lunes, 20 de junio de 2011

Futbol "a la tica"

Sería injusto descargar toda nuestra frustración con la Selección Nacional en un jugador. Es cierto que Álvaro Saborío falló dos penales decisivos, pero no podemos ignorar que grandes estrellas del calibre de Zico y Michel Platini, fallaron penales decisivos en el partido de cuartos de final de México 86. Tampoco podemos olvidar el que falló el italiano Roberto Baggio en la final de Estados Unidos 94, dándole el campeonato a Brasil. Los libros de historia registran la racha de cinco penales consecutivos fallados por el mismísimo Diego Armando Maradona en 1996 jugando para el Boca Juniors, amén del penal que falló el famoso D10s en la semifinal de Italia 90 contra el equipo anfitrión. Es cierto que Sabo exhibió un pésimo nivel en la Copa Oro, pero en eso no se diferenció del resto de nuestra Selección.

Un solo jugador no puede cargar con la responsabilidad de un equipo que carece de la capacidad para crear un volumen de juego suficiente para resolver los partidos sin apuros. Que una selección de Costa Rica tenga que esperar 30 ó 60 minutos antes de hacer el primer tiro a marco contra rivales como Honduras y El Salvador no puede ser nunca culpa de su centro delantero. Para el buen observador, es claro que Saborío es uno de los jugadores más esforzados de la Sele, uno que no para de correr ni de pelear balones durante los 90 minutos, y que baja a colaborar con la defensa o con la mediacancha cuando las bolas no le llegan de ninguna otra manera. También es cierto que es un jugador de rachas, y así como puede anotar goles en 5 partidos seguidos, puede fallar de la forma más inverosímil en otras 10 ocasiones. También puede ser que no sea un jugador de selección, pero eso no es su culpa, sino de quienes lo ponen allí.

La Sele exhibió un nivel pésimo de juego en la Copa Oro. La defensa es una barra de mantequilla caliente: cualquiera la atraviesa. La contención no contiene el ataque rival, pero si contiene, atrasa y mata la sorpresa en la transición hacia el ataque de nuestro propio equipo. El segmento “creativo” se excede en individualidades – a jugadores así en las mejengas de playa en Puntarenas los llamábamos buchones – y no crean más que situaciones para reclamar a los árbitros o pases comprometidos que terminan en los botines rivales, que aprovechan para lanzar el contraataque. Y de los delanteros ya sabemos que, a menos de que se enfrenten a equipos de tercera división o similares, se orinan en los calzoncillos a la hora de tirar a marco.

Nuestros “extranjeros” no aportan nada distinto de lo que hacen los jugadores del medio local. Nuestra gran estrella, Bryan Ruíz, el supuesto jugador indispensable, no hace ninguna diferencia, no pesa en los juegos, y ni por asomo se echa al hombro a un equipo carente de liderazgo en la cancha. Nuestros otros legionarios tampoco se salvan; o andan como dormidos o se exceden en individualidades y adornos que terminan invariablemente en manos del rival. Su juego no es más que el reflejo del nivel del futbol en que juegan – con la excepción de Ruíz – porque al final de cuentas, jugar en Noruega, o en la segunda división de Rusia, en Dinamarca o en Bélgica, no es necesariamente mejor que jugar en la Liga o en Saprissa o en otros equipos del torneo local.

Los jugadores locales tampoco rindieron gran cosa. Algunos, la mayoría, pagaron cara su novatada y falta de experiencia. Otros, parecían más bien en competencia con los “legionarios” para ver quién se adornaba con más florituras inútiles y hacía menos pases buenos.

Lo sucedido en la Copa Oro no debería de extrañarnos. Tenemos un entrenador de renombre, que cobra grandes cantidades de dinero por la fama que le antecede, pero él no es el problema, al menos no por ahora. El problema es que en este país nunca hemos hecho proceso. Proceso no es contratar un entrenador 6 meses antes y darle oportunidad de tener a los jugadores 3 horas por semana. Proceso es algo que se hace a lo largo de los años, con suficiente espacio para entrenar y para ensayar con buenos fogueos, con un torneo que genere los espacios de encuentro que necesita la Selección, y sobre todo con metas de largo plazo, a expensas de las ansias de gratificación instantánea de la que padecemos los ticos.

