lunes, 23 de enero de 2006

El mito del Sí (sifo)

Con las elecciones a menos de dos semanas, Dean CóRnito se ha propuesto publicar una serie de artículos en los que analiza los Programas de Gobierno y las personalidades de los tres o cuatro principales candidatos (según las encuestas más recientes). Para lo primero, la fuente obvia es los sitios web de los partidos políticos, donde más tarde que temprano, la mayoría han ido publicando sus planes de gobierno. Para el análisis de sus personalidades, utilizaremos entrevistas y otras fuentes que vayan apareciendo de camino. Iniciamos hoy con Oscar Arias, y arrancamos con su Plan de Gobierno.

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Primero, lo bueno. En su declaración de principios, en el capítulo de Marco Ideológico del Programa, se percibe un discurso moderno y modernizante, en un marco de solidaridad social, sin temor al cambio. Afirma su compromiso de que “la sociedad asegure a todos los ciudadanos un nivel de vida compatible con su dignidad humana y les provea acceso universal a ciertos bienes capaces de potenciar sus habilidades y sus posibilidades de ascenso social”, lo cual, leído en el contexto que le impone la afirmación de que “Costa Rica necesita, pues, un liberacionismo que no confunda los fines con los medios, que evolucione junto con los tiempos y que sea capaz de propiciar las reformas que el país requiere para ser cada vez más próspero, equitativo y democrático”, nos quiere dar a entender que los objetivos supremos del liberacionismo histórico no serán abandonados, y supone una crítica a quienes siguen aferrados al estatismo e intervencionismo de antaño a pesar de que los resultados positivos de los años 50s y 60s no se han vuelto a repetir.

El Plan de Gobierno gira en torno a ocho ejes que – palabras más, palabras menos – son recurrentes en los programas de los demás partidos: luchar contra la corrupción, luchar contra la pobreza y la desigualdad, integración con el mundo para crear empleos de calidad, educar para el Siglo XXI, luchar contra la delincuencia y las drogas, poner en orden las prioridades del estado, recuperar la infraestructura, y ennoblecer la política exterior. Después menciona nueve objetivos globales para la eventual segunda Administración Arias: i. reformar la gestión pública en aras de la transparencia y la ética, ii. reducir la brecha de oportunidades (y disminuir la tasa de pobreza en un 4%), iii. mejorar el acceso de los más pobres a vivienda, salud y educación, iv. mejorar oportunidades para la clase media (bajando tasas de interés y creando nuevos empleos), v. crear una plataforma productiva abierta, competitiva y ambientalmente sostenible, que permita tasas de crecimiento sostenido del 6% anual, vi. mejorar la situación de seguridad, vii. detener el aumento del consumo de drogas y disminuir su trasiego, viii. reformar el Estado para que pueda resolver con eficiencia las demandas de la población, ix. situar a Costa Rica como potencia moral en el ámbito internacional. Consecuentemente, el programa de gobierno establece cinco áreas de acción: política social, producción, sostenibilidad, marco legal institucional, y política exterior.

Hasta aquí todo bien, porque se trata de planteamientos muy generales con los que la inmensa mayoría de la población estaría de acuerdo, sin importar su color o ideología política. Como dice el refrán inglés, el diablo está en los detalles: ¿Cómo se disminuye la pobreza? ¿Cómo se recupera la infraestructura? ¿Cómo se detiene el aumento en el consumo de drogas? ¿Cómo se reforma el Estado y la gestión para fomentar la transparencia y la eficiencia?, etc. Y es justo aquí donde – en opinión de quien escribe estas líneas – empiezan los problemas, porque el llamado programa de gobierno no aporta ningún detalle, dejando a nuestra imaginación el llenado de los espacios en blanco de las interrogantes del capítulo del cómo.

En otras palabras, el Plan de Gobierno de Oscar Arias se queda en el postulado de las buenas intenciones, sin brindar detalle alguno que nos permita entender cómo pretende lograr sus objetivos. Y si bien coincidimos con don Oscar en cuánto a que no hay que confundir los fines con los medios, es de vital importancia para el votante – sobre todo para el que a 13 días de las elecciones continúa indeciso – conocer si hay carnita en el análisis o si los “más de mil” se han limitado a pensar en lo linda que sería mi Costa Rica si todos estos objetivos se cumplieran, pero no tienen idea de cómo alcanzarlo. De buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.

