el voto en el transcurso del día, pero es posible pensar que en la mañana fueran a votar más liberacionistas, y que los PACsistas salieran a votar más masivamente en la tarde. Esta es tan solo una conjetura, pero sirve para ilustrar que una encuesta de salida hecha en la mañana no es representativa de una votación que duró todo el día. Y aquí si me atrevo a decir que Telenoticias manipuló el asunto, al presentarla sin aclarar ese pequeño detalle. Shame on you, Telenoticias.

lunes, 6 de febrero de 2006

La noche en que todos perdimos

Al escribir estas notas, no se conoce aún quién será el próximo Presidente de Costa Rica. Todo parece indicar que la diferencia entre Oscar Arias y Ottón Solís será tan reducida (la calculo en menos de 500 votos), que el resultado final no se sabrá sino hasta dentro de un par de semanas, una vez que el Tribunal Supremo de Elecciones concluya el conteo manual de las papeletas. Si bien a estas alturas no se puede proclamar un vencedor, para mi resulta evidente quiénes somos los perdedores: somos todos los ticos, es Costa Rica.

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Hoy hay gente aturdida porque creían que la tenían ganada, gente eufórica ante la posibilidad de un triunfo en el que muy pocos creían, gente esperanzada en que un nuevo día haya llegado para Costa Rica. Yo creo que ayer todos perdimos. A continuación mi razonamiento.

El más evidente perdedor es Oscar Arias. No porque no vaya a ser Presidente – eso aún está por verse – sino porque los resultados observados hasta ahora (unos 3.000 votos de diferencia cuando falta menos del 13% de las mesas por ser contabilizadas) han tenido que ser una desagradable sorpresa. Para un candidato que empezó su campaña volando con las águilas y negándose a bajar a conversar con los caracoles, y la terminó negándose a debatir con otros candidatos “porque la diferencia era tanta que el debate no cambiaría nada”, encontrarse ahora con la muy real posibilidad de perder, no es nada menos que humillante. Aún y si se confirmase su victoria, el mandato recibido no es, ni remotamente, tan claro y firme como él esperaba y creía. No sólo dejó los pelos en el alambre, sino que no obtuvo la mayoría que deseaba en el Congreso. Y gobernar en esas circunstancias no va a ser tan fácil como darse un paseo por el parque. Un mal gobierno de Arias – aunque sea por inacción achacable a una Asamblea Legislativa inoperante – podría ser la sentencia de muerte del PLN, como el mal gobierno de Pacheco fue la estocada que acabó con el PUSC.

El perdedor más esperado – era la Crónica de una muerte anunciada – fue el PUSC. A pesar de que le fue mejor en el voto para diputados (pareciera que va a sacar cinco) que en el Presidencial (3.5% de apoyo), el partido va a chocar contra la realidad ya no de ser oposición, sino de ser una fracción minoritaria en riesgo de convertirse en marginal. Por ejemplo, para pasar el Plan Fiscal, el PLN y el PAC podrán ponerse de acuerdo y tendrán votos más que suficientes para su aprobación. Para aprobar el TLC, el PLN podrá ponerse de acuerdo con el ML y tener más de los 29 votos necesarios para su aprobación. Y si se necesitaran 39 votos para pasar el TLC, los votos del PUSC serán insuficientes para llegar a esa meta. El PUSC tendrá que tomar una decisión existencial: mantenerse a la derecha del espectro político y correr el riesgo de tornarse irrelevante entre tanto molote (entre el PLN de Arias y el ML, ese barrio estará muy lleno), o virar a la izquierda y terminar siendo un apéndice del PAC.

Este panorama arroja también a Rafael Ángel Calderón como gran perdedor. No sólo su partido se encuentra ante una disyuntiva de la cual puede depender su subsistencia, sino que su pretendida candidatura en el 2010 – asumiendo que salga absuelto de las causas que se le siguen por corrupción – se ha complicado seriamente. El pueblo demostró ayer estar de ánimo para pasar facturas a los expresidentes, sin distingo de partido o condición legal. La llamada de atención a Arias debe de haber resonado muy fuertemente en Pinares de Curridabat. Si bien se palpa en los resultados que alguna parte importante del socialcristianismo y del calderonismo le dio el voto a Ottón Solís y a Oscar Arias, no es tan claro que ese voto vuelva al PUSC dentro de cuatro años, dada la polarización y el ambiente de “el pueblo contra el capital” que esta campaña ha generado.

El Movimiento Libertario sale mejor parado, pero perdedor al fin y al cabo. Otto Guevara logró multiplicar su apoyo por ocho (pasó de unos 15.000 votos en el 2002 a poco más de 120.000 en el 2006), pero se quedó corto del 12% ó 15% que hace tan sólo una semana parecía que iba a obtener. Lo mismo le pasó con el cálculo de diputados; no hace mucho tiempo escuchamos a Guevara decir que su objetivo era alcanzar la cifra de 18. Los 6 ó 7 que parece haber sacado ya no huelen a triunfo, ni siquiera si consideramos que al hablar de 18 don Otto en realidad estaba tratando de animar las huestes para aspirar a llegar a tener una fracción de 10 ó 12 diputados.

Otón Solís y el PAC, contrario a lo que hoy por hoy la mayoría debe de estar pensando, también ha salido perdedor en estas votaciones. Está a las puertas de alcanzar la Presidencia y, sin embargo, su programa de gobierno promete reformas tan profundas que, con los 16 ó 17 diputados que parece haber logrado (más dos o tres minoritarios con los cuales hallará más coincidencias que diferencias), no logrará llevar a la práctica lo más crucial y distintivo de sus planes. Si alcanza la Presidencia con una minoría tan marcada en la Asamblea, corre el riesgo de no lograr sacar al país del entrabamiento en el que lleva al menos seis años. Si el PAC no hace un buen gobierno, sus prospectos de continuidad disminuirán drásticamente. El más beneficiado de esto podría ser el PLN, razón por la cual transar con esa bancada se les va a poner cuesta arriba. Lo mejor que podría pasarle al PAC en estos momentos – pensando en su futuro como partido con opciones reales de gobernar y eventualmente repetir en el poder – es perder la Presidencia y hacer una labor excepcional de oposición responsable desde la Asamblea Legislativa.

