domingo, 1 de marzo de 2015

Cuando no se quiere reconocer la verdad

Don Luis Guillermo Solís no pudo escoger un mejor título para su artículo de hoy en La Nación, donde hace un recuento de los diez meses que lleva en el poder, y concluye que la labor ha sido fantástica, a pesar del “acoso mediático cotidiano” y las “voces agoreras” a las que me uno hoy con este escrito. Me temo que este no será un artículo de fácil lectura para los porristas y demás apologistas del gobierno.



Iniciando no más nos recuerda don Luis Guillermo que hace casi un año asumió el poder “elevando la bandera del cambio y de la lucha contra la corrupción”. Cambio, por ejemplo, como que dio al pasar su partido de oponerse al negociado chino de la ruta 32 mientras era oposición, a convertirse en su principal impulsor. Lucha contra la corrupción que se ve definitivamente fortalecida con la decisión de adjudicar las obras de dicha ruta, y la compra de un edificio de lujo para el Ministerio de Hacienda, sin las incomodidades procedimentales de un concurso público.

El Presidente interpreta que los costarricenses exigimos “una nueva forma de gobernar, más cercana, más transparente, más dispuesta a rendir cuentas”. Me imagino que eso de ofrecer embajadas para silenciar a un funcionario público es parte de la nueva y más transparente forma de gobernar, como lo es la decisión de esconder la lista de visitantes a Casa Presidencial del escrutinio público, o la necedad de la Ministra de Justicia al negarse a publicar la información del hacinamiento por módulo penitenciario. La indisposición del Ministro de la Presidencia a rendir cuentas al público de los diferentes enredos en que ha metido al señor Presidente es, aparentemente, digna de alabar.

Nos habla a continuación don LGS de que el gobierno “se había acostumbrado a hacer las cosas mal, a medias, con contratos y alquileres lesivos para el interés nacional; con instituciones carcomidas por las malas prácticas administrativas; con programas sociales duplicados…”. Hacer las cosas mal y a medias, como por ejemplo contratando la construcción de una carretera que no cuenta con planos, estimación de costos, ni idea de los terrenos que hay que expropiar o los servicios públicos que hay que reubicar. Malas prácticas administrativas, como la ya apuntada ausencia de un concurso público para adjudicar una carretera de unos $500 millones o un edificio de $120 millones. Programas sociales duplicados de los cuales ni uno solo ha desaparecido. Ni siquiera ha sido propuesto ni puesto el tema en el tapete.

Dice don LGS que la tarea no ha sido fácil, entre otras razones por “los blindajes que encontramos en las instituciones para favorecer a pequeños grupos de presión”. Supongo que no se refiere al pequeño pero poderosísimo grupo de los grandes industriales del arroz, que ha sido beneficiado por este gobierno con un vergonzoso aumento del arancel a la importación que va, usando las palabras del propio Presidente, “en contra de las necesidades de las personas menos favorecidas”. Extraña manera de entender el cambio prometido.

Nos habla don LGS de “la negativa a cambiar las prácticas malsanas enquistadas desde hace décadas en el aparato público, con la connivencia de poderosos sectores privados”, y no sabemos si de verdad se queja de la nefasta herencia que recibió – y sí la recibió, no nos hagamos ahora los majes – o si en realidad hace una confesión de parte vista la connivencia de su gobierno con los arroceros y otros sectores que viven de la teta estatal a expensas de los ciudadanos, sobre todo de los más pobres. Quisiéramos, en todo caso, que don LGS nos precisara cuáles de esas “prácticas malsanas” han cambiado desde mayo del 2014, porque cuesta divisarlas.

Se queja el señor presidente del “acoso mediático cotidiano” que hace “uso de titulares alarmistas o abiertamente falsos”, y no puede uno evitar que la mente divague y se autotransporte hasta la página 15A del mismo periódico La Nación, donde en un campo pagado el ICE nos asegura en su titular que contamos en “Costa Rica con las tarifas eléctricas más bajas”, lo cual es una falsedad absoluta, que el mismo campo pagado refuta. Esta misma información ya había sido publicada por la Presidencia de la República en un comunicado de prensa dos días antes.

Según el Presidente, “Si un extraterrestre llegara a San José y leyera algunos medios de comunicación en estos días, pensaría que Costa Rica está al borde de la catástrofe económica y social. Y se equivocaría.”  Me pregunto si seré extraterrestre, o si será que solo yo veo el rumbo que está tomando el gobierno – y por arrastre el país – y pienso “Carazo all over again”.