Hay intercalados en el documento una serie de compromisos específicos que nos pueden dar una luz acerca de cómo pretende Oscar Arias lograr algunos de sus objetivos. Así, por ejemplo, la intención de elevar el gasto público en educación del 6% al 8% del PIB puede ayudar a alcanzar el objetivo de la universalización de la secundaria. Pero si estos recursos no van acompañados de programas diseñados para disminuir la repitencia, aumentar la retención de estudiantes, y convencer a padres y a jóvenes de que éstos deben de completar sus estudios secundarios, los recursos se van a desperdiciar. De igual manera, el cumplimiento de la promesa de aumentar en 4.000 el número de policías puede mejorar la percepción de inseguridad, pero la represión por si sola nunca ha logrado – en ningún país ni en ninguna época – disminuir el consumo de drogas si no se atacan las causas de esa conducta. Como decía Bob Marley, “you can make it illegal, but you can’t make it impopular”.

Oscar Arias ofrece la activación de un Plan Nacional de Infraestructura, con concesiones por más de $1.000 millones en los próximos cuatro años. Difícilmente encontraremos a alguien opuesto a tan magnánimo plan, todos los candidatos “principales” y algunos marginales (como Toledo) apoyan la concesión de obra pública. El problema es que ya en 1998 don Miguel Ángel Rodríguez ofreció exactamente esto: proyectos de concesión por más de $1.000 millones. Y la realidad es que durante el cuatrienio 1998-2002 el gobierno intentó lanzar proyectos de concesión por un monto cercano a los $1.000 millones, sin que hasta la fecha alguno haya prosperado. La administración y ampliación del puerto de Caldera, la construcción de la autopista San José - Caldera, la ampliación de las autopistas General Cañas (San José – Alajuela) y Bernardo Soto (Aeropuerto – San Ramón), la conclusión del anillo de Circunvalación, son todos proyectos que languidecen en una maraña legal aparentemente insuperable, y no es cuestión de voluntad. Las leyes que tenemos, y la posibilidad sin límite de recurrir y apelar las decisiones estatales, no permiten el avance de estos proyectos, y si bien el Plan de Gobierno del PLN nos dice que hay que reformar la Ley de Concesiones, eso es como que el doctor me diga que es necesario combatir el cáncer. Lo importante es ¿Cómo? ¿Qué expectativas de éxito hay?

En el campo económico, el Programa habla de la necesidad de aumentar la recaudación, pero no hace mención del dañino Paquete Fiscal que, sabemos de todas formas, Oscar Arias apoya a pesar de la evidencia de que hay mucho espacio para mejorar por la vía de una recaudación más efectiva de los impuestos existentes antes de pensar en nuevos y mal diseñados impuestos. Más aún, las pocas promesas específicas que aparecen en el Programa de Gobierno requieren de una cantidad de recursos tal que nos lleva a la conclusión de que Oscar Arias buscará la aprobación del Paquete Fiscal al principio, y de un nuevo paquete fiscal más adelante. Las matemáticas son sencillas: hoy en día, la recaudación fiscal ronda el 13% del PIB, y con el Paquete Fiscal se pretende aumentar la recaudación en un 2% adicional. Sin embargo, hoy en día se invierte en educación menos del 6% constitucional, y Oscar Arias desea aumentarlo al 8%. Aquí se nos va más que los dos puntos porcentuales que en teoría allegaría el Paquete Fiscal. Pero además de esto, su Plan de Gobierno llama a aumentar la inversión en Ciencia y Tecnología al 1% del PIB, cuando hoy en día no llega al 0.2%, por lo que necesitaríamos otro 0.8% del PIB. Y los 4.000 policías, ¿cómo los va a pagar? Y todos los demás programas y propuestas que por razones de espacio no podemos mencionar, ¿cómo los va a pagar? El Programa de Gobierno no lo dice.

Vamos, por último, a referirnos a uno de los temas favoritos de Oscar Arias: las relaciones internacionales. El Plan de Gobierno establece como dos de los objetivos en este campo, recuperar el respeto de la política exterior costarricense y su apego estricto a arraigados valores nacionales, y convertir a Costa Rica en una potencia moral internacional, capaz de convocar al mundo en pro de las mejores causas. No discutimos temas “inmediatos, como el de las relaciones con nuestros vecinos del norte, tema que se nos antoja escabroso más por la irracionalidad e incompetencia de quienes gobiernan Nicaragua que por alguna otra razón al alcance o bajo el control de nuestros propios gobernantes. Nos llama poderosamente la atención – y nos encanta – el principio de que la política exterior esté supeditada a “nuestros más arraigados valores” y que se use la autoridad moral que de ello se deriva para mover al mundo en pro “de las mejores causas”, pero no vemos en el Programa, ni en las declaraciones de Oscar Arias en campaña, cómo pretende lograr eso.

