lunes, noviembre 09, 2009

Fucking for virginity

Hace unos años vi una camiseta con el siguiente mensaje: “Fighting for peace is like fucking for virginity”. La más reciente zafazón de tejas de don Hugo Chávez Frías me la hizo recordar. En su guerra de palabras con todo lo que se mueva a su alrededor, don Hugo ha pedido a su ejército prepararse para la guerra con Colombia, y ha ordenado el envío de 15.000 efectivos a las fronteras con Colombia y Brasil. Dice el Deschavetado que “La mejor forma de evitar una guerra es prepararse para ella.” Habrase oído semejante animalada.

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Hugo Chávez está enfadado porque Colombia – que en el marco de la lucha contra el narcotráfico, tiene desde hace años una activa cooperación militar con los Estados Unidos – ahora ha firmado un nuevo convenio con el Gran Satán, que renueva y/o prolonga dicha relación y el permite el uso de las bases militares colombianas al ejército gringo. Como buen bolivariano, a don Hugo le molesta la presencia militar extranjera en un país latinoamericano. A nosotros en La Suiza Centroamericana – esta, la del blog, no la oficial – también.

Lo curioso del caso es la amnesia que parece haber atacado a don Hugo, que recientemente ha prestado su mar territorial para la realización de maniobras militares conjuntas con la marina rusa, y también ha firmado un acuerdo de cooperación militar con Rusia. Y eso, en La Suiza Centroamericana – donde nos gusta ser consecuentes – también nos molesta.

Colombia, al menos, ha venido mejorando la situación económica de sus habitantes de manera sostenida en los últimos años. A manera de contraste, la Venezuela de Chávez, donde ya ni el agua alcanza para bañarse por la falta de inversión estatal en un servicio tan básico, ha gastado en los últimos años varios miles de millones de dólares en la compra de armamento, demostrando así cuáles son las verdaderas prioridades del Deschavetado: la carrera armamentista antes que invertir en brindar a su propia población los servicios públicos básicos; la cooperación militar y el envío de ayudas multimillonarias a cuánto gobernante trasnochado encuentre en el mundo, antes que atender las necesidades del pueblo venezolano.

Don Hugo: quien tiene techo de vidrio no debe tirar piedras a la casa del vecino. O, si su intelecto no le da para entenderme, se lo pongo en lenguaje más castizo: lo que es bueno para el ganso, es necesariamente bueno para la gansa. Y nada de caritas.

jueves, octubre 22, 2009

Apropó del Nóbel de la Paz 2009

Créditos: Planet Moron

Sólo para ilustar la entrada anterior. Haga click en la foto para agrandar la imagen y leer el subtexto.

martes, octubre 20, 2009

El Óscar de la Paz

El artículo que presento a continuación fue escrito por mi amigo Pakithor, y fue publicado el sábado pasado en su blog, La Elegancia Perdida. Con su permiso, y porque lo suscribo en su totalidad, lo reproduzco aquí.

No todas las disciplinas de la ciencia, el arte o la cultura están contempladas en los premios Nóbel. Pero quizá por el prestigio universal del que gozan los galardones de la academia sueca, existen premios internacionales que son considerados los nóbel de su categoría. Por ejemplo al premio Pulitzer se le considera el Nóbel de Periodismo, así como el Prizker viene a ser el Nóbel de Arquitectura.

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Esta tendencia parece que va a formar parte del pasado, toda vez que a lo largo de los últimos años el premio Nóbel de la Paz ha sido concedido, en demasiadas ocasiones, más por relevancia mediática internacional que por la labor a favor de tan noble fin realizada por el perceptor del galardón. De este modo vamos a tener que empezar a llamar a esta distinción sueca anual el Óscar de la Paz, en vista de que el componente propagandístico parece pesar bastante entre los insignes miembros del jurado.

Ya cuando en 1992 se concedió el premio a Rigoberta Menchú, básicamente por la publicación de una biografía, basada en conversaciones mantenidas con Elisabeth Burgos, que fue la que la escribió, el Comité Noruego del Noble dio muestras de su debilidad por los fenómenos mediáticos. Poco después se comprobó que la denominada autobiografía de la Menchú estaba plagada de “inexactitudes”, por no decir que era más propia del género novelesco.

Luego llegó el premio por el video de denuncia-ficción de Al Gore, más propio de Michael Moore que de un candidato presidencial estadounidense. Como sabrán los lectores, la única verdad incómoda de la película de Gore era que los datos –presuntamente científicos- y efectos especiales que se mostraban en la cinta eran más falsos que las naves de Star Wars. A partir del nóbel Al Gore recorrió el planeta en avión privado recogiendo galardones y dando conferencias, dando así un claro ejemplo de lo que le importa el cambio climático.

Pero la palma se la lleva este nuevo galardón mediático para el flamante presidente de los Estados Unidos. Barrack Hussein Obama no ha tenido ni siquiera que escribir un libro, ni que filmar una película para ser acreedor del Óscar de la Paz. Obama sólo ha tenido que dar unas cuantas ruedas de prensa más o menos afortunadas hablando de paz, desarme nuclear y “una nueva era en las relaciones internacionales”, la cual aún no sabemos en qué consiste. A no ser que este nuevo eufemismo consista en certificar el estancamiento de las guerras en Irak y Afganistán.

De lo que podemos estar seguros es de lo poco que ha hecho este señor en su corto plazo de mandato por llevar la paz al patio trasero estadounidense. Me refiero concretamente a la nula intervención de la Administración Obama en el conflicto hondureño. Aparte de cuatro gestos aislados, el golpe hondureño no ha ocupado ni veinte minutos en la agenda del hombre que presuntamente ha trabajado más por la paz en nuestro planeta a lo largo del último año. Todo un ejemplo de que este galardón huele más a superproducción hollywoodense que a la tozuda realidad de un mundo en crisis.

domingo, octubre 18, 2009

Hacer lo que se les venga en gana

Habiendo vivido casi una década en los Estados Unidos, se que los policías gringos pueden ser unos perfectos cabrones que no se andan con miramientos. Curiosamente, el peor comportamiento lo exhiben los policías latinos con los latinos, y los policías negros con los ciudadanos negros. Supongo que Freud tendría mucho que decir de este patrón, pero no es el objeto de este comentario. No me sorprende, por lo apuntado, la experiencia personal que describe la periodista Giannina Segnini en La Nación de hoy.

