jueves, 17 de marzo de 2011

La estrategia de Irán

En mi anterior artículo hablé de la lucha de poder entre sunitas y chiítas. Con mucho tino y razón, mi estimado y fiel lector Terox preguntó cómo pretenden los chiítas dominar la región si, como expliqué, representan si acaso un 15% de los musulmanes del mundo. Para efectos de responderle, me permito ampliar la pregunta: ¿cómo pretende la república de Irán convertirse en la fuerza dominante de una región muchas veces más grande que ella misma (ver mapa aquí), y que en buena medida le es hostil? La respuesta a ambas interrogantes está en la estrategia, la geopolítica, y el hecho de que el conflicto del Medio Oriente es mucho más complejo que un simple enfrentamiento entre sunitas y chiítas u otro entre palestinos e israelíes.

Además de lo mencionado, son comunes entre los musulmanes enfrentamientos por otros motivos. Traigo a colación la hostilidad manifiesta entre los proponentes de las versiones más radicales del Islam – los integristas, islamistas, fundamentalistas, extremistas o como les quiera usted llamar, y los defensores de versiones más moderadas del Islam. Esta confrontación no hace distinciones sectarias, aplicándose en toda su gloria la máxima que dice que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, y por ende se da una estrecha colaboración entre fundamentalistas chiítas y fundamentalistas sunitas para enfrentar toda clase de “amenazas” comunes: las libertades civiles, los Estados Unidos, el nacionalismo árabe laicista, Israel, etc.

Para poner en contexto la región de la que estamos hablando, hay que recordar que, como lo dije en mi anterior artículo, se trata de un laboratorio de toda clase de satrapías. Si bien hay diferentes tipos de organización política en estos países, todos se las han ingeniado para crear los regímenes más autoritarios y opresivos del mundo, lo cual genera el caldo de cultivo necesario para el resentimiento popular e impulsa las más insólitas alianzas. De acuerdo con el Índice de Democracia del 2010 del Economist Intelligence Unit, una división de la revista británica The Economist, la monarquía absoluta saudita ocupa el lugar 160 entre 162 naciones analizadas, la república teocrática iraní ocupa el lugar 158, la república socialista dinástica de Siria ocupa el lugar 152 del ranking, las “repúblicas” yemenita y egipcia ocuparon el puesto 146 y 138 respectivamente, y la “moderada” (según Oscar Arias) monarquía constitucional jordana salió apenas mejor en el puesto 117. Para ofrecer puntos de comparación, Cuba ocupó el 121, Venezuela el 96, Nicaragua el 89, México el 50, Costa Rica el 24, Estados Unidos el 17, y Noruega el número 1.

Algunos de los regímenes imperantes en el Medio Oriente y el norte de África son de naturaleza laica. Así era el de Mubarak en Egipto, el de Gadaffi en Libia, el del Rey Hussein en Jordania, y el de Bashar Assad en Siria, para citar algunos. La mayoría de estos gobernantes son (o fueron) enemigos jurados del fundamentalismo islámico, tanto chiíta como sunita. La Hermandad Musulmana, por ejemplo, es un movimiento islamista egipcio – un país casi 100% sunita – que luchaba contra el régimen de Mubarak, pero no por las mismas razones que los manifestantes de la Plaza Tahrir, que lo que deseaban era democracia, libertad y el respeto de sus derechos humanos.

El movimiento terrorista Hamás, que hoy controla la Franja de Gaza, surge de la Hermandad Musulmana de Egipto y corresponde, por lo tanto, a la secta sunita. Sin embargo, su cooperación con el régimen chiíta de Irán es total, en especial en lo que a enfrentar a Israel respecta.

Irán ha sabido aprovechar para su beneficio la naturaleza de estas diferencias intra-islámicas. Su estrategia de dominación se basa en cuatro pilares:

1. Unidad Islámica

Los chiítas, sabiéndose en minoría, ocasionalmente hacen llamados a soslayar las diferencias entre las sectas musulmanas en aras unirse para luchar contra el enemigo común del Islam, sea cual sea el sabor del mes. Dicha unidad, por supuesto, sería mucho más atractiva y conveniente si logran que el liderazgo sea asumido por un régimen chiíta, que es precisamente lo que propone hacer Irán.