Dos temas que pueden ser usados como termómetro de la política exterior costarricense son nuestras relaciones con Israel y con Taiwán. En el primer caso, la política tradicional de nuestro país ha sido la del respaldo a la única democracia del Medio Oriente, reconociendo tácita y explícitamente el derecho de autodeterminación del Estado de Israel al mantener en Jerusalén nuestra embajada en ese país. Antes de lograr la inconstitucionalidad de la prohibición a la reelección, don Oscar hizo varios llamados públicos a mover la embajada tica a Tel Aviv y establecer relaciones con algunos de los regímenes autoritarios del Oriente Medio. Una vez candidato, Oscar Arias se ha rehusado a definir su posición al respecto.

En el segundo caso, la política tica ha sido la del respaldo a la democracia de la República China en Taiwán, pero a cambio de favores económicos que se le cobran a ese país con cada cambio de gobierno aquí. El respaldo a Taiwán ha sido, al menos en los últimos 15 años, interesado antes que de principios. Don Oscar, nuevamente, se ha rehusado a definir si mantendrá la relación con Taiwán o si buscará el acercamiento a la China Continental. Hace un par de semanas tuvo la desfachatez de decir a La Nación, que para conocer su posición al respecto habrá que esperar hasta después de las elecciones.

Ante tanta oscuridad, cabe preguntarse qué entiende Oscar Arias por ennoblecer nuestra política exterior. ¿Se atreverá a apoyar a las democracias – sin condicionamientos económicos, eso sí – a pesar de los cantos de sirena de los petrodólares y de los contoneos del gran dragón? ¿Será Oscar Arias el Presidente que tendrá la gallardía de fortalecer nuestras relaciones con Taiwán sin exigir regalitos en la forma de puentes, carreteras y centros de convenciones? ¿O las “mejores causas” de las que habla serán las de los dudosos intereses económicos del poderío árabe y chino respectivamente? Cuando habla de los más arraigados valores nacionales, ¿se refiere a valores sublimes como la democracia y la paz, o a unos más recientes pero no menos arraigados como el dinero fácil y rápido? Lástima que en plena campaña no se atreva a aclararlo.

Para un candidato que ha hecho lema del SI, es más lo que NO nos dice que lo que SI.

1 comentario:

  1. Ya una vez había comentado que en el programa de Don Oscar parece que todo se arregla con plata, que más plata a educación, que más plata a seguridad, que más plata en las calles y en las concesiones de obra pública más plata (no importa de quien sea la plata)
    Hace muy bien Dean en custionarse ¿de donde va a salir la plata? el porblema es que tenemos un problema de eficiencia, a como esta la situación, sin una fiscalización adecuada, sin planes adecuados y sobre todo sin transparecia y honestidad podemos invertir el doble o el triple de plata en algo como las carreteras que en un año van a estar igual! Nos falta más que plata! nos falta una reforma integral y un cambio en el modelo, no soy partidario de los cambios bruscos pero para hacer una parabola: las columnas que sostienen a nuestra Costa Rica! Salud, Educación, Seguridad, etc. se están derrumbando y no porque nos falte plata para repararlas sino porque cuendo vamos a comprar un saco de cemento, el que nos lo da pues nos da solo la mitad y nadie lo fiscaliza ni lo castiga por eso! el que nos lo trae nos lo cobra como si nos hubiera traido 3 sacos y no uno medio lleno! el que le toca recibirlo se da cuenta que es de mala calidad pero alguien le "echa un rojito por debajo pa que se quede callado" a los que les toca aplicarlo se llevan una parte para la casa, otra parte la descuidan y la dejan a la intemperie, porque deporsí no es de ellos y finalmente lo que le aplican a la columna no alcanza!!! y de que nos sorprendemos? por cierto se lo aplicaron un mes después!
    Y si se contara con todo el dinero del mundo y se invirtiera en cemento los ladrones terminarían millonarios y la columna caída!
    gracias

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