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No me sorprende, pero no por lo aparentemente arbitrario de lo que según la Segnini le pasó en un concierto de U2, sino por lo que ella no nos cuenta. En toda historia hay, como mínimo, dos versiones, y doña Giannina solo nos cuenta la suya. Habrá que ver con qué tono ó cuánta altanería o malacrianza se dirigió la “mejor periodista investigativa” del país, toda una celebrity del avioneta-set tico que debería de ser reconocida hasta en Florida, al oficial D. González, quien la detuvo a empellones y trompicones – de esto no me cabe la menor duda. Porque lo que aquí en Tiquicia pasa por una simple viveza – ir a pararse en un balcón de un estadio en una sección más cara que la que uno pagó – en Estados Unidos es una violación que no se tolera, porque es una burla a las 10.000 personas que pagaron sus boletos más caros para estar en esa misma bandeja de plateas.

Esta historia me recordó otra no muy antigua, cuando el Fiscal Dall’Anese llegó al aeropuerto de Miami exigiendo que no se le sometiera a la revisión de seguridad en virtud de su investidura – con conocimiento de causa les digo que hasta los diplomáticos son sometidos a la revisión, aunque algunos aeropuertos lo hacen en cuartos privados o zonas reservadas para ellos – y regresó a Costa Rica empeñado en causar un diferendo diplomático con los Estados Unidos a causa del “atropello” al que fue sometido, como ilustrísimo desconocido que es en ese país, pero que se cree más reconocible que el Fiscal de Distrito de cualquier teleserie gringa como NYPD Blue o CSI.

Es que los ticos, cuando viajamos, nos creemos la mamá de Tarzán, con derecho – nosotros si tenemos ese derecho – a hacer lo que se nos venga en gana, porque somos ticos, un pueblo amante de la paz, y no representamos un peligro ni una amenaza para nadie. Como cuando expulsaron la semana pasada a Luis Diego Arnáez del partido entre Costa Rica y Estados Unidos – porque Luis Diego o alguien en el banquillo tico cometió el error de mandar a cambiar a un jugador que acababa de entrar al juego – y en las tomas de televisión se veía claramente como el Sr. Arnáez iba con las manos levantadas (como cuando un padre se las levanta amenazante a su hijo para que deje de hacer algo indebido), advirtiendo a los oficiales de seguridad que lo escoltaban hacia afuera de la cancha en cumplimiento de lo ordenado por el árbitro principal del partido, y diciéndoles Don’t touch, que se le leía clarito en los labios.

No sabemos realmente qué ni cómo le dijo Giannina Segnini al oficial González en el concierto, e independientemente de la culpa que haya podido tener, probablemente la reacción del policía ha sido desproporcionada. Pero si sabemos que los policías gringos pueden ser unos perfectos cabrones que se andan sin miramientos, entonces no tiene sentido provocarlos con altanería, malacrianza y lecciones de lo que deben o no deben de hacer con una celebritica que se cree la última Coca Cola del desierto.

No le deseo el mal a nadie, y me solidarizo con la Sra. Segnini y en particular con su hijo, que tuvo que ver lo que probablemente fue un espantoso y aterrador espectáculo. Solo espero que doña Giannina, de quien admiramos su labor investigativa pero nos disgusta lo fácil que le resulta condenar sin juicio a sus investigados, relea sus propias palabras y piense ahora, tras la humillación vivida, cómo se puede haber sentido gente que, gracias a la convergencia de intereses de Giannina, de Ernesto, de Pilar, de Ignacio y de Francisco, fueron sometidos a un innecesario y humillante show mediático, con un "despliegue policial desproporcionado que nunca podré comprender" y transporte "durante una hora... pegando tumbos en un cajón oscuro". Los hechos a los que me refiero, doña Giannina, tampoco sucedieron "en un estado totalitario ni en una dictadura". Sucedieron aquí en Costa Rica, donde ha podido desarrollar usted su "trayectoria como periodista".

What goes around, comes around.

lunes, octubre 12, 2009

Una perversión de la justicia

Si usted cree, amable lector, que Rafael Ángel Calderón Fournier o Walter Reiche Fischel van a pasar un día más en la cárcel, piénselo nuevamente. No entro a valorar si Calderón cometió o no un delito en el caso Caja-Fischel; no tengo conocimientos, criterios ni elementos para hacer algo distinto del juicio mediático que ya le entablaron La Nación y Telenoticias y del cual salió con el veredicto de culpable. Me refiero única y exclusivamente al curioso resultado del sonado juicio – el de verdad – que terminó la semana pasada y donde fueron ambos, y otras cinco personas más, hallados culpables de dos delitos de peculado cada uno.


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El país entero se ha congratulado por el desarrollo sin incidentes del juicio, y por el hecho de que un ex Presidente de la República, varios altos ex funcionarios públicos y un importante empresario hayan sido condenados a pasar períodos de diferente longitud en la cárcel. La Nación, en su Editorial del 7 de octubre afirma que “La justicia y el sistema político de nuestro país han ganado en solvencia, credibilidad, legitimidad y solidez con el histórico y unánime veredicto…”, y que “el mensaje es claro, depurador y esperanzador: un fuerte revés para la impunidad y un acicate para la honestidad y corrección en los asuntos públicos.” El Lic. Juan Diego Castro, ex Ministro de Seguridad, aseguró a Diario Extra que “Es un fallo trascendental, refleja que la justicia costarricense está funcionando…”. También al diario Extra manifestó el Lic. Rodrigo Araya que “Es un fallo histórico, en primer lugar porque se está condenando a un ex Presidente de la República…”, y la Licda. Miriam Bedoya expresa que “es un mensaje a la ciudadanía de que la justicia no hace ninguna distinción entre ricos y pobres, entre famosos y no famosos”. El Fiscal General, Francisco Dall’Anese manifestó a La Nación que “la justicia de Costa Rica no ve condiciones económicas o políticas al momento de juzgar y aplicar la ley”.