Hace cinco años abogamos desde este blog por iniciar un cambio generacional importante en nuestra Selección que al cabo de dos mundiales nos permitiera contar con una selección competitiva que pudiera superar el techo de la segunda ronda. En vez de eso, nuestro país apostó para el Mundial del 2006 por los mismos jugadores de la selección que en el 2002 no hizo nada en Corea y Japón. Lo peor es que la base de esa selección, que fue la segunda peor y la más lenta de Alemania 2006, se mantuvo para la eliminatoria rumbo a Sudáfrica 2010, lo que explica el rotundo fracaso.

En el 2006 Cristian Bolaños no pudo ligarse al futbol inglés porque no cumplía con el requisito de haber participado en el 75% de los partidos de su selección, y hoy, con 27 años de edad, no llega a 40 partidos clase A, cifra que es apenas superada por Bryan Ruiz. Estamos hablando de los jugadores de mayor experiencia de nuestro equipo patrio. Otros, como los defensores centrales, no llegan a 40 partidos clase A entre los tres (alrededor de 20 Dennis Marshall y menos de 10 cada uno Salvatierra y Acosta).

La solución, entonces, no es crucificar a Álvaro Saborío en el altar de la mediocridad del futbol. Tampoco es echar al entrenador y poner a uno que acepte alinear a algunos treintones consagrados. Lo que hay que hacer es proceso, y eso implica aprovechar la experiencia que han acumulado estos muchachos, más la que van a acumular otros tantos en la Copa América, y continuar brindándoles espacio para entrenar y fogueos de alto nivel para ensayar lo que el técnico espera de ellos. Hay que acortar el mediocre torneo local para generar esos espacios y, además, exigirle al técnico mayor presencia en el medio local. No es lo mismo ver a un jugador por TV que desde la gradería, donde se puede valorar la presión que ejerce el público y el efecto que tiene sobre el jugador.

Por último, no debemos esperar ni exigir que nuestra Selección haga el mejor Mundial de nuestra historia en Brasil 2014. Esta selección, bien manejada y con renovación constante, deberá ser la base para el 2018, cuando si deberíamos de esperar al menos superar la segunda ronda del Mundial. Si es que aguantamos un proceso tan largo. Yo no lo creo.

8 comentarios:

  1. Dean, se te quedó por fuera la prensa, que por regla general exagera en todo... la "cobertura" que le dan a la "sele" es excesiva... hasta el empacho... y cuando viene la derrota se convierte en tragedia, y ocasión para pedir la cabeza del entrenador de turno y el presidente de la Fedefútbol...

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  2. De acuerdo contigo Dean, urgimos de un proceso bien estudiado, podemos y debemos esperar un poco para dar pasos firmes despues; pero ademas necesitamos "detener" el bien planteado proceso de descenso en que estamos metidos.

    Los jugadores (como los mangos) que necesitamos, deben crecer muchisimo mas y casi madurar antes de convertise en legionarios; pero ya sabemos que no pueden hacerlo en campeonatos tan mediocres como los nuestros. Son vendidos aun verdecitos y tiernos y asi cuesta mucho madurarlos en el extranjero y con el alguito que ganan alla aun asi son una tentacion para los mas tiernecitos que aun no salen.

    La mediocridad nos tiene asediados, y nos permitira contemplar complacidos nuestra ausencia a Brasil mientras podamos ganarle a Cuba y a Bahamas. hasta un dia.

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  3. Por supuesto que cualquiera está expuesto a fallar penales decisivos. Vos hablás de Maradona, de Platini, de Zico... pero qué clase de jugadores! Martín Palermo falló 3 penales en un solo partido en 1999 y sin embargo, se acaba de retirar como el máximo goleador de la historia de Boca Juniors y empatado en el 5to lugar en la historia del fútbol argentino. Qué estrellas! No se comparan con Saborío.

    En el caso de Saborío, si bien es cierto que no se puede echarle el 100% de la culpa del fracaso de la Sele, tampoco se puede negar que por cada gol que hace, falla 15 increíbles; que contra El Salvador a los 3 minutos -y no a los 60- tuvo la puntería de pegarse al portero en la cabeza a "boca de jarro" con todo el marco a disposición y así siguen los ejemplos y aún así mucha gente lo defiende como el mejor 9 de Costa Rica (como en Zona Técnica de Canal 7). Saborío podrá ser el más esforzado en la cancha pero si vos te ponés a ver, la mayoría de las veces que pelea la bola adelante le pitan falta porque es torpe para buscarse los espacios.

    Como ya lo he comentado en otros lados, este jugador cuenta con la suerte de venir de determinado equipo y ser parte de una argollita que se nota en las celebraciones de los goles y en la defensa que de él hacen otros jugadores y la prensa. También pienso que por menos de la cuarta parte de lo que este jugador se ha equivocado a otros futbolistas los han dejado de llamar a la Selección y les han dado peor que a Saborío.

