martes, 24 de mayo de 2005

El subdesarrollo es un estado mental

Seguramente los economistas me querrán matar por este título (good luck finding me!), pero entre más leo los áridos libros de economía, más me convenzo de que no saben de lo que hablan. ¿Ustedes saben cuál es la definición de un economista? Es el profesional que se pasa la primer mitad de su carrera prediciendo lo que va a pasar, y la segunda mitad explicando por qué no sucedió lo que predijo. Por eso, en vez de sentarme a escribir un profundo tratado sobre desarrollo económico, voy a sustentar con algunos casos reales el título de este artículo. Además de los que aquí citaré, pueden leer algunos de mis ejemplos favoritos en El síndrome de Tribilín, Promoviendo la inversión extranjera, Que viva el ICE, Siete semanas perdidas, La inefectividad de las leyes, y La Contraloría General de la Contraloría.

Aquí les van algunos ejemplos de lo que sucede o hacemos en este país y que llegamos a ver como normal por culpa de nuestro maldito subdesarrollo mental:

  1. Algunas calles se amplían para atender el incremento en el flujo vehicular, pero los postes de luz se quedan en media calle. ¿Por qué es tan difícil coordinar entre instituciones? ¿No se dan cuenta de que esos postes se convierten en potenciadores de accidentes?

  2. Las calles que se arreglan para que 15 días después llegue la cuadrilla del AyA a picotearlas todas para instalar algunas conexiones nuevas. Repito, ¿por qué es tan difícil coordinar entre instituciones?

  3. La Municipalidad que, teniendo espacio y dinero para ampliar una calle tremendamente congestionada, decidió meter un camellón para hacer un “bulevar” sin incrementar casi la superficie de rodamiento, y una vez terminada la obra, ni siquiera zacate le metió al camellón, que ahora es un charral en media calle. Ni resolvieron la congestión, y más bien afearon el lugar. ¡Qué buen uso de los recursos!

  4. Los diputados que, en vez de luchar por mejorar la legislación y las condiciones productivas del país, se pelean – cual travestis por el derecho a vender el rabo en una esquina particular – por la ubicación de sus curules o de sus oficinas.

  5. Robarse los ojos de gato de las carreteras (¿para qué diantres le sirven al ladrón?) y las barandas de los puentes.

  6. Los talleres mecánicos que utilizan la calle pública como una extensión natural de su negocio, y cambian el aceite de los carros en media calle, procediendo a echar el aceite quemado por la alcantarilla. ¿Y las autoridades?

  7. La vez que alguien (no se si fue el MOPT o la Muni) quiso ampliar el radio de giro en la esquina noreste de La Sabana, frente a Agencia Datsun, para lo cual era necesario robarle unos 40 m2 al Parque. Una vez que la ampliación se hizo, pero antes de que repararan el cordón de caño y reconstruyeran la acera, la Sala IV (o, si esta no existía aún, entonces algún Tribunal “competente”) acogió un recurso de amparo o similar, ordenando suspender las obras, con el argumento de que el derecho que tenemos los ticos a un ambiente sano impedía quitarle esa mínima área a La Sabana (parque que debe tener, calculo yo, unos 900,000 m2). No importó, ni para el recurrente ni para el Tribunal, que esa ampliación pretendía mejorar la circulación en esa intersección, lo cual hubiera contribuido a disminuir las emisiones de contaminantes de los vehículos en ese punto. Lo peor de todo es que de esto habrán pasado unos 15 años ya, y esa esquina de La Sabana sigue sin cordón ni acera, pero el carril “adicional” sigue existiendo a pesar de la orden judicial.

  8. La proliferación de ventas de cochinadas probablemente robadas y de pedigüeños agresivos en las intersecciones viales, sin que nuestras autoridades hagan algo al respecto.

  9. La presencia de niños y jóvenes drogadictos en ubicaciones fijas y de todo mundo conocidas en la ciudad de San José, donde se dedican a pelear entre sí, pedir dinero con tono amenazante, y asaltar a los transeúntes. Todo sin que las autoridades se inmuten.
La lista podría continuar con miles de ejemplos. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que los Inteles nos pueden brindar trabajos mejor remunerados, pero que mientras no cambien nuestras estructuras mentales no vamos a salir del subdesarrollo? La educación es la clave. Me refiero a la educación para “producir” estudiantes acuciosos, curiosos, con sed de aprendizaje permanente, con las herramientas para investigar por si solos. Ya es hora de dejar el aprendizaje memorístico que sólo sirve para producir ciudadanos domesticados, no pensantes. El inglés, la computación, y la capacitación técnica son necesarios para conseguir empleos mejor remunerados. Pero la capacidad analítica y las herramientas necesarias para formar criterio propio e independiente son esenciales para salir del subdesarrollo. Sepamos ser libres, no siervos menguados.

1 comentario:

  1. Y cómo cuál vendría a ser el electroshock necesario?

    Sabés que en serio hay estudios que dicen que el análisis y la responsabilidad son funciones mentales superiores y que menos del 20% de los ticos mayores de 18 años tienen capacidad de abstracción?

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