En La Suiza Centroamericana pensamos muy diferente. En muchas ocasiones hemos dicho que las personas son inocentes hasta que se demuestre lo contrario, y que eso sólo se puede hacer en un juicio imparcial y con todas las garantías que la ley ofrece al acusado – como creemos que fue el juicio del caso Caja – Fischel. No se trata, entonces, de que creamos que el juicio haya sido atropellado o que los derechos de los imputados hayan sido violados. Se trata más bien de que el resultado – la sentencia – nos ha dejado perplejos y con muy serias dudas sobre la nuestro sistema judicial, nuestra institucionalidad democrática, y la capacidad de nuestro país para combatir la corrupción.

Si creemos en la sentencia, entonces Calderón ha sido encontrado culpable. Ha cometido un delito y debe de pagarlo de la manera en que la ley lo prevé: cumpliendo un período definido en la cárcel. Lo extraño de este asunto es que seis de los siete condenados en este caso fueron declarados culpables del delito de peculado, sin distingo del cargo que ocupaban al momento de la comisión del delito ni de su función dentro del esquema delictivo. Más importante aún, no se hizo diferencia entre funcionarios públicos y personas privadas a la hora de endosarles la culpabilidad. Aunque la sentencia no ha sido publicada, de la lectura de la parte dispositiva y las explicaciones dadas por los tres jueces se concluye que el Tribunal encontró prueba incontrovertible de la desviación de fondos públicos para el pago de comisiones a diversos funcionarios públicos. Si la intención del Tribunal a cargo de este juicio hubiera sido verdaderamente enviar a la cárcel a los imputados tras haberlos hallado culpables de al menos algunos de los delitos de los que fueron acusados, debió de hacer la distinción entre aquellos que eran y quienes no eran funcionarios públicos, para así condenarlos por delitos acordes con su respectiva condición.

Peculado, que fue de lo que encontraron culpables a seis de los siete condenados, es el “delito que consiste en el hurto de caudales del erario, cometido por aquel a quien está confiada su administración” (Diccionario de la Real Academia Española, Vigésima Segunda Edición). A menos de que nuestros diputados hayan decidido reinventar el idioma español – cosa que no nos sorprendería – el peculado sólo puede ser cometido por funcionarios públicos, ya que cualquier persona a la que se confíe la administración de fondos del erario público es, de hecho o de derecho, un funcionario público por definición. No veo la manera en que se pueda achacar a Rafael Ángel Calderón Fournier, quien tenía seis o siete años de haber dejado de ser Presidente de la República al momento de la supuesta comisión del delito, o a Walter Reiche, empresario privado toda su vida, que fueran responsables de fondos públicos que les hubieran sido confiados para su administración. Así las cosas, cualquier tribunal de Casación se debería de traer abajo las condenas de Calderón y de Reiche. Y a menos de que Casación ordene la repetición del juicio, ninguno de ellos pasará un día más en la cárcel, a pesar de que uno de ellos es un criminal confeso.

A quien esto escribe le cuesta mucho creer que tres jueces con entre 15 y 30 años de experiencia cada uno no conozcan el significado de peculado ni la diferencia que hace el que un imputado no haya sido funcionario público a la hora de supuestamente cometer el delito. Nos parece que el Tribunal de juicio se ha burlado de la Justicia, no teniendo las agallas para enviar a la cárcel a quienes según sus propias conclusiones – no las nuestras – se han coludido para encarecer una contratación pública y desviar los recursos al pago de comisiones a los funcionarios públicos con poder de decisión en dicha contratación. La sentencia sirvió para sacar a Calderón de la contienda electoral, lo cual habrá sido parte del cálculo del Tribunal, pero no para hacerlo pagar por los delitos que supuestamente cometió. Y eso es pervertir la justicia.

lunes, septiembre 21, 2009

La Nación: Por favor cambien al titulista

Uno de los trabajos más divertidos, y a la vez más difíciles, de escribir, es escoger el título de lo que sea que uno escribe. En los principales diarios, donde tienen gente especializada hasta en escribir obituarios, uno ha de suponer que existe un puesto de trabajo cuya responsabilidad es poner títulos a los artículos y a la portada. El titular de la portada puede mejorar la venta de periódicos, pero la ética periodística exige que no se sacrifique la veracidad en el altar del márquetin. El responsable de los títulos de primera plana de La Nación se ha olvidado de ese compromiso ético (¿o será un mandato de la Gerencia o de la Junta Directiva?), y debe de ser destituido. Un par de ejemplos recientes nos demuestran por qué.

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El día de hoy el titular principal de la portada proclama que “Crisis económica obliga a reducir fondos de Avancemos. Gobierno desiste de dar beca a 40.000 estudiantes pobres.” Mientras se bañaba, Dean CóRnito ya estaba redactando mentalmente lo que iba a ser el post de hoy, criticando con toda la acidez del mundo al gobierno de la República por su irresponsabilidad, con el argumento de que dejar de dar becas a estudiantes pobres los podría obligar a desertar y que eso los introduce en una espiral de pobreza de la que resulta imposible salirse. Tal como sucedió durante la crisis económica de principios de los años ochenta (durante el Carazato), producto de la cual la matrícula en secundaria cayó a casi la mitad y pasaron más de 20 años hasta que los niveles de matriculación volvieron a los de los años previos a la crisis. Y de paso una generación de costarricenses se sumió en ese ciclo de pobreza al cual están condenados de por vida, por no poseer ninguna de las habilidades que demanda el mercado laboral hoy en día.

