miércoles, 25 de abril de 2012

El nacionalismo y la estupidez, o la estupidez del nacionalismo

En nombre del nacionalismo, o de sus múltiples variantes – a saber, el chauvinismo, el patrioterismo, el jingoísmo y la más políticamente correcta defensa de la soberanía – se cometen las más infames tonteras con la particular cualidad de dejar aplaudiendo por igual a izquierdas que a derechas, especialmente en aquel rincón oscuro del espectro político donde los extremos se juntan.  La reciente expropiación de la petrolera Repsol YPF por parte del gobierno peronista de Cristina Fernández de Kirchner, es apenas el más reciente ejemplo. Pero como el nacionalismo es contagioso, ofrece importantes lecciones para nuestro país, sobre todo después del evento del infame #tombonazi, que desató una serie de desafortunados comentarios  pro-nacionalistas por parte de gente que estoy seguro ni siquiera entiende lo que eso significa.


De un gobierno corrupto y populista como el de Cristina, no es mucho lo que podemos esperar.  Lo que duele es ver la reacción automática de prácticamente todos los sectores de la sociedad argentina representados en el Legislativo, apoyando la más reciente ocurrencia de una Presidenta que, antes de concluir su mandato, habrá sumido a su bello y rico país en una nueva crisis de esas que son recurrentes pero perfectamente evitables, ya que no son causadas por el ciclo económico normal, sino por los sucios manejos de los políticos de turno. ¿Cuándo irá a aprender Argentina de los errores repetidos de su pasado?

Los lectores más antiguos de La Suiza Centroamericana recordarán que Dean CóRnito tiene una particular afición por cultivar la amistad de argentinos afincados en este país. La mayoría de ellos no tiene ni idea de que quien esto escribe es su amigo, lo cual me otorga la ventaja de poder leer lo que escriben en sus perfiles de Facebook,  para luego usarlo en su contra desde este rincón del ciberespacio.  Cuento entre mis amigos argentinos algunos que llegaron a Costa Rica en los años 70 huyendo de la dictadura militar – izquierdistas, mechudos y chancletudos a toda honra –, así como argentinos que han llegado en otras épocas y circunstancias huyendo de esas crisis cíclicas a las que hacía mención un párrafo arriba, en su mayoría capitalistas, de clase media y de derechas o de centro derecha. Lo que nunca he conocido es un argentino apolítico, y menos uno sin opinión.

Sin que sea unánime, la mayoría de ellos se ha manifestado a favor de la nacionalización de YPF –  tanto chancletudos como yuppies – porque “hay que defender la soberanía”, porque “las riquezas del subsuelo son inalienables”, porque “los españoles primero nos robaron las riquezas cuando éramos indígenas en taparrabos y ahora que somos los europeos de Suramérica nos roban el petróleo”, o cualquier otro argumento de similar naturaleza.  ¡Pamplinas!

Nadie parece haberse dado cuenta de que la nacionalización de YPF responde única y exclusivamente a las necesidades “comerciales” de la ocupante de turno de la Casa Rosada.  Recordemos que doña Cristina está ya en su segundo período presidencial, y la constitución argentina no permite – al menos por ahora –un tercer período consecutivo. Recordemos también que doña Cristina tiene algunos gustos y aficiones muy caros, y ya va siendo hora de que termine de asegurar su futuro financiero.

Lo que hoy se defiende en Argentina en aras de la soberanía, deshace lo que menos de 20 años atrás hizo en aras de la eficiencia otro presidente corrupto proveniente del mismo partido peronista de doña Cristina: la privatización de YPF y posterior robo descarado de los recursos de la venta.  El mismo Presidente Menem que en los días finales de su mandato corrió a vender YPF a los españoles, es hoy Senador y ha anunciado su apoyo a la expropiación, aunque desconocemos el precio de ese voto.  Esto lo que nos demuestra es que ni la privatización ni la renacionalización de YPF responden a principios o ideologías.  Los que se hicieron ricos con la venta, se harán ahora más ricos con la expropiación, mientras nacionalistas de izquierdas y de derechas se llenarán el estómago con el orgullo que sentirán de habérsela cobrado a los españoles.

No sabemos si el manejo que hizo Repsol de los activos de YPF fue el correcto, o si hizo las inversiones que Cristina reclama como necesarias pero no efectuadas. Lo que sí sabemos es que un Estado al borde de la quiebra como el de la Argentina del 2012 tampoco las podrá hacer. Pero no importará, porque suponemos más importante para los argentinos “nacionalistas” retomar el control sobre algunos yacimientos petrolíferos que no serán aprovechados mientras el precio internacional sea alto, que el impulso que le pudiera dar a una economía tambaleante una industria petrolera bien manejada y pagadora de impuestos y derechos por la extracción y comercialización del llamado oro negro.

Lo que también sabemos es que cuando dentro de unos años la situación fiscal argentina sea insostenible – o cuando bajen significativamente los precios del petróleo y el Estado ya no encuentre tan lucrativo el negocio – los nuevos ocupantes de la Casa Rosada volverán a privatizar YPF, con el apoyo y previo pago de peaje a doña Cristina.  Y a Menem si aún vive. En cuanto al pueblo, volverá a aplaudir como foca, pero seguirá comiendo mierda. Suponemos, eso sí, que la mierda nacional sabe mejor que la de otros países…

1 comentario:

  1. La verdadera ideología de fondo sería "el populismo".

    Pero en qué irá a parar todo, parece que España no se va a quedar tranquila así no más...

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