A fin de cuentas, el 40% de votos que ha acumulado Otón Solís es en buena parte más un voto anti-Arias que uno pro-PAC o pro-Otón. Que esto es así resulta muy claro de observar que en la votación para diputados el PAC parece haber sacado alrededor del 26% ó 27% del voto. Si el PAC quiere gobernar en el futuro con un mandato claro para efectuar las reformas que impulsa, tiene por delante una delicada tarea para llegarle a las poblaciones rurales y periféricas, y para conseguir mayor solidez en el voto (menos quiebre en su detrimento). El problema que puede tener el PAC como fuerza de oposición en estas circunstacias – donde todo lo demás se presenta como la oportunidad ideal para lucirse y terminar de convencer al electorado de que su oferta es sensata – es que Otón se crea que verdaderamente representa al 40% del electorado y pierda la perspectiva de que no fue elegido para co-gobernar.

Por último, la gran perdedora es la democracia costarricense. Algunos dirán – yo no niego – que el proceso fue ejemplar, que transcurrió sin grandes problemas, y que los ticos elegimos, una vez más, a nuestros gobernantes y representantes en paz. Todo eso es cierto. Pero los ánimos están muy caldeados, y no se siente en el ambiente que – gane quien gane la Presidencia – los dos partidos mayoritarios se vayan a sentar a conversar de buena fe. Los tradicionales discursos conciliatorios de “día después de las elecciones” (las elecciones ya pasaron, ahora hay que ponerse a trabajar por el bien del país todos como costarricenses sin distingo de partido) han sido reemplazados por encendidos discursos de plaza pública como que si aún hiciera falta convencer a los votantes. La Asamblea Legislativa ha quedado muy fraccionada, y si bien algunos sienten que eso es señal de una mejor representación de la diversidad de la población del país, sería muy lamentable que en aras de esa “representatividad” pasemos otros cuatro años sin que el país escoja un rumbo claro. Cada día que pasa sin que el gobierno sea capaz de atender las demandas de la población y resolver los problemas de los más necesitados, más y más gente va perdiendo fe en la democracia. Si el país no avanza estos cuatro años, el abstencionismo será aún mayor la próxima vez, y las instituciones democráticas se debilitarán de manera peligrosa. No importa si en el 2006 gana Arias o Solís, si las cosas no salen bien, la próxima vez será un Hugo Chávez y no una Michelle Bachelet quien aspire y alcance la Presidencia de nuestro país.

sábado, 4 de febrero de 2006

TODOS A VOTAR

Ha llegado la hora de la verdad. En estos momentos, sólo queda decir que es sumamente importante que todos ejerzamos nuestro derecho al voto, y que lo hagamos a conciencia. Aquellos de nosotros que hacemos hobby de quejarnos y criticar a nuestros gobernantes tenemos la obligación moral de hacernos presentes en las urnas, con lo cual renovamos nuestro derecho al berreo.

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A mis lectores les cuento que mi búsqueda de todos estos meses rindió frutos. Aunque en las últimas semanas no he publicado tanto como acostumbraba, y no me alcanzó el tiempo para dar a conocer mis impresiones de los programas de gobierno de todos los principales contendientes, les confirmo que si me di a la tarea de leer todos los programas más importantes y, aunque no encontré ninguno que fuera perfecto, si encontré uno que me ha parecido mejor que los demás, y por ese partido votaré en las tres papeletas. El voto es secreto, así que me siento en la libertad de no revelar mi preferencia, pero les aseguro que cuando en este blog dije que no votaría por este o por aquel, dichosamente no hice una falsa promesa.

No soy quién para recomendarles por quién votar; eso que lo decida cada uno a conciencia. Pero me voy a permitir darles un consejo: NO QUIEBREN EL VOTO. Si creen en un candidato, voten por él y por sus diputados, dándole la oportunidad de que si gana, pueda gobernar cómodamente. Quebrar el voto es apostar a la inacción, a cuatro años más de lo mismo, al entrabamiento. Este país ya no lo aguanta.

Mi recomendación de no quebrar el voto no aplica para el voto de regidores. Si en su cantón hay un partido local y usted cree que es la mejor opción, vote por él. Nada mejor que tener en la municipalidad gente cuyo principal interés es la comunidad, en vez de usar el puesto como trampolín para lanzarse a la arena política nacional en el futuro. Si usted cree que el partido regional o local no sirve para un carajo, entonces mándelo para el carajo también.

Por último, cuando los centros de votación hayan cerrado y los resultados se den a conocer, seamos patriotas y aceptemos la voluntad popular. Apreciemos la democracia.

¡Felicidades, Costa Rica!

viernes, 3 de febrero de 2006

El Programa de Gobierno del PAC

El PAC aspira a eliminar la corrupción. Dean CóRnito también lo desea con fervor. El PAC propone como piedras fundamentales de su filosofía la ética, el respeto mutuo, la responsabilidad individual, y la solidaridad. Dean CóRnito cree que estas son bases sólidas para el desarrollo de un programa. El PAC cree en el desarrollo sostenible. Dean CóRnito es un economista con corazoncito ambientalista, que está convencido de que el desarrollo sólo es posible si es sostenible. Si hay tanta coincidencia, ¿por qué Dean CóRnito no piensa votar por el PAC? A manera de respuesta les presento mi análisis del programa de gobierno del Partido Acción Ciudadana.