Ya desayunando me leí el reportaje en cuestión, y resulta que la historia no es como el titular la pintaba. El programa Avancemos llegó en este año 2009 a dar 150.000 becas a estudiantes de secundaria, y para el próximo año los fondos van a alcanzar para dar unas 160.000 becas, en vez de las 200.000 que en principio el gobierno hubiera deseado. En realidad los fondos del programa van a crecer con respecto al 2009, aunque serán menores que los originalmente presupuestados. Lo cual resulta lógico dada la precaria situación fiscal en que nos encontramos. Más aún, según datos del IMAS y del MEP, el programa Avancemos ya cubre al 47% de los estudiantes de los colegios secundarios públicos del país, con lo cual están más que atendidos los estudiantes pobres en riesgo de deserción. Aunque el titular en si no miente, lo deja a uno con la impresión de que más bien 40.000 estudiantes iban a dejar de recibir una beca que ya estaban recibiendo. Si bien en este blog nos encanta criticar a nuestros gobernantes, no nos gusta hacerlo por el mero arte de criticar. El titular de La Nación parece estar diseñado para que un porcentaje importante de la población que únicamente lee los encabezados y no los artículos se quede con la idea equivocada. Y eso definitivamente sobrepasa la fina línea que separa al mercadeo ingenioso del amarillismo desvergonzado.

Un segundo y más lamentable ejemplo lo fue el titular del viernes pasado: TSE abre portillo para encubrir donaciones. Aquí ya ni siquiera se trata de un titular confuso, es simple y sencillamente engañoso y mentiroso. Lo que pasó fue que al Tribunal se le pidió una interpretación de una norma contenida en el nuevo Código Electoral – que entró en vigencia a principios de este mes – que habla de la compra de bonos de la deuda política por parte de sociedades anónimas. El TSE las califica – correctamente, en la opinión de este autor – de inversiones, no donaciones, pero reconoce que se podrían prestar para hacer donaciones encubiertas (bonos que se compran y luego no se cobran ó, más claro aún, bonos que se compran a partidos que probablemente no alcanzarán el porcentaje de votación necesario para hacerse acreedores de la deuda política). El Tribunal reconoce que a priori no se puede considerar que toda adquisición de un bono sea una donación encubierta, y el TSE aclara que esas situaciones se verán caso por caso. Como lo dijo don Constantino Urcuyo en el programa de Amelia Rueda en Monumental el mismo viernes, las normas son generales, y los tribunales ven casos específicos. Pero el titular de La Nación de una vez se va a la yugular del TSE, echándole las culpas de algo que está en una ley, aprobada por la Asamblea Legislativa y no por el Tribunal Supremo de Elecciones. Con esta irreflexiva actitud, contribuye La Nación innecesariamente a desprestigiar al tribunal electoral, de lo cual luego se valen fuerzas marginales y de posiciones extremistas para atacar a la democracia costarricense o desconocer los resultados de unas elecciones generalmente limpias y ejemplares.

Son solo dos ejemplos, pero se trata de dos de los últimos cuatro titulares de La Nación. Si nos ponemos a buscar más, estoy seguro de que los encontraremos. En los círculos blogueros a La Nación se le considera un medio esnobista, elitista, y mentiroso. Incluso a quienes la leemos nos critican por hacerlo o por basar nuestros escritos en artículos o reportajes aparecidos en dicho diario. Lo que nadie puede negar es que La Nación es un formador de opinión pública, labor que sus altos ejecutivos y principales articulistas reconocen y en el que parecen deleitarse. El punto es que un periódico de la estatura moral que cree o pretende tener La Nación no puede violar de una manera tan descarada los principios del periodismo ético sin que ello traiga consecuencias.

miércoles, septiembre 16, 2009

Sin huevos no hay Presidente

No, este no es un artículo sexista, chovinista, ni mucho menos. Esta no es una serruchada de piso a Laura Chinchilla, por aquello de que es la primera mujer candidata presidencial por un partido grande y con posibilidades reales de ganar. Es más, este artículo nada tiene que ver con ella. Me refiero a los proverbiales huevos, no a los huevos físicos. A aquellos huevos que, nos gusten o no los personajes, tenían bien puestos Margaret Thatcher y Golda Meir, sólo para citar dos ejemplos. El tipo de huevos que en este país escasean, porque no los ponen las gallinas. El tipo de huevos que Oscar Arias, al igual que Abel Pacheco antes que él, evidentemente no tiene. Pero no el tipo de huevos que la gente, confundida, piensa que tenían maricones como Pinochet, Videla, o Trujillo, o que creen hoy que tienen mangantes como Chávez, Morales o Ahmadineyad.

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En este país de educación lamentable, la gente confunde autoridad – entendida en este contexto como la potestad, facultad, o legitimidad de un gobernante para actuar de acuerdo con el mandato constitucional y electoral – con autoritarismo, que no es más que la actitud de quien ejerce con exceso su autoridad. El Presidente de la República es elegido para actuar, en nombre del pueblo y dentro de los confines que le establece el marco jurídico, en aras del beneficio de la población. Desde José María Figueres (1994-1998) hasta hoy, todos los Presidentes de Costa Rica han repetido la cantaleta de la ingobernabilidad para justificar su propia pasividad o incompetencia. Y en los últimos meses Oscar Arias ya cansa con el cuento. Pero, ¿qué ha hecho él para mejorar la gobernabilidad?

Uno se pregunta dónde está o estaba el Presidente cuando, mientras su Ministerio de Obras Públicas anunciaba la necesarísima ampliación de la Radial de Sabana Sur, el AyA se negaba a reubicar (unos centímetros hacia abajo) la tubería de agua potable que pasaba por allí, lo cual obligó a dejar un desnivel de hasta 24 centímetros entre el nivel de la calzada y el de las aceras y propiedades que tienen frente a esa vía. ¿Cómo puede ser que si se establece como prioridad de gobierno ampliar y cambiar la superficie de rodamiento de esa radial, una institución pública cuyo Presidente Ejecutivo y la mayoría (sino la totalidad) de su Junta Directiva han sido nombrados por el Presidente actual de la República se niegue a colaborar con semejante obra? ¿Es que pueden hacer lo que les venga en gana? ¿Para qué sirve la autoridad del Presidente si ni siquiera aquellos que él ha nombrado colaboran con sus planes y proyectos? Esto no es culpa ni de la constitución, ni de una malentendida ingobernabilidad que aparentemente flota en el aire y se transmite como la fiebre AH1N1. Es falta de huevitos presidenciales.