Existiendo tantas diferencias entre chiítas y sunitas, y habiendo corrido tanta sangre entre ambas ramas de la misma religión, lograr esa unidad no será una labor sencilla. De hecho, históricamente los llamados chiítas a la unidad han sido mayoritariamente ignorados por los sunitas. Esto explica en buena medida la descarada retórica antisemita y anti-israelí del régimen iraní. La manera más fácil de amalgamar a los musulmanes es alrededor de la oposición a una idea que para todos ellos es igual de abominable, como lo es la existencia de un estado judío en el Medio Oriente. Sobre este odio visceral se basa el primer eje de la estrategia de dominación iraní, y claramente el Presidente Ahmadineyad ha asumido el liderazgo en este tema.


2. Poderío militar

El programa nuclear iraní es la culminación de su estrategia militar diseñada para acompañar y hacer posible los delirios de dominación de sus líderes políticos. Su capacidad balística hace tiempo rebasó la “necesaria” para atacar a Israel y Arabia Saudita que están, casi literalmente, a la vuelta de la esquina. Hoy en día y desde hace varios años, buena parte del continente europeo está dentro del rango de alcance de los misiles convencionales de Irán. Lo que buscan actualmente es la capacidad para dotar a sus misiles de cabezas nucleares que la conviertan en una amenaza real para todo el mundo occidental.

Curiosamente, Irán está siguiendo en el presente una estrategia con Arabia Saudita similar a la que ha venido aplicando contra Israel desde hace varios años: creándole amenazas en sus fronteras. En los siguientes pilares de la estrategia iraní quedará claro el por qué de la animosidad hacia Arabia Saudita.

Irán logró “penetrar” el frente norte de Israel al lograr una alianza con Siria y prácticamente haber tomado el control del Líbano a través de Hezbolá, una organización chiíta, fundamentalista y terrorista, que recibe buena parte de su financiamiento y apoyo logístico de Siria e Irán. En el sur, su cooperación, financiamiento y soporte logístico para el Hamás en Gaza y la Hermandad Musulmana en Egipto, representa otra seria amenaza para Israel. En caso de una eventual guerra, Israel, un país de apenas 20.000 km2 y menos de 7 millones de habitantes, tendrá dos frentes que proteger, además de la amenaza de los misiles que podrán ser lanzados directamente desde Irán.

Algo similar está intentando con Arabia Saudita. Por el norte, hace tiempo que Irán estableció una presencia en Irak, aprovechando que Estados Unidos le dejó la puerta abierta de par en par. Se estima que un 65% de los iraquíes son musulmanes chiítas, por lo que Irán ejerce gran influencia sobre dicha población y sobre la insurrección en contra del ejército norteamericano.

Para el buen entendedor, resulta evidente que las protestas populares en Bahrein y Yemén han sido alentadas desde Teherán. Bahrein es una isla de apenas 750 km2, ubicada frente a la costa oriental saudita, unida por un puente de 25 km a dicho país. La población total de la isla se estima en 1.25 millones de personas, de las cuales sólo el 46% son ciudadanos. Con estas cifras, cualquiera sería disculpado si piensa que no es un punto relevante en esta historia. Pero se equivocaría.

Se estima que dos terceras partes de los musulmanes de Bahrein (los no musulmanes son casi todos trabajadores migrantes) son chiítas, pero el Rey de Bahrein es sunita y el 80% de los puestos del gabinete son ocupados por miembros de la familia real (sunita). Desde el punto de vista geopolítico, la importancia estratégica de Bahrein no puede ser exagerada. Es miembro del consejo de países del Golfo Pérsico, que agrupa a Arabia Saudita y varios países menores (Qatar, Omán, Kuwait, Abu Dhabi). Más importante aún, Bahrein es el anfitrión de la principal base militar norteamericana en la región y, al quedar justo al frente de la costa iraní en el Golfo Pérsico (y a menos de 300 km de distancia), es una presencia demasiado incómoda para el desarrollo de los planes persas. Si Irán logra hacer caer al régimen sunita pro-norteamericano de Bahrein, y lo sustituye con un nuevo régimen chiíta favorable a sus propios intereses, el tío Sam tendrá que empacar a la carrera y perder ese punto estratégico. Es por esto que Estados Unidos hizo el mutis cuando Arabia Saudita y los demás países del Golfo enviaron sus tropas a apuntalar al monarca bahreiní.