    Hay muchas cosas que definitivamente tienen que cambiar en nuestro fútbol para que logremos hacerle cosquillas por lo menos a México y para evitar que el resto de Centroamérica nos supere como ya casi sucede. Jugadores que no rinden, que vienen de paseo y no demuestran ni el 20% de lo que se ve en sus equipos y todo eso unido a los palos de ciego que da la dirigencia y el técnico... esas cosas necesitan ser denunciadas y corregidas, sino vamos a seguir cayendo en el mismo problema todo el tiempo.

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  4. Marcos, la comparación que Ud hace, precisamente por el tono de la misma, refleja uno de los defectos que no nos deja surgir. ¿Qué hizo Palermo con la selección argentina? Igual que él, Saborío fue fuera de serie jugando con su equipo en su país natal (creo que sólo Errol Daniels lo supera como goleador). Claramente Maradona, Platini y Zico fueron jugadores que aportaron más a su selección, pero Palermo quedó debiendo... y mucho... igual que Sabo...

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  5. Suave Terox, a qué defecto te referís? La comparación inicial la hizo Dean en su primer párrafo. Yo solo no estuve de acuerdo en poner a ese jugador a la par esos monstruos que se mencionaron e hice la mención de Palermo en especial por levantarse después de semejante fiasco con su selección a la que 10 años más tarde, ayudó con un gol de última hora contra Perú cuando ni Messi, ni Tévez ni Higuaín todos en mejores condiciones que Palermo la pudieron meter. No veo en qué me equivoqué pero bueno, ya que nos ponemos así de quisquillosos, entonces saquemos a Zico de la lista porque con Brasil no ganó ni la Copa América.

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  6. Marcos, el error es creer que Palermo es un "monstruo" y Saborío un fracasado rotundo. Lo cierto es que ninguno tuvo éxito con su selección pero sí con sus clubes. Por ningún lado le veo lo monstruoso a Palermo...

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  7. Terox: la prensa es tema aparte, y no tiene solución. Bueno, la organización de nuestro futbol tampoco, pero hay que seguir tratando.

    FMV: poco a poco se va creando conciencia de la necesidad de hacer proceso. En CR usualmente es necesario tocar fondo para adoptar soluciones radicales. Mientras tanto hay que seguir arando en el agua. En una de esas capaz que llegamos a tierra firme.

    Marcos, mi intención NO era comparar la calidad de Saborío con la de esos monstruos del futbol que mencioné. Reconozco que están en niveles muy distantes. El punto era que si jugadorazos de ese nivel pueden tener un mal día, fallar uno o tres penales, y botar goles cantados, qué podemos esperar de nuestros jugadores de potrero? Si a los mejores les pasa, también es de esperar que a los no tan buenos les pase. ¿O es que para compensar no tener la calidad de un Platini, Álvaro Saborío no puede fallar? Si así fuera, tal vez si estaría al nivel de esos jugadores, pero estamos claros que no es así.

    Son seres humanos todos, los mejores y los no tanto. Por eso insisto en que no podemos crucificar a un jugador por lo que fue una pésima presentación colectiva.

    Ahora, preguntémonos cuál es la alternativa. Según La Nación, hbría que poner a Minor Díaz "porque tiene gol". Yo te concedo que Saborío es una vaca. Pero esa vaca se fue del futbolito tico con 24 años de edad y casi 100 goles anotados. Minor Díaz, con 31 años de edad y casi toda su carrera desarrollada aquí, apenas está raspando los 100 goles. Seamos más serios, por favor.

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  8. Por lo anterior, me quedo con Lavolpe y su política de dar campo a los jóvenes. No podemos armar una selección con jugadores clave de 30, 32 ó 37 años.

    Si para armar una selección que pueda competir (no solo se trata de llegar al Mundial y pelarse el nance como en Corea y en Alemania) es necesario pasar por estas experiencias dolorosas - en inglés les llaman growing pains - pues entonces hay que hacerlo, porque nuestro futbol se ha dedicado a postergar la edad de retiro de los jugadores a expensas de los más jóvenes (¿Alejandro Sequeira jugando y Josué Martínez en banca? ¿Alejandro Alpízar jugando con Marco Ureña en banca?). Por eso muchos de estos jugadores jóvenes terminan yéndose a ligas mediocres, donde ganan un poco más que aquí y en algunos casos les dan más oportunidad de jugar...

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