En la misma dirección, uno debe cuestionar el juicio de nuestro Presidente al escoger hace menos de tres meses a un tal Agustín Mourelo como Presidente Ejecutivo del INVU. Es legítimo preguntarse qué proceso de revisión de antecedentes y selección utilizó el Presidente para nombrar en un puesto de confianza a un funcionario que a los dos meses se ha convertido en enemigo de la Administración al plantearle un recurso de amparo exigiendo – en plena crisis fiscal – el traslado de 38.000 millones de colones de Hacienda al INVU. Y no es que don Agustín no tenga razón; según lo que reporta la prensa, desde 1964 el Gobierno Central no ha girado una subvención establecida en la propia Ley del INVU, y que las actuales autoridades de ese Instituto estiman en 38.000 millones de colones el valor actual de lo adeudado. Sin embargo, entre bomberos no se majan la manguera, que es justamente lo que está haciendo el Presidente Ejecutivo del INVU. Nuevamente, este no es un asunto que se resuelve convocando una constituyente – el nuevo discurso presidencial – sino amarrándose los pantalones y asegurándose de nombrar en los puestos de confianza a personas que vayan a jugar para el propio equipo, defendiendo la camiseta nacional por encima de cualquier otro interés. Esto evidencia, una vez más, falta de autoridad, falta de los proverbiales huevitos en nuestro Presidente.

Ejemplos como este hay muchos más. El ICE dándole largas injustificadamente a la definición de las bandas a liberar del espectro celular para la entrada de competidores. El ICE negándose a pagar el canon de regulación para la creación de la SUTEL, una vez aprobada la ley de apertura en telecomunicaciones. El ICE negándose a cumplir con las resoluciones tarifarias de la ARESEP, empleando toda clase de artilugios jurídicos. ¿Dónde estaba el Presidente de la República en todos estos casos para exigir al Presidente Ejecutivo del ICE – nombrado por él mismo – ponerse a tono con las prioridades del propio gobierno? ¿No fue acaso este gobierno el que dio la lucha por la aprobación del TLC y sus leyes conexas, incluida la de apertura en telecomunicaciones? O cuando toda la Junta Directiva del Bahnvi, Ministra de Vivienda incluida, se fueron a almorcenar en Cerrutti, y el asunto se resolvió rompiendo la cuerda por lo más delgado (la renuncia del Gerente del Bahnvi), sin que el Presidente trajera a cuentas a la Ministra ni a ningún otro directivo de los nombrados por él. ¿Dónde estaba el Presidente para exigir a sus funcionarios del sector Vivienda, los de confianza especialmente, cumplir con el código de ética que la propia Administración anunció con bombos y platillos?

Al igual que Kenton, Oscar Arias es un director técnico con mucha preparación. Al igual que a Kenton, se lo comió el manejo del camerino. Demasiadas estrellas buscando brillar por su propia cuenta, y no por el interés superior de la patria. Lo que le falta es relleno en los calzoncillos presidenciales. Costa Rica no necesita una nueva constitución. Costa Rica necesita un líder con huevos, que sepa movilizar – con absoluto apego y respeto al marco democrático – a su equipo de trabajo y a todo el país para conseguir las metas trazadas en el plan de gobierno y en el plan nacional de desarrollo. Lo demás es cuento.

martes, septiembre 15, 2009

¿Independientes?

Es evidente que en Costa Rica mucha gente no sabe qué exactamente es lo que se celebra en el Día de la Independencia. El problema pasa por la abyecta ignorancia en que nos ha sumido un mediocre sistema educativo diseñado a principios de la década de los 70s del siglo pasado para – así como lo dijeron nuestros entonces gobernantes, sin pelos en la lengua ni un dejo de vergüenza en su discurso – domesticar a la ciudadanía. Un triste ejemplo de esta ignorancia nos salta a la cara desde la página 7A de La Nación de hoy, en un anuncio del Banco Nacional. Por no tener escáner en mi casa, transcribo el texto: “Algunos creyeron alguna vez que tú merecías nacer en una nación libre… Otros lucharon por hacerlo posible… Y hace 188 años alguien lo logró.

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¿Alguien? ¿Un desconocido? ¿Una sola persona? ¿Acaso no conocemos los nombres de nuestros próceres? Me disculpan si me encuentran algo sensible, pero la redacción en cuestión me parece ofensiva, en primer lugar porque revela la ignorancia de quienes hayan tenido la responsabilidad de redactar y de aprobar la publicidad mencionada, pero más importante aún, porque en su ignorancia, los responsables de este mensaje glorifican La Ignorancia, desvirtúan el significado de la independencia, y demeritan la labor de los prohombres que en los primeros años de nuestra existencia como nación libre tuvieron que luchar contra fuerzas externas y, sobre todo, fuerzas internas que deseaban mantener el sometimiento a la corona española o crear uno nuevo hacia el Imperio Mexicano. Porque, si bien es cierto la independencia llegó a Costa Rica por correo, la verdadera lucha por esa independencia caída del cielo sobrevino una vez que nos vimos en la condición de país libre.

No es mi intención extenderme sobre hechos históricos fácilmente verificables, así que los dejo con tres comentarios cortos /reflexiones sobre temas de actualidad, aparentemente sin relación entre si, pero unidos por el eje central de la malentendida independencia.