En cuanto a Yemén, cuenta con una larga frontera común con Arabia Saudita, y con unos 28 millones de habitantes, de los cuales el 46% son chiítas y el 52% sunitas. Interesante resulta la distribución geográfica de estas poblaciones: los chiítas se concentran en el norte y noreste del país, a lo largo de la frontera con Arabia Saudita. Del otro lado de la frontera se concentra la minoría chiíta de Arabia Saudita (estimada entre un 10% y un 15% de la población). Yemén es, además, uno de los países más pobres de la región, y se cree que puede llegar a convertirse en el primer país del mundo en quedarse sin agua, en menos de 20 años. Una revuelta popular promovida por Irán entre la significativa minoría chiíta de Yemén podría a reunir el apoyo de importantes segmentos de la población sunita y, por si fuera poco, desbordarse hacia Arabia Saudita a través de la porosa frontera común, zona además de inmensa riqueza petrolera. Lo cual nos obliga a explicar el por qué de la animosidad entre Irán y Arabia Saudita, y los últimos dos pilares de la estrategia persa de dominación regional.


3. Control de importantes vías de comunicación

El eventual control de Yemén es también de vital importancia geopolítica para Irán, más allá de los problemas que le pueda causar a los saudíes. La costa suroeste de Yemén está enfrentada a la costa oriental de África, formando el estrecho de Bab el Mandeb. Son menos de 50 km lo que separan a Yibuti de Yemén, y ese estrecho paso es la salida del Mar Rojo hacia el Mar Arábigo, que no es sino una extensión del Océano Índico. En el otro extremo (norte) del Mar Rojo, el Canal de Suez permite pasar directamente al Mediterráneo. En otras palabras, la manera más rápida de cruzar desde Europa hacia el subcontinente indio y el Lejano Oriente es a través del Mar Rojo. Si tan solo Cristóbal Colón y Marco Polo lo hubieran sabido, se hubieran ahorrado muchas peripecias.

Al controlar Yemén, Irán podrá decidir cuándo cerrar el paso a los buques de carga que transitan a diario por ese lugar. De hecho, se estima que entre el 30% y el 40% del comercio internacional transita por el Canal de Suez todos los días. Esto le daría a Irán la capacidad de trastornar por completo los mercados de toda clase de productos, impidiendo o como mínimo dificultando y encareciendo a su antojo las exportaciones e importaciones europeas hacia y desde India y los países del Pacífico y del Lejano Oriente. Controlar Yemén, en resumen, brinda a Irán la capacidad de poner en jaque a la economía mundial.

4. Control de la producción petrolera

Arabia Saudita, con 25 millones de habitantes, es el mayor productor y exportador de petróleo del mundo. Arabia Saudita controla también los lugares más sagrados para los musulmanes, y en particular La Meca, sitio de multitudinarias peregrinaciones anuales. Todo musulmán está obligado a hacer la peregrinación a La Meca al menos una vez en su vida, y en la medida de sus posibilidades económicas, debería de hacerla todos los años. El régimen saudí, promotor de una de las formas más radicales del islamismo sunita (el wahabismo o salafismo), ejerce un control absoluto sobre su territorio y en ocasiones ha generado incomodidad – estamos siendo muy diplomáticos al calificarlo así – aplicando una restrictiva política de visas de ingreso que mayoritariamente afecta a los chiítas que desean hacer su peregrinación. Finalmente, el monarca saudita es considerado uno de los más importantes aliados de Estados Unidos en la región.

Por todo lo anterior, Arabia Saudita es un objetivo estratégico para Irán. Con una sólida mayoría sunita, es poco probable que se logre instaurar un régimen chiíta en ese país. Irán apunta, en este caso, a la abolición de la monarquía y su sustitución con un régimen islamista antinorteamericano, quizás más dispuesto a coordinar su política exterior con Irán. Si además Irán obtiene armas nucleares y puestos de avanzada en las fronteras norte, sur y este de Arabia, tendrá mayor apalancamiento para influenciar los asuntos internos y externos de ese país. Si controlar las vías de comunicación le da a Irán la posibilidad del jaque, controlar las riquezas petroleras de Arabia Saudita le dará la capacidad para el mate.