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Si tuviera que dar una respuesta corta a mi propia pregunta, esta sería: no voy a votar por el PAC, porque no hay congruencia entre sus objetivos y los medios propuestos para alcanzarlos. En otras palabras, si siguiéramos al pie de la letra el recetario del PAC durante cuatro años, los resultados no serían ni cercanos a los propuestos.

Empecemos por la corrupción. El PAC cree que el problema se supera con programas de concientización de los funcionarios públicos y de la ciudadanía. La palabra corrupción se menciona unas 22 veces en todo el programa, casi todas ellas en el contexto del diagnóstico y de la denuncia. No hay una sola propuesta específica para erradicar la corrupción, y tan sólo algunas muy ingenuas propuestas para prevenirla (por ejemplo, hacer carteles de licitación transparentes. Claro que esto ayudaría, pero ¿cómo se logra? De eso, el programa del PAC no dice nada). Esta ausencia de propuestas es muy extraña viniendo de un partido que se ha presentado como el adalid de la decencia y la transparencia.

Pero lo que más llama la atención es la evidente falta de entendimiento de las causas de la corrupción. Tal vez la frase usada por el Movimiento Libertario en las elecciones del 2002 – donde hay permiso hay chorizo – trivializó el asunto, pero encierra una buena dosis de verdad. Es reconocido que las regulaciones excesivas y engorrosas son el mejor caldo de cultivo para la corrupción: si para arreglar el techo de una casa se requiere la viabilidad ambiental emitida por SETENA con una tardanza de seis meses, lógico es esperar que las personas hagan los arreglos sin permisos, o paguen para acelerar el trámite ya que la gotera encima de la cama no es algo que pueda esperar medio año. Y si, por verificar la viabilidad ambiental de las reparaciones de todas las casas del país, la SETENA se tarda 18 meses para revisar el plan de gestión ambiental de un condominio o el estudio de impacto ambiental de un hotel, ya saben ustedes que el empresario buscará y encontrará la manera de “aceitar la maquinaria”.

Tristemente, el programa de gobierno del PAC revela que en un eventual gobierno de Otón Solís, se creará una cantidad importante de nuevas regulaciones y prohibiciones que vendrán a entrabar aún más la ya de por si difícil tarea de producir en este país. Y no quiero con esto decir que no hagan falta las regulaciones; es cierto que en algunas actividades en este país hacen falta, pero en la inmensa mayoría más bien las hay de sobra. Una cosa es proponer racionalizar las regulaciones (eliminar las que no tienen sentido, simplificar las necesarias, crear las que hacen falta), y otra muy diferente es tener una visión de mundo donde Papá Estado se tiene que meter hasta con mi decisión de dónde comprar los frijoles para el gallo pinto. Y esa es la visión de mundo del PAC plasmada en su programa de gobierno.

La fórmula es muy simple: ausencia de propuestas para erradicar la corrupción + promoción indiscriminada de regulaciones = más corrupción.

Hay más contradicciones en el programa del PAC. Se habla, por ejemplo, de aspirar a “un país con un desarrollo productivo y económico que, en primer lugar, sustente la soberanía y la seguridad alimentaria nacional, pero que a su vez tenga una fuerte oferta exportadora de productos que sean demandados y reconocidos por el mundo del comercio justo...”. Lo que no se da cuenta el redactor de tanta belleza es que si todos los países aspiraran a sustentar la soberanía alimentaria, entonces no habría comercio en productos alimenticios. Es decir, que la oferta exportable de nuestro país se vería seriamente disminuida, al no haber mercados externos para nuestros productos agrícolas e industriales-alimenticios. A manera de ejemplo, los productos tradicionales (café, banano, azúcar y carne) y los productos agropecuarios y del mar representaron el 22.17% ($1,431.6 millones) de las exportaciones totales del país ($6,456.0 millones) entre enero y noviembre del 2005. Si nosotros aplicamos un criterio de soberanía alimentaria, es de esperar que nuestros socios comerciales lo apliquen recíprocamente, pero el programa del PAC no explica que hacer con esos mil cuatrocientos millones de dólares de productos agrícolas que no podremos exportar, ni con los agricultores que los producen. Considere además, estimado lector, que estas cifras NO incluyen las exportaciones industriales alimenticias. Sobre el tema de la soberanía alimentaria escribí un artículo hace casi cuatro meses, titulado “La falacia de la seguridad alimentaria”, que recomiendo leer.

“En el PAC creemos en la acción ciudadana, porque creemos en la gente, en su capacidad de influir en los procesos de toma de decisiones y de actuar en la construcción de su futuro, el de su comunidad y el del país.” Pero no se dan cuenta de la contradicción con muchos de sus otros postulados, en cuenta el de la soberanía alimentaria, que se reducen a no creer en la capacidad de las personas para hacer bien sus escogencias, y por ende el PAC propone limitarlas porque un grupo de iluminados desde el Gobierno sabrá mejor que la ciudadanía lo que a ésta conviene. Así, la “amenaza” de que “mientras un agricultor nacional no haya vendido toda su cosecha, no importaremos un solo grano de producto”, equivale a obligar al ciudadano a consumir productos de inferior calidad a mayor precio. Porque si la importación es prohibida y la venta está garantizada, no faltará quien se le ocurra sembrar papas en Guanacaste, arroz en las laderas del volcán Poás, o uvas en las faldas del Irazú, al costo que sea y con la calidad que sea.