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Algunos trasnochados creen que la principal amenaza a nuestra independencia proviene del “imperio del norte”, del gran satán americano. Pero no es así. La principal amenaza a nuestra existencia como país democrático e independiente proviene de un imperio de otro tipo y de otra la latitud. Se trata de un imperio comercial, que proviene del sur. Hablo, para los escasos de entendederas, del Narcotráfico. Como lo demuestran las noticias de los últimos 25 años, poco a poco se ha ido colando y asentando en nuestra sociedad, en nuestro sistema político, y en nuestro poder judicial. Aparentamos sorpresa cuando un vecino en un barrio otrora decente es llevado preso después de un operativo a las 5 de la mañana ejecutado por decenas de policías enmascarados, y más bien decimos a la prensa que “era un buen vecino, con nadie se metía, no tenía problemas con nadie”, pero olvidamos que ese mismo buen vecino fue el que de la noche a la mañana cambió el transporte público por una flotilla de “últimos-modelos” en su garaje, su casita de barrio por una mansión fuera de toda proporción, y el radio de transistores por pantallas de plasma en todas las habitaciones. Y que dependemos de ellos es más que evidente cuando vemos que 70 policías metropolitanos de San José cobraban a los malhechores por permitirles seguir operando con impunidad, o cuando varios policías y ex -policías de la zona sur son detenidos porque se descubrió que eran en realidad operativos de una banda de distribución de drogas. Y peor aún cuando vemos que el Despacho del Presidente de la Corte Suprema nombra jueza interina a una muchacha de 23 años con menos de dos meses de haberse incorporado al Colegio de Abogados, y que ésta se toma la atribución de liberar a los acusados a pesar de que, siendo policías o ex -policías, están en perfecta posición para obstruir cualquier investigación, destruir o hacer desaparecer evidencia, e intimidar o eliminar a los testigos. Y no es, lamentablemente, ni el primer caso de un juez que responde a los intereses del narcotráfico, ni un caso aislado de policías que trabajan para las redes del narcotráfico.

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De libertaria a liberacionista. La diputada Evita Arguedas, que se valió del Movimiento Libertario para llegar a la Asamblea, que una vez allí evidenció no conocer ni compartir la doctrina liberal, y que se declaró “diputada ¿independiente?”, revela ahora que de independiente no tenía más que el adjetivo. Como otros calientasillas de la actual legislatura, corrió a dar su adhesión a Laura Chinchilla, pero para distinguirse de aquellos, orgullosamente declara y aclara que “ahora también es militante del Partido Liberación Nacional”. O sea, no somos nada. Evita Arguedas ha demostrado que la única libertad en la que cree es la libertad de arrimarse donde mejor le caliente el sol, y que eso puede ser en las playas del ML si eso le permitirá alcanzar un puesto para figurar, o en las costas del socialdemócrata PLN si se vislumbra que por ahí pasa ahora la procesión del poder. ¿Independiente? Ni por asomo. La tercera acepción del vocablo independencia en el Diccionario de la RAE dice: Entereza, firmeza de carácter. No confundamos firmeza de carácter con personalidad fuerte. No se puede decir que se distinga por su entereza una persona que hoy se dice libertaria y mañana milita en un partido que propone una importante intervención estatal en los asuntos privados de los ciudadanos, sean en el ámbito de la economía o de la libertad religiosa. Firmeza de carácter es mantener lo que uno piensa y cree a pesar de las modas, de los popularímetros, o de qué tan cerca o lejos esté uno del centro de poder por causa de sus ideales.

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Otro ámbito en el que definitivamente nuestro país no es independiente es el de la libertad religiosa. Monseñor Ulloa no hizo más que abrir la bocota, con profundo irrespeto para la democracia costarricense, y ya corrieron los candidatos a diputados por el PLN a enterrar no esta, sino cualquier propuesta de reforma constitucional tendiente a eliminar el carácter confesional del Estado Costarricense que se pueda presentar en los próximos cuatro años. El argumento de que la reforma del Artículo 75 debe de ser consultada previamente con la Iglesia Católica es patético y demuestra un irreflexivo y vergonzoso sometimiento - en materia política - a los dictados de los clérigos locales. Es como preguntar a un drogadicto si quiere que le quiten la droga, o a un gordo patológico si quiere que le quiten la comida. Dicho argumento, no lo perdamos de vista, fue esbozado originalmente por la candidata paños tibios de Liberación Nacional, Laura Chinchilla, después de que el Obispo de Cartago exhortara a la feligresía a no apoyar a los candidatos que piensen diferente de él y de la Iglesia Católica Costarricense. Lástima que aquí nadie se interesó por averiguar que la mismitica Iglesia Católica de Roma, representada por el usualmente vilipendiado Papa Benedicto XVI, se ha pronunciado hace exactamente un año a favor de un estado laico que sea garante de la libertad religiosa de los ciudadanos, cuando dijo que “es fundamental insistir en la distinción entre el ámbito político y el religioso para tutelar tanto la libertad religiosa de los ciudadanos como la responsabilidad del Estado hacia ellos". Lo de la Iglesia local no es más que el revoloteo habitual de quien ve amenazada su posición de poder; lo de Laura Chinchilla y sus candidatos a diputados es producto de la ignorancia – nuestra independencia nuevamente amenazada por La Ignorancia – y del cálculo político oportunista y empequeñecedor. Porque no hay peor violación a nuestra libertad – a nuestra verdadera independencia – que cerrar las puertas a la sana discusión de ideas.

jueves, septiembre 03, 2009

Iglesia y Estado

Un grupo llamado Movimiento por un Estado Laico en Costa Rica propuso una reforma constitucional que haría al Estado costarricense neutral en materia religiosa, dándole el deber de garantizar la libertad de las personas de escoger cualquier religión que sea respetuosa de los derechos humanos, o de no adoptar ninguna, si tal es su preferencia. La propuesta consiguió el apoyo de la cantidad necesaria de Diputados para que pueda ingresar a la corriente legislativa, así que quedará ahora en manos de la Asamblea decidir si acoge la reforma o no. Hace exactamente cuatro años y un mes publiqué en este blog un artículo sobre este tema, y hoy lo reciclo por haberse puesto de moda nuevamente. Ojo que hace referencia a algunos eventos de hace cuatro años, lo cual no invalida el fondo ni el mensaje.

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3 de agosto de 2005.

Como regla general, a Dean CóRnito no le gusta hablar de religión, por muchas razones que no vienen al caso y una que sí: que escribiendo sobre política se echa encima suficientes enemigos gratuitos como para además provocar la ira de curitas, pastores, reverendos, ministros, rabinos, imanes, mulás y demás sacerdotes de las religiones, sectas y denominaciones que abundan en el mundo. Así que no vamos a hacer una excepción en este caso, y al hablar de la Iglesia Católica en este artículo, nos limitaremos a los aspectos político-financieros de su relación con el Estado costarricense. Allá cada quien con sus creencias y preferencias; aquí las respetamos todas.