El 30 de setiembre pasado publiqué una carta abierta al Presidente Solís, en la que le advertí que en mi encontraría “un crítico tenaz, pero también leal. No le voy a endilgar culpas que no le corresponden, y le voy a reconocer sus logros cuando lo amerite.” He de reconocer, entonces, que no todo lo que ha hecho el gobierno es malo, ni todo lo que escribe el Presidente es criticable. Le reconozco que su gobierno actuó en apego a la ley y al interés del país al ponerle fin a años de atraso en el arranque de la terminal de contenedores de Moín y el muelle multipropósito de Caldera. Ha tenido también mucha valentía al denunciar las convenciones colectivas de varios bancos e instituciones autónomas, aunque en este tema no podemos echar las campanas al vuelo. Habrá que esperar los resultados de esas negociaciones. La ciudadanía demanda resultados, no gestos. Otro logro interesante – pero decididamente menor – fue el pago puntual de las becas estudiantiles antes del inicio del curso lectivo por primera vez en al menos diez años.

Pero no todos los logros que reclama don LGS lo son. Dice que “se han introducido enormes economías en gastos injustificados o abusivos”, sin especificarlos. Y uno no puede evitar plantearse varias preguntas: ¿Dónde? ¿Cuáles son las enormes economías si su gobierno abogó por – y logró que por medios inconstitucionales la Asamblea Legislativa aprobara – un Presupuesto con un 19% de incremento con respecto al 2014? ¿Nos considerará el Presidente tan idiotas como para creernos que un recorte “voluntario” de menos del 1% del Presupuesto representa un ahorro cuando el resultado de tanta creatividad presupuestaria es un crecimiento del gasto del orden del 18% de un año a otro?

Hay otros “logros” que no son para rajar. Menciona, por ejemplo, “que mantenemos tarifas eléctricas estables”, cuando en campaña se comprometió a rebajarlas. Claro, ahí fue donde se dio cuenta don Luis Guillermo de que no es lo mismo verla venir que bailar con ella, que no es la misma disyuntiva en la que estamos los consumidores: no es lo mismo verla venir que tenerla adentro.

Se ufana también el Presidente de la creación de “más de 5.000 empleos al año” en un país donde, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, hay más de 220.000 desempleados. A ese ritmo de crecimiento del empleo necesitaríamos 22 años para reducir el desempleo a la mitad. Y ojo que el desempleo no es mayor porque la tasa neta de participación laboral femenina es de apenas el 48,5%, y 931.000 personas están empleadas en el sector informal (45% del total de personas ocupadas). De verdad que da pena ajena ver al Presidente haciendo referencia a esa cifra como algo positivo.

Nunca ha sido más cierto el refrán que dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Es imposible hacer un buen gobierno cuando no se quiere reconocer la verdad.

1 comentario:

  1. Gracias Dean, siempre es interesante leerlo.

    Respecto al reclamo del Señor Presidente, creo que, si bien es cierto que la Prensa debe ser vigilante y fiscalizar la actuación del Gobierno, me parece que en algunos casos son alarmistas, generando controversias donde no existen, y exacerbando un sentido de cinismo hacia la política que no le conviene al país. Y mucho de esto viene de ignorancia o incapacidad de volver a ver antecedentes.

    Un caso reciente me parece ilumindador. La Nación publicó un artículo acerca de cómo la gran mayoría de los nuevos nombramientos en puestos diplomáticos -- creo que 18 de un total de 25 -- eran de carácter político, y no de diplomáticos de carrera. La acusación parecía clara: un gobierno que venía a cambiar las "viejas prácticas", haciendo lo mismo y poniendo a sus amigotes o pagando favores con embajadas.

    El problema es que, primero, de un total de más de 80 puestos diplomáticos que hay disponibles en el país, 25 no es una mayoría. Y segundo, si bien aún persisten puestos diplomáticos que son de confianza, el país ha logrado avanzar mucho en esta materia, llegando al punto que prácticamente todos los puestos diplomáticos posibles son llenados por diplomáticos de carrera, con casos en que los mismos diplomáticos de carrera no estpan interesados en algunos.

    Pero lo más importante es esto: por supuesto que hay que esperar que la mayoría de los puestos diplomáticos llenados en el primer año de una administración sean de confianza, por la sencilla y lógica razón de que, siendo un nuevo gobierno, y más que todo de un distinto partido que el aneriro, es lógicamente esperable que la mayoría fueran de confianza. Pero la noticia no daba a entender ni éste simple argumento de lógica.

    Volviendo al cinismo, creo que si bien hay que entender que los políticos muchas veces no actúan solo con vista al bien común, y tienen sus propios intereses, los periodistas, como cualquier grupo humano, lo hace también. La prensa también tiene su agenda e intereses propios, lo cual no debe ser motivo de sorpresa, simplemente de tomar una postura más crítica de lo que siempre dicen. Tienen sin duda una fuerte influencia y poder en el diálogo nacional.

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