El PAC critica en su programa a otros partidos que representan más de lo mismo. Dice textualmente que “en esta campaña electoral, hay quienes proponen regresar al pasado como si éste no hubiera generado desigualdad, pobreza y deterioro ambiental”. Eso es cierto, pero ya que estamos en el tema de las contradicciones, no puedo dejar de hacer la observación de que las propuestas del PAC representan un retorno a las políticas de los años 50s, 60s y 70s y, peor aún, de la “década perdida” de los años 80s. En fin, es una propuesta que los franceses han dado por llamar “dirigiste”, que se ha querido traducir al español como “dirigista” a falta de una mejor palabra: el Estado interviene en todo y dirige las decisiones del sector privado y de los ciudadanos como si ellos no fueran capaces de hacerlo por si sólos. El plan del PAC habla de la responsabiilidad personal: de darle a las personas el acceso garantizado a las herramientas que necesita para producir, pero dejar que los resultados dependan de los esfuerzos de cada uno. Yo estoy plenamente de acuerdo con ese enunciado, pero el “dirigismo” es más bien una contradicción. ¿Cómo van a hacer que mis resultados dependan de mi esfuerzo si el Estado me va a decir qué producir y dónde, y qué consumir y de dónde?

Una labor difícil pero necesaria para todo partido político, sobre todo uno que se precia de basarse en sólidos principios éticos, es encontrar un equilibrio entre no hacer promesas de campaña que no planea cumplir, y no decir nada con tal de evitar hacer esas promesas. El Programa de Gobierno del PAC no encuentra ese equilibrio, y falla – como es de esperarse – del lado de no decir nada en aras de no hacer promesas politiqueras. Así, el programa está lleno de frases como “apoyar los programas de limpieza de playas y reducción de la contaminación fluvial”, ó “apoyar las iniciativas de fomento al gobierno digital”, que no dicen qué debemos de entender por “apoyar”. ¿Se trata de un apoyo moral? ¿Estará dispuesto un gobierno del PAC a destinar recursos del Presupuesto Nacional a esos fines? Si la respuesta es si, entonces, ¿cuánto? ¿cuándo? ¿cómo?. Si hay algo que lamento es citar a Oscar Arias, pero tiene mucha razón cuando dice que los estadistas no hacen promesas, asumen compromisos. Hay una diferencia grande entre ofrecer placas de taxi y bonos de vivienda para comprar votos, y ofrecer soluciones específicas a problemas apremiantes de la comunidad o de la población en general. Otón Solís no ha tenido la madurez para reconocerla, y mucho tememos que una vez en el gobierno tampoco se atreva a resolver problemas específicos de comunidades específicas para no ser acusado de hacer política tradicional. El problema es que el país no aguanta otros cuatro años más de inacción e indecisión gubernamental.

Lo que he encontrado en el programa de gobierno del PAC es una colección de propuestas de buena voluntad, pero muchas sin asidero en la realidad. Por ejemplo, proponen la creación de un Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana no remunerado. La pregunta es, si el PAC no logra ni siquiera conseguir la cantidad de voluntarios que necesita para tener un fiscal por mesa de votación el día de las elecciones – y esta no es una crítica a la capacidad organizativa del PAC exclusivamente, ya que los demás partidos y el mismo Tribunal Supremo de Elecciones están en la misma encrucijada – entonces ¿de dónde proponen sacar gente para todos estos Consejos y Comités voluntarios que requerirán del compromiso y trabajo continuo de sus miembros (a diferencia de los fiscales de mesa, cuyo trabajo se limita a un par de días y ya)?

Hay mucho más que podría decir del programa de gobierno del PAC, y si me llegara a alcanzar el tiempo antes de las elecciones, entonces escribiré un artículo más, específicamente sobre su programa económico, que sigue la misma tónica de contradicción e incongruencia entre medios y fines del resto del programa. Definitivamente, el PAC no está preparado para gobernar.

(Solicito disculpas a mis pacientes lectores por no haberles cumplido con la prometida serie sobre los programas de gobierno y las personalidades de los candidatos, pero múltiples ocupaciones y enredos han reducido mi precioso tiempo-blog. No quería, sin embargo, dejar de publicar al menos este comentario antes de las elecciones, para lo que sirva.)

jueves, 2 de febrero de 2006

El desplome de la paloma

Dos sondeos realizados entre el 27 y el 31 de enero, publicados el día de hoy por La Nación y Al Día respectivamente, revelan un importante cambio en las preferencias del electorado de cara a la votación de este domingo. El autor de estas líneas, que reconoce la falibilidad de las encuestas, continúa creyendo en ellas por razones que han sido explicadas abundantemente en anteriores artículos ("De encuestas, fraudes, y la falacia de composición", "A propósito de las encuestas"), por lo cual no profundizará en ellas. Quisiera, eso sí, aventurar algunos comentarios a la luz de los resultados de las encuestas publicadas el día de hoy.

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Mucha alharaca han hecho quienes han pretendido desvirtuar las anteriores encuestas – que daban un margen holgado a Oscar Arias y que, de haberse mantenido las preferencias según lo revelado por dichas encuestas, prácticamente descartaban la posibilidad de una segunda ronda – cuestionando la validez de las metodologías, la honradez de las empresas encuestadoras, y la sinceridad del costarricenses al responder. Supongo que el día de hoy estarán sintiendo cosquilleos en sus calzoncillos tratando de encontrar la excusa para salir a proclamar a los cuatro vientos la validez de las nuevas encuestas que dejan abiertas de par en par las puertas de la segunda ronda. Espero que sean congruentes con sus posiciones anteriores.

Higadito aparte, las nuevas encuestas demuestran una tendencia que también se dio en las elecciones de hace cuatro años: en las últimas semanas, el candidato del PLN cayó en picada, mientras que el PAC tenía un repunte sorprendente. Con la diferencia, nada despreciable, de que en aquel entonces el del PLN iba (y terminó) en segundo lugar, mientras que Otón Solís iba (y terminó) en tercer lugar, mientras que ahora el candidato del PLN (o de lo que queda de ese partido) va en primero y Solís en segundo. En el 2002 quedó la sensación de que si la campaña hubiera durado un par de semanas más, el PAC hubiera alcanzado el segundo lugar y el boleto a la segunda ronda. No me atrevo a conjeturar qué hubiera pasado en un enfrentamiento entre Abel Pacheco y Otón Solís, pero sospecho que la historia hubiera sido diferente. En el 2006, la pregunta es si al PAC le alcanzará el tiempo, ó si nuevamente será un caso de lo que en inglés llaman “too little, too late”, que en versión española podríamos traducir, no literalmente, como un caso de “la historia se repite”.