Costa Rica es uno de los pocos países del hemisferio occidental que tienen una religión oficial de Estado. Y aunque en la práctica Costa Rica es bastante tolerante de las religiones “no oficiales”, el solo hecho de que haya una religión de Estado ya es discriminatorio para quienes no practican esa religión.

Creciendo en este bello país, nunca entendí el concepto de religión oficial de Estado. Las preguntas que me hacía, infantiles como era de esperar, eran del tipo: ¿Acaso la Corte Suprema de Justicia va a misa?, ¿Se confiesa la Asamblea Legislativa?, cuando se clausura una entidad pública, ¿recibe la extremaunción?, y otras por el estilo. Cuando fui creciendo y entrando en contacto con gente de otras religiones, me di cuenta de lo que en términos prácticos significaba: si usted es católico, casi nunca va a tener que hacer tediosas filas en el Registro Civil. Por ejemplo, su matrimonio por la Iglesia queda automáticamente inscrito en el Registro, ya que el acto del cura tiene validez religiosa y legal a la vez. Si usted es de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y se casa por la religión, si se olvida de inscribir el matrimonio en el Registro Civil, el día que usted tenga hijos, ellos serán considerados “hijos naturales”, un eufemismo legal equivalente a “bastardos” en la jerga religiosa (hijos concebidos fuera del matrimonio).

No es el único ejemplo, pero con ese nos basta para ilustrar por qué consideramos discriminatoria la existencia de una religión oficial del Estado. Mucho se habla de la necesaria separación de Iglesia y Estado, pero mientras el Estado siga teniendo una religión oficial, esa separación no existe ni siquiera en el papel. Por eso, cuando el Ministerio de Educación quiere incluir una guía de educación sexual en los programas educativos, no se puede enseñar a los jóvenes colegiales del peligro de las enfermedades de transmisión sexual y cómo evitarlas con el condón, ya que la Iglesia únicamente permite hablar de la abstinencia como opción para las personas solteras. Muy loable objetivo, pero completamente ilusorio e irreal. Por la misma razón, no se puede enseñar a las muchachitas a prevenir embarazos no deseados, porque sólo se les puede hablar de abstinencia y no de prevención ni de planificación.

Hace poco el Ministerio de Salud propuso una reforma integral a la Ley General de Salud, ya que la vigente data de mediados del siglo pasado. La Iglesia procedió a armar un revuelo porque el texto mencionaba la palabra aborto. Aunque, según aseguraron entonces los representantes del Ministerio, la reforma no pretendía legalizar el aborto, para la Iglesia resultó inaceptable que en el contexto de una Ley General de Salud se hablara del tema. Sobran los comentarios.

Todo esto es relevante porque, además de lo discriminatorio que resulta tener una religión oficial, la Iglesia Católica de Costa Rica, por ser la representante de la religión oficial del Estado, recibe anualmente una contribución del Presupuesto Nacional (de monto ignorado por este autor). El Artículo 75 de la Constitución Política dice que “La religión Católica, Apostólica, Romana, es la del Estado, el cual contribuye a su mantenimiento, sin impedir el libre ejercicio en la República de otros cultos que no se opongan a la moral universal ni a las buenas costumbres”.

No soy experto en la materia, pero tengo entendido que el Vaticano es uno de los estados más ricos del mundo, y que la Iglesia Católica tiene riquezas insospechadas. De ser así, y siendo el nuestro un país relativamente pobre y con tremendo déficit fiscal, la política de tener una religión oficial es inconveniente por partida triple. Para colmo de males, según lo reveló el Diario Extra ayer, la Iglesia Católica de Costa Rica figura en el “top 10” de patronos morosos con la Caja Costarricense del Seguro Social.

Eso si que es tenerla bonita: una institución inmensamente rica recibe un subsidio de un país pobre, y mientras en el país pobre vemos cómo la entidad estatal de medicina universalizada y seguridad social se nos desmorona, esa millonaria institución se da el taco de no pagar sus cuotas patronales. Yo no se cómo se verá eso el Día del Juicio Final, pero ante los limitados ojos de este ser terrenal, la cosa no pinta nada bien.

lunes, agosto 31, 2009

El Dr. Mündung

Oscar Arias, a quien no tengo el placer – o el disgusto, escoja usted – de conocer, siempre me ha parecido una combinación casi perfecta entre el Dr. Mündung y Narciso, aunque esto último no exactamente por su aspecto físico. Doy por sentado que para estar en política, y en particular para aspirar a la Presidencia de un país, es necesario ser un poco ególatra y bastante vanidoso, pero a nuestro Premio Nobel Presidente se le va la mano. Y sus últimas actuaciones lo terminan por confirmar.

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A quienes le hemos seguido el rastro durante los últimos 25 años, ya nada debería sorprendernos. Y sin embargo don Oscar no deja de hacerlo. El famoso eslogan de su última campaña presidencial – El barco necesita capitán – es la invitación de un presumido consumado a que los demás dejemos nuestras mayores o menores dosis de egolatría para sustituirla por una oscarlatría esclarecedora y libertadora. No entro a discutir si el barco realmente necesitaba capitán (si lo creo), si Oscar Arias era ese capitán (no necesariamente), o si, una vez en el poder, actuó como tal (lo dudo seriamente). Más me interesa analizar las más recientes decisiones y anuncios de su majestad don Oscar a la luz de sus “patologías”, reales o percibidas.

La semana pasada don Oscar – o su hermano Rodrigo en representación del Big Chief – nos sorprendió con dos magnos anuncios: la presentación de un proyecto de ley de apertura de la generación y producción de electricidad, y la “necesidad” de convocar una Asamblea Constituyente. Veamos las cosas por partes.