Conclusiones

Irán no puede, pero tampoco necesita, establecer regímenes chiítas en todos los países árabes que le rodean. Basta con dominar ciertos puntos geopolíticamente estratégicos para alterar por completo el curso de la historia contemporánea. Con la capacidad de trastornar la producción mundial cerrando las válvulas petroleras, de interrumpir el comercio internacional cerrando una de las más importantes rutas de intercambio, y de alcanzar con armas nucleares el corazón de Europa, no estaría lejos el sueño de los islámicos radicales de establecer un califato que abarque desde España hasta Irán, y más hacia oriente  hasta incluir a Pakistán, Afganistán y Turkmenistán. Y Barack Obama no se ha dado cuenta.

6 comentarios:

  1. Aviaos estamos...

    El problema es ¿cómo luchar contra esa estrategia?

    Me imagino que un discurso que le eche la culpa de todos los males a la yunta "sionista-gringa" le endulza los oídos a cualquier musulman resentido... diay, vea que hasta algunos mexicanos culpan a USA de todo lo malo que les pasa!

    Lo único que se me ocurre es una ofensiva "cultural"... diay, una "occidentalización" de los países musulmanes... pero eso lleva mucho tiempo... y tampoco garantiza resultados (ver Líbano).

    Mientras tanto, cualquier paso que se de en contra de Irán, será un motivo más para odiar a los gringos y judíos... y será motivo de crítica en ciertos sectores (¿chancletudos?) de la misma opinión pública occidental... o sea, si la ensarta pierde y sino, también...

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  2. Lo felicito por esta serie de excelentes artículos.

    Es como un masaje a las neuronas.

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  3. Con tanto poder de alcance de los misiles iraníes y con la "cercanía" de Ortega con dicho Irán ¿cree usted que sería posible que Irán piense en instalar alguna base con misiles en Nicaragua para amedentrar a Estados Unidos y provocarle otra calentura parecida como la de Cuba? Desconozco si la OEA impide realizar dicho "proyecto".

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  4. Excelente artículo nuevamente, Dean.
    Hoy en Bengasi Gadafi está firmando su sentencia de muerte. Ahora todos los países de Europa, junto con los EE UU, se han unido para intervenir en la guerra civil desatada en Libia. ¿Por qué no lo hicieron el año pasado en Irán?. ¿Por qué no han intervenido aún en Cuba o en Corea del Norte?. ¿Cómo es posible que Francia, Alemania y España hayan estado agasajando a Gadafi durante décadas para obtener concesiones petroleras o contratos de obra pública para sus transnacionales y ahora lo van a bombardear?.
    Son dudas que le generan a uno este tipo de situaciones.

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  5. Terox, has resumido las opciones del mundo occidental de manera palmaria: si la ensartas pierdes y sino también. Pero una opción es perder popularidad, la otra es perder la vida. Y entonces hay que apelar al instinto de supervivencia...

    Michael, muchas gracias por sus comentarios. La pregunta que usted hace es muy relevante, y creo que la respuesta no está tanto en lo que Irán piense (ya han demostrado hasta la saciedad ser capaces de cualquier cosa), como en lo que Estados Unidos esté dispuesto a tolerar. Aún con un medias tibias como Obama, una cosa es lo que permitan a Irán hacer en el Medio Oriente y otra muy distinta lo que le permitan en su propio patio trasero. Pero habrá que ver...

    Paco, muchas gracias nuevamente. No estoy muy seguro de que Gadaffi haya firmado su sentencia de muerte en Bengasi... está probando los límites de la paciencia europea y gringa, y creo que no va a salir tan mal parado. Creo, al final de cuentas, que los europeos se la van a jugar por mantener Bengasi en manos "rebeldes", creando para efectos prácticos una república independiente o al menos autónoma, pero permitiéndole a Gadaffi seguir en el poder en el resto de Libia. Con eso pretenderán asegurar el suministro de petróleo que fluye de Bengasi a la vez que salvan los intereses económicos empresariales europeos en el resto de Libia. Ya Alemania anunció que no va a participar ni en un ataque ni en una zona de exclusión aérea en Libia. Y Obama no tiene los cojones necesarios para asumir el liderazgo ni el costo de la operación.

    Sobre los intereses europeos en Libia, ver este reportaje de un diario mexicano, y el video en este otro enlace.

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  6. Dean,
    Me permito pegar el enlace a unas líneas que he perpetrado al respecto de lo que he empezado a ocurrir: http://bit.ly/hIuRgP
    Un abrazo.

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