Según la encuesta de Unimer para La Nación, el apoyo a Oscar Arias cayó en siete puntos porcentuales en el tiempo transcurrido entre la anterior encuesta (efectuada entre el 15 y el 23 de enero) y la publicada el día de hoy (efectuada entre el 27 y el 31 de enero). Al mismo tiempo, el respaldo a Otón Solís subió en poco más de cinco puntos porcentuales. En el nuevo escenario, Oscar Arias obtendría un 42.6%, versus 31.5% para Otón Solís. Si las encuestas son correctas, la diferencia entre ambos candidatos se habría acortado de 23 puntos a 11 puntos porcentuales. Este es un cambio muy grande en un período de tiempo muy corto.

De acuerdo con la consulta de Demoscopía para Al Día (no fue una encuesta formal, sino una “votación experimental”), Oscar Arias habría perdido 2.5 puntos porcentuales con respecto a la anterior encuesta, mientras que Solís habría crecido en 1.9%., y el resultado sería 43% contra 26% a favor del primero. Antes de que se disparen a decir que estos resultados no concuerdan con los de Unimer (ni en términos absolutos para Solís, ni con respecto a la fortaleza de la tendencia decreciente de Arias), permítanme hacer un par de aclaraciones. En primer lugar, la anterior encuesta de Demoscopía se realizó entre el 16 y el 21 de enero, posiblemente antes del repunte que tuvo Arias según las encuestas publicadas el fin de semana recién pasado. Si a mediados de enero Arias estaba en 45.5% (Demoscopía), y hacia la tercer semana estaba en 49% (Unimer, CID-Gallup), pero a fin de mes había caído a 43% (Demoscopía, Unimer), entonces es lógico que Unimer (que hizo dos consultas más cercanas en tiempo) encontrara un desplome mayor que Demoscopía (que hizo sus consultas con más separación temporal). Como dicen, entre más alto, más fuerte es el golpe al caer. El segundo factor a considerar, y nada despreciable, es que la segunda consulta de Demoscopía fue una “votación experimental” y no una encuesta tradicional, y en razón de las diferentes metodologías, la comparación de cifras se debe de hacer con mucha cautela.

Lo más interesante de estos movimientos, en mi humilde opinión, es que de continuar la tendencia descubierta por estas nuevas encuestas en el tiempo transcurrido desde el 31 de enero (fecha en que se “cerraron” ambas), hasta el 5 de febrero, sería muy factible que ningún candidato alcanzara el 40% de los votos. Eso nos pondría de nuevo en una segunda ronda. En el fútbol nacional, pocas veces el campeón de Apertura repite en el Clausura. No se si se pueda hacer una analogía con la política.

Una cosa debería de estar clara, y es que los resultados de estas nuevas encuestas pueden provocar nuevas reacciones entre el electorado. Aunque a muchos les cueste creerlo, existe mucha gente que vota “estratégicamente”; es decir, gente cuya decisión depende de un cálculo de las posibilidades reales de ganar de cada candidato. Así las cosas, gente que tal vez estaba pensando votar anti-Arias pero no necesariamente por Otón Solís, podría cambiar su decisión y darle el apoyo “de último minuto” al PAC. Lo mismo podría suceder con gente que se iba a abstener de votar “porque ya todo estaba decidido e iban a ganar los mismos de siempre”. Otra posibilidad, muy real también, es que las nuevas cifras despierten a los pericos, que dejarían el triunfalismo de lado y saldrían a votar en masa. Es probable que se de una combinación de ambos efectos. Los resultados finales dependerán de qué tan fuerte se mantenga la tendencia decreciente de Oscar Arias, y de la organización de los partidos el día de las elecciones. Si fuera por lo primero, Dean CóRnito cree que esta paloma no se levanta ni con Viagra; si por lo segundo, lleva alguna ventaja el PLN. Habrá que esperar a los resultados finales para saber cuál pudo más.

domingo, 29 de enero de 2006

¿Quiénes son los seguidores del PAC?

Cada vez que un candidato costarricense se encuentra abajo en las encuestas, no encuentra mejor salida que descalificar los sondeos y a las empresas encuestadoras. Atacar al portador de las malas noticias es una práctica tan antigua como la más antigua de las profesiones, que en mucho se parece al ejercicio de la política. Así, payasos como Álvaro Montero Mejía, que muy probablemente no sacará más de 20,000 votos (y creo que esta cifra es muy generosa), se llenan la boca hablando de fraudes y de que él representa una fuerza política emergente que dará la sorpresa el día de la “verdadera encuesta”, el 5 de febrero del 2006. Para Ricardo Toledo, otro payaso, “las encuestas no son la realidad”. Antonio Álvarez, a quien hasta ahora no tenemos catalogado de payaso, habla de “diferencias radicales” entre encuestas (lo cual no se sustenta en la realidad).

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Algunas personas incluso prefieren las encuestas empíricas (del tipo “pregúntele a diez personas por quién piensan votar, para que vean que las encuestas publicadas en los medios de comunicación mienten”) que las encuestas hechas profesionalmente, pero sobre eso ya hablé en mi anterior artículo y no es el tema de hoy. Otros candidatos y partidos supuestamente más serios no se eximen del ataque a las encuestas. Un claro ejemplo es el PAC, que descalifica de oficio aquellas encuestas que apuntan a una victoria de Oscar Arias en primera ronda, mientras que ensalzan aquellas que proyectan un resultado que les permite soñar con una segunda ronda.