Quien esto escribe apoyaría en principio un proyecto de apertura del sector eléctrico. Tengo la firme convicción, los estudios y la experiencia profesional suficientes para saber que es factible alcanzar un buen esquema de apertura que permita incrementar la capacidad instalada de generación eléctrica sin depender de un proveedor único, y sin desatender las necesidades de los sectores de menor o nulo poder adquisitivo que quedarían desprovistos en un esquema de apertura “salvaje”. Aunque no he leído el proyecto del gobierno, de los principios que pude deducir de lo publicado en los medios de prensa (apertura en generación manteniendo la red de transmisión en manos del ICE), me parece que la propuesta va por buen camino. Y a pesar de lo anterior, la decisión de poner sobre la mesa en plena temporada electoral un tema que promete ser polémico me parece, en el mejor de los casos, temeraria e irresponsable.

La probabilidad de que semejante proyecto sea aprobado en la Asamblea Legislativa en la presente coyuntura es prácticamente inexistente. El PAC, Merino y Oscar López se opondrán rabiosamente a cualquier cosa que suene a apertura. El Movimiento Libertario también, aunque por las razones contrarias: por no hacer lo suficiente por abolir el monopolio estatal, por poner límites a la generación privada, o cualquier cosa por el estilo que se les ocurra de manera oportuna. Andrea Morales, aunque sea por vergüenza y deferencia a quienes la llevaron a la Asamblea, también se va a oponer. La fracción del PUSC no sabrá cómo reaccionar, y mucho dependerá de las necesidades político-electorales del Dueño del partido, pero si algo es claro es que el PLN no podrá contar con un apoyo incondicional de los cuatro o cinco pelagatos del PUSC. De manera que únicamente podrán contar con los calientasillas de José Manuel Echandi, Evita Arguedas y Guyón Massey, y eso no les alcanzará ni para llegar a primera base. A la misma Laura Chinchilla se le podrían aflojar las bielas ante un tema tan polémico en estos momentos, y buena parte de la fracción la respaldaría. Muerto el Rey, que viva la Reina.

¿Para qué lanzar al vuelo semejante propuesta? Lo único que se me puede ocurrir es que cuando algún día se apruebe una apertura en generación eléctrica - y no me cabe la menor duda de que algún día sucederá – alguien pueda salir a decir que la idea fue de Oscar Arias. Y que entonces sea reconocido como el Estadista que, cinco o veinte años después de su período presidencial, aún sigue dando forma al curso que toma la historia del país. Sin importar a quién se lleva entre las piernas en el proceso, aún si se trata de su delfina Chinchilla.

Y por si fuera poco, nos sale con la cabezonada de la Asamblea Constituyente. Es cierto que el país está entrabado, y que a los gobernantes se les dificulta realizar su trabajo, como lo argumentan don Oscar y sus polivoces. Lo que es discutible es si el problema está en la Constitución Política. Yo creo que, más allá de dos o tres asuntos puntuales, la Constitución no es el impedimento para el progreso del país. Y esos “asuntos puntuales” se deberían de corregir mediante un procedimiento mucho más sencillo, barato y de menor riesgo que la Asamblea Constituyente: la reforma parcial a la Constitución. No sabemos exactamente (ni remotamente tampoco) como es la nueva Constitución que visualiza don Oscar, pero de lo que si estamos seguros es de que no se parece en nada a la Constitución que sería posible sacar de una nueva Constituyente.

Como lo demostró el referéndum por el TLC, el país está prácticamente dividido en tercios, con una tercera parte indiferente a lo que pasa en el escenario político, y los otros dos tercios con visiones bastante diferentes de lo que quieren como modelo de desarrollo para el país. En tales circunstancias, sería virtualmente imposible lograr un acuerdo sobre una Constitución medianamente coherente.

Don Oscar exhibe en los últimos tiempos una actitud autoritaria que no deja de causar preocupación. Como ejemplo ofrezco sus más recientes críticas a la labor de los medios de comunicación. Su cuestionamiento se basa en tautologías peligrosas (los periodistas no son electos por el pueblo <-> los medios de comunicación son empresas con fines de lucro) e inesperadas de una persona que se ha distinguido por sus credenciales democráticas. Si este es el espíritu que lo mueve a proponer una nueva Constitución, no quiero ni tan siquiera ver de qué se trata. Y si en su narcisismo ilimitado no puede ver que la mayoría del país no piensa como él, y que, insisto, lo que saldría de la Constituyente sería un mamarracho sin pies ni cabeza, entonces no tenemos santo en el cuál persignarnos.

La virtud de la actual Constitución es que se basa en las constituciones liberales del siglo XIX y en particular la de 1871. Aunque el ánimo colectivo de 1949 era bastante diferente al de 1871 (en particular en cuanto a las funciones del Estado), la constituyente logró un interesante equilibrio entre la tendencia liberal histórica del país que privilegia la protección de los derechos individuales, y ese estado de ánimo más socializador de mediados del siglo XX. Convocar una nueva constituyente en la actual coyuntura – con la proliferación de grupos y partidos que más defienden intereses sectoriales que los nacionales, y un Presidente con inclinaciones autoritarias – conllevaría de manera implícita el riesgo de producir una carta magna que sea un verdadero obstáculo para el progreso o, peor aún, que limite de manera significativamente los derechos individuales a favor de los colectivos. Y ese sería el principio del autoritarismo constitucional, que pronto llevaría a una dictadura de cualquier estirpe.

Entonces, nuevamente cabe preguntarse cuál sería el objetivo de proponer una constituyente ahora. Y si no hay beneficios evidentes, la respuesta tiene que encontrarse en la egolatría y el narcisismo de don Oscar que, por un lado, le nubla la visión y no le permite ver los grandísimos riesgos y, por el otro, únicamente le permite pensar en lo grande que sería su nombre si lo logra asociar al nacimiento de un nuevo orden constitucional en el país. Aunque de camino se lleve en banda a toda una generación de costarricenses.

Como lo dijo Papini a través de su personaje, el Dr. Mündung: “El hombre se ama a sí mismo, lo confiesa abiertamente, y da a su amor, sin miedo y sin reservas, forma devota y litúrgica.” Ese hombre es Oscar Arias.