Los seguidores del PAC se aferran a un dogma de cuatro postulados:
  1. El PAC gana el voto joven.
  2. El votante promedio del PAC tiene un nivel educativo superior al de los partidarios de los otros candidatos.
  3. El PAC representa a las clases medias y pobres, mientras que Oscar Arias y Otto Guevara son los candidatos del capital.
  4. El PAC es el partido que representa y defiende las necesidades del agro y de las mujeres.
Para ver si este dogma se sustenta en mito o realidad, resulta muy útil analizar las cifras que presenta la última encuesta de Unimer RI, publicada en La Nación el día de hoy. Esta encuesta es muy valiosa por cuanto usó una muestra de 2,433 personas de todo el país en edad de votar, lo cual casi duplica las muestras usuales de las demás encuestas comerciales. El margen de error es del 2%, y para mayores detalles les recomiendo ver la Ficha Técnica en el reportaje de La Nación, ya que aporta interesante información sobre la composición de la muestra por sexo, edad, nivel educativo, nivel socioeconómico y zona geográfica. Esta encuesta es también valiosa por cuanto analizó el apoyo de los candidatos entre los diferentes grupos de edad, de educación, y de condición socioeconómica.

En cuanto al “voto joven”, Oscar Arias obtiene el apoyo del 42% del las personas entre 18 y 29 años, Ottón Solís obtiene el respaldo del 31%, y Otto Guevara cuenta con el 17%. Ya que Dean CóRnito tiene más de 29 años pero aún se considera joven, podríamos ampliar el grupo para ver cómo le va a Ottón Solís. Lamentablemente, mejor no hubiéramos hecho el ejercicio, ya que de las personas entre 30 y 39 años, el 52% apoyan al “todo oídos”, 22% a Ottón Solís, y 13% a Otto Guevara. Si bien es cierto que porcentualmente hablando Ottón Solís obtiene mayor respaldo entre los más jóvenes que entre los segmentos de mayor edad, no es cierto que el PAC esté ganando el voto joven. Los datos no sustentan el primer postulado del dogma PACquiano.

Seguimos con el nivel educativo. Quienes han seguido el desarrollo de este blog a través de los meses, sabrán que quien escribe estas líneas no tiene una muy buena opinión del sistema educativo costarricense, razón por lo cual no le ha resultado sorprendente que en este punto el dogma del PAC se confirme. El apoyo de Ottón Solís crece con el nivel educativo de los votantes, mientras que el de Oscar Arias hace lo contrario. Entre las personas con educación primaria únicamente, el 65% apoya a Arias, el 15% a Solís, y el 10% a Guevara. Entre las personas con educación secundaria, el 45% apoya a Arias, el 26% a Solís, y el 17% a Guevara. Pero entre las personas con educación universitaria, el 41% apoya a Solís, contra 32% para Oscar Arias y apenas 8% para Otto Guevara. Este es el único segmento en que Ottón Solís supera a Oscar Arias en intención de voto.

En el sitio web del PAC dan difusión a una encuesta contratada por la revista Perfil, para la cual entrevistaron a un total de 400 estudiantes universitarios de la Gran Área Metropolitana, según la cual Ottón Solís supera por un margen de 3 a 1 a Oscar Arias en este segmento. Esta encuesta combina los dos primeros postulados del dogma: juventud y educación. El problema es que una muestra de 400 estudiantes universitarios, todos de la Gran Área Metropolitana, no es exactamente “representativa”. Sin embargo, como favorece al PAC, la encuesta tiene validez a los ojos de ese partido.

Hoy hace ocho días la Revista Proa publicó una serie de entrevistas que cuatro jóvenes que votarán por primera vez este año realizaron a varios de los principales candidatos presidenciales. Estos jóvenes eran todos universitarios o bachilleres de secundaria que iniciarán sus estudios universitarios en las próximas semanas. Un elemento de valor agregado que apareció en la versión impresa de la revista pero lamentablemente no en la de internet, fue la impresión que causaron los candidatos entrevistados en los entrevistadores. De los cuatro que entrevistaron a Ottón Solís, tres lo describieron de manera negativa, usando calificativos como prepotente (2), a la defensiva (2), falto de interés (2), temperamental(1), enojado (1), y otros más. El cuarto entrevistador fue más positivo y diplomático, diciendo que Solís “tiene una idea clara del rumbo a seguir, pero espero que sepa escuchar opiniones y conciliar posiciones”. Pareciera que entre estos cuatro jóvenes universitarios o cuasi-universitarios, Ottón Solís más bien perdió por el margen de 3 a 1 (a Oscar Arias tampoco le fue nada bien en esta valoración).

El tercer elemento del dogma es el de que el PAC es el partido de las clases populares. Ya lo decía Pakithor, citando a Noel Clarasó en un interesante y polémico artículo invitado que publicamos en La Suiza Centroamericana el pasado lunes 23 de enero: “un político es un hombre que cree representar la opinión del pueblo sin habérsela preguntado jamás”. Y según la encuesta de Unimer RI, Ottón Solís es el ejemplo por excelencia de esta clase de político. Por nivel socioeconómico, únicamente el 16% de los votantes de bajos recursos apoyan a Ottón Solís. Lo interesante es que el 29% de los votantes de nivel socioeconómico medio, y el 35% de los de nivel socioeconómico alto apoyan a Ottón Solís, por lo que resulta evidente que el respaldo hacia Ottón Solís crece con el nivel socioeconómico de los votantes.

En un dato que para este autor resultó sorprendente, Oscar Arias recibe el respaldo del 61% de los votantes de nivel socioeconómico bajo, lo que lo convierte en el representante más claro de los pobres. También interesante resulta que el respaldo a Oscar Arias decrece conforme sube el nivel socioeconómico de las personas, y que en el caso de las personas de clase alta, el 39% lo respalda, cifra no muy distinta del 35% que apoya a Ottón Solís. Otro dato que sorprendió a este autor es que el único candidato (de los tres punteros) cuyo apoyo es prácticamente igual en cualquier estrato socioeconómico que se analice es Otto Guevara, que recibe el respaldo del 13% de los de nivel bajo, 12% de los de nivel medio, y 11% de los de nivel alto.

La conclusión es que el tercer postulado del dogma PACquiano no se sostiene, y que Ottón Solís es tanto el representante de los intereses de los ricos como lo es Oscar Arias, mientras que Otto Guevara – el vilipendiado neoliberal – es el único de los tres que puede jactarse de no representar los intereses del capital según el apoyo que recibe.

El reportaje de La Nación aporta menos información con respecto a la intención de voto por sexo y zona geográfica, pero la poca información es suficiente para desvirtuar el cuarto postulado del dogma del PAC: que son el partido del agro y de las mujeres. Ottón Solís recibe el respaldo del 29% de los votantes del Valle Central (abrumadoramente urbano), cifra que es “casi el doble de lo que recibe en el resto del país” (mayoritariamente rural). En cuanto a sexo, el 28% de los hombres le apoyan, versus el 23% de las mujeres. Parece que somos los hombres quienes más queremos el “gobierno de las madres”, y que entre las mujeres no ha calado el mensaje.

Supongo que en el PAC hallarán solaz en el hecho de que según esta encuesta su apoyo muestra una tendencia creciente, pero lamentablemente para ellos, todo parece indicar que no les alcanzará el tiempo. Usando como referencia esta y la anterior encuesta de Unimer para La Nación, Ottón Solís pasó de 20.5% en noviembre a 25.4% en enero, pero al mismo tiempo el apoyo de Arias pasó de 45% a 49.6%. Nótese además que los resultados, al menos en lo que respecta a los primeros tres candidatos en las preferencias del público, son bastante similares a los arrojados por la encuesta de CID Gallup para La República, que comentamos en nuestro último artículo. No me sorprendería que los miembros del PAC descalifiquen estas encuestas, ya que proyectan una clara victoria de Oscar Arias en primera ronda, y por ende mi análisis basado en ellas. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

viernes, 27 de enero de 2006

De encuestas, fraudes, y la falacia de composición

En las últimas semanas ha tomado fuerza un rumor que pone en tela de duda la veracidad de las encuestas y refuerza la teoría de que en las elecciones de la próxima semana se podría dar un fraude. Internet ha probado ser una excelente herramienta para la propagación de este tipo de historias, y en este caso particular, el rumor ha sido reproducido en algunos foros de discusión y en algunos blogs que frecuenta este autor, además de haber recibido un correo electrónico en la misma línea. El planteamiento es más o menos así: quien lo circula o reproduce afirma que entre sus conocidos, nadie o casi nadie piensa votar por Oscar Arias. Acto seguido invita a sus lectores a probar su teoría en casa; les recomienda preguntar a diez familiares, amigos, y conocidos por quién piensan votar, para que corroboren que Oscar Arias no tiene el apoyo del cuarenta y pico por ciento de la población que dicen las encuestas. Esto, según ellos, es prueba de que las encuestas están equivocadas y, en algunos casos extremos, sugieren que las empresas encuestadoras son parte de un complot con Oscar Arias para encubrir el fraude que se daría el 5 de febrero.

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En mi caso particular, he de confesar, Oscar Arias no llega al 40% del voto de mis 10 allegados “encuestados”. ¿Debería estar de acuerdo entonces con la conclusión de que los resultados de las encuestas son falsos? Si así lo hiciera, hubiera reprobado el curso de Principios de Economía, en primer año de la U, cuando aprendí sobre la falacia de la composición: consiste en creer que lo que es cierto para las partes de un todo, es cierto para el todo. A manera de ejemplo, incurre en la falacia de la composición quien argumenta que como una moto es más veloz que un automóvil, entonces todas las motos son más veloces que los automóviles. En términos electorales, el hecho de que en mi círculo de familiares y amigos Oscar Arias no sea más popular que una hemorroide, no me permite extender el razonamiento a la totalidad de la población costarricense. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros pertenece a una clase socioeconómica, tiene un nivel de educación particular, vive en una determinada localización geográfica, trabaja en algo acorde con sus condiciones; y esos factores tienden a relacionarlo con gente de similares características. Quien es profesional, vive en San Antonio de Belén y es ejecutivo de Intel, tiende a relacionarse primordialmente con gente de clase media o media-alta, con estudios universitarios, y con residencia en zonas sub-urbanas. Entonces, no es sorprendente que en su círculo de conocidos exista una especie de convergencia de opiniones.

La debilidad de estas “encuestas” empíricas y unipersonales, es justamente la fortaleza de las encuestas profesionales. En estas últimas, las muestras a encuestar se diseñan de manera que sean representativas de la diversidad imperante en el país: ellas incluyen gente de zona urbana y rural en la misma proporción que la población del país se divide entre urbana y rural, y lo mismo hacen con el nivel socioeconómico, sexo, y otras categorías que podrían tener influencia en las preferencias políticas de las personas. Las encuestas – no está demás recordarlo – no son infalibles. Para empezar, existe el margen de error: por entrevistar a una muestra y no a la totalidad de la población, los resultados de la encuesta podrían desviarse del resultado “real” en el porcentaje del margen de error, ya sea para arriba o para abajo. Así, si se afirma que Otto Guevara obtendrá el 14% del voto en una encuesta en que el margen de error es del 2.8%, este 14% podría ser hasta 2.8 puntos inferior o superior al resultado de la votación real. Es decir, que si las votaciones hubieran sido cuando se tomó esa encuesta, don Otto podría esperar una votación que oscilaría entre el 11.2% y el 16.8%.

En segundo lugar, existe lo que se llama nivel de confianza, usualmente establecido en el 95%, lo cual indica que si se tomaran 100 muestras diferentes pero de similar composición, los resultados estarían dentro del margen de error en 95 de ellas. Quiere decir que cinco de cada cien muestras arrojarán un resultado significativamente diferente del vaticinado. Por esto, aún cuando una encuesta arroja un resultado muy diferente del observado el día de las elecciones, no podemos concluir que la encuesta es fraudulenta, aunque haya estado equivocada.

Un tercer punto a considerar es el momento de la encuesta. Los resultados de una encuesta nos dicen que si las elecciones hubieran sido el día en que se elaboró la encuesta, hay una probabilidad del 95% de que los resultados de las elecciones hubieran estado dentro del margen de error. Una encuesta realizada dos semanas antes de las elecciones nos muestra una imagen de la opinión del electorado dos semanas antes de las elecciones, no el día mismo de la votación. De manera que, en la medida en que se presenten eventos que puedan modificar las preferencias de los votantes en las dos semanas transcurridas entre la elaboración de la encuesta y el día “E”, los resultados de las elecciones podrían ser significativamente diferentes de los de la encuesta, sin que por ello se pueda concluir que la encuesta se equivocó o fue manipulada.

Para que sea cierta la teoría de que hay una conspiración fraudulenta para darle el poder a Oscar Arias, tendríamos que estar dispuestos a creer que absolutamente TODAS las empresas encuestadoras son corruptas, cosa que se me antoja ridícula. Aún y si fuera el caso que todas esas empresas son parte del complot, habría también que concluir que los investigadores de las universidades, y especialmente de la Universidad de Costa Rica, que ha realizado encuestas de opinión electoral, están en la jugada arista. Porque la realidad es que los resultados de las encuestas “profesionales, serias, y de cobertura nacional” han venido siendo muy consistentes entre sí en los últimos meses, incluyendo las realizadas por las empresas privadas y por los investigadores de la UCR.

Por supuesto, la estúpida decisión del Tribunal Supremo de Elecciones de sustituir la huella dactilar por una equis marcada con bolígrafo en la papeleta, alimenta estas teorías conspiratorias. En la no del todo remota situación de que en una mesa de votación sólo hayan fiscales de un partido, sería muy fácil para ellos marcar con equis la columna de su partido en las papeletas de quienes votaron en blanco, o poner una segunda equis en cualquier columna de las papeletas de quienes votaron por un candidato que no es el de su preferencia, anulando así esos votos. Incluso podrían “votar” por las personas que se abstengan de hacerlo. Confiamos, sin embargo, que los observadores nacionales e internacionales, tanto del TSE como de entidades independientes, podrán ofrecernos su valoración ex - post del proceso de votación y con ello eliminar cualquier duda. Esperamos, además, que los demás partidos hagan el esfuerzo necesario y coordinen entre ellos para asegurar que ninguna mesa se quede con fiscales de un único partido.

Con este amplio pero necesario preámbulo, procedo a comentar la encuesta realizada por la empresa CID Gallup, publicada en La República de ayer jueves 26 de enero. La encuesta utilizó una muestra de 1.823 personas mayores de edad en todo el país, con un margen de error del 2.8%, y un nivel de confianza del 95%. Como dato interesante, la encuesta se realizó entregando a cada entrevistado una papeleta similar a la que se usará el día de las elecciones, permitiendo que su “voto” fuera secreto. No es lo mismo tener que decir al encuestador por quién va a votar el entrevistado, que ponerlo en un papel que no permite identificar la escogencia del entrevistado. Pareciera que este ejercicio permite al encuestado ser más honesto en su respuesta.

La encuesta arroja resultados muy similares a los de otras encuestas que hemos comentado en este blog, en el de JD Clarke, y supongo que en muchos otros lugares. Entre las personas que aseguran que irán a votar, Oscar Arias obtiene una intención de voto del 49%, versus un 21% para Otón Solís y un 14% para Otto Guevara. Ricardo Toledo aparece con un 6% en el cuarto lugar, Antonio Álvarez con un 4% en el quinto lugar, y José Manuel Echandi en el sexto lugar con un 2%. Cuando uno observa que encuestas realizadas por empresas como CID Gallup, Unimer RI, Borge y Asociados, Demoscopía, y también por investigadores de la UCR arrojan resultados tan cercanos, no puede más que concluir que las encuestas parecen estar bien hechas, y que la campaña no ha producido grandes cambios en las preferencias del electorado.

Quizás el dato más interesante que arroja esta última encuesta de CID Gallup es en lo referente al abstencionismo. Según esta encuesta, el 13% está decidido a no votar, un 8% adicional dice que posiblemente no votará, y un 16% dice que posiblemente si saldrá a votar. La República lo presenta como que si el abstencionismo fuera a ser del 21%, lo cual asume que ninguno de los que dice que “tal vez no”, saldrá a votar, y ninguno de los que dice que “tal vez si”, se abstendrá de votar. Un abstencionismo del 21% sería una noticia fenomenal, aunque poco probable. Si, en vez de hacer un cálculo tan sencillo, asumimos que el 75% de los que dicen que probablemente no votarán en efecto no votarán, y que el 50% de los que dicen que probablemente sí votarán al final no lo hacen, el abstencionismo en este escenario sería del 27%. Alto, pero menor que el de los últimos dos torneos electorales (31.14% en la primera ronda del 2002, 30.01% en 1998). En otro escenario, si asumimos que el 75% de los que dicen que probablemente no votarán en efecto no votarán, pero que el 75% de los que dicen que probablemente sí votarán si lo hacen, el abstencionismo bajaría al 23%. En cualquier caso, un descenso notorio en el abstencionismo sería una noticia muy positiva: a pesar del descontento palpable hacia la “clase política”, la ciudadanía estaría dando una clara señal de que aún cree en sus instituciones democráticas. El mandato para quienes resulten electos sería mucho más fuerte.