viernes, 13 de mayo de 2005

Promoviendo la inversión extranjera

O, de cómo el Estado fomenta la economía informal


Tengo un amigo extranjero, que lleva ya algunos años en el país. Este amigo se vino a Costa Rica buscando mejores horizontes, ya que su país estaba hecho pistola por culpa de los politiquillos que abundan en nuestra querida Latinoamérica. El pobre iluso se creyó el cuento de la Suiza Centroamericana (ojo, la otra, no este blog), y se imaginó que las cosas aquí eran diferentes. ¡Cuán engañado estaba!

Resulta que mi amigo, a quien para efectos de este relato llamaremos Marcelo, tomó la decisión de venirse a Costa Rica cuando conversó con otro compatriota suyo que, si bien no quería salir de allá, si quería hacer una inversión productiva en otro país ya que en el suyo había una crisis económica tremenda. De manera que se pusieron de acuerdo en crear una empresa que vendería en Costa Rica productos hechos en su país de origen.

Por esas cuestiones del destino, el negocio no funcionó. Pero Marcelo decidió quedarse en Costa Rica a pulsearla. Marcelo tiene todos los papeles en orden, tiene cédula de residencia, y no es ningún vago ni mantenido. Para no quitarle empleo a ningún tico, decidió montarse un negocio propio, con lo cual más bien generó empleo. Después de mucho buscar, y con la ayuda de su esposa, definieron exactamente el tipo de negocio que querían hacer. Como todos mis amigos (ver Siete semanas perdidas), Marcelo decidió que quería hacer las varas 100% legal. Nada de chorizo, nada de mordidas, nada de contrabando. Y el maje decidió poner el bizne en el puro centro de San José, donde los únicos negocios que funcionan son los de los contrabandistas salvadoreños...

Suena como la receta perfecta para el fracaso. Pero Marcelo no es ningún tonto, y el tipo de negocio que escogió resultó ser perfecto para la zona. Después de pasar varias semanas buscando un local que se alquilara a un precio decente en una zona transitada, finalmente lo encontró y empezó a tramitar todos los permisos. Todo iba más o menos bien, a pesar de que la Municipalidad de San José también tiene su propio Departamento de Invenciones y Ocurrencias (ver Siete semanas perdidas). Y hasta tuvo la suerte de no necesitar, en su caso específico, de acudir a DINAJOTRA (ver Siete semanas perdidas). Pero no contaba con la astucia de los ticos.

Cuando ya tuvo el personal contratado y todo estuvo listo para arrancar, el valeroso e hidalgo caballero don Marcelo de la Concha se aprestó a luchar contra su molino de viento personal. Se fue para la excelsa y benemérita institución por la cual todos los ticos nos rasgamos las vestiduras, la Caja Costarricense del Seguro Social, a poner al personal en planilla. Después de casi 4 horas de hacer diversas filas, finalmente llegó a la última estación del vía crucis, la ventanilla ubicada debajo del rótulo que decía: “La respuesta siempre es NO, y después conversamos”. La siguiente es una transcripción de la conversación, según el relato de mi amigo Marcelo.

CCSS: Siguiente.

Marcelo: Señorita, vengo a inscribir en planilla el personal de una tienda que estoy abriendo aquí en San José Centro.

CCSS: ¿Usted es extranjero?

Marcelo: ¿Por qué lo dice? ¿Será mi acento? ¿O el hecho de que tengo cédula de residente?

CCSS: Es que los extranjeros no pueden hacerse responsables de personal costarricense.

Marcelo: Pero, señorita, tengo cédula de residente temporal.

CCSS: Si, ¿pero qué pasa si usted se va de Costa Rica y le queda debiendo plata a sus empleados?

Marcelo: Dígame una cosa. ¿Los costarricenses no hacen estafas? ¿Sólo los extranjeros se pueden ir del país?

CCSS: Es diferente.

Marcelo: ¿Cómo?

CCSS: Es que ellos son costarricenses y a ellos no se lo podemos negar.

Marcelo: O sea, los ticos tienen un derecho fundamental que es el derecho a estafar a sus compatriotas, pero los extranjeros no tenemos derecho a ganarnos la vida honestamente sin ser una carga para el Estado!

CCSS: Mire, señor, no se me ponga insolente.

Marcelo: Señorita, no es insolencia, estoy tratando de hacerle ver la ridiculez de lo que me ha dicho.

CCSS: No es ridículo, es la verdad.

Marcelo: Mire, señorita, para obtener la residencia Migración me hizo un análisis de antecedentes delictivos y penales. Fui suficientemente bueno para que las autoridades me permitieran vivir en el país. Con esa cédula de residencia, también fui suficientemente bueno para que la Municipalidad y el Ministerio de Salud me otorgaran los respectivos permisos. También con la misma cédula fui suficientemente bueno para que Tributación Directa me matriculara como contribuyente de los impuestos de renta y de ventas. Pero ahora usted me dice que no soy suficientemente bueno para encargarme de personal costarricense.

CCSS: Si, porque usted se puede fugar del país.

Marcelo: Pero señorita, yo no soy un fugitivo. Yo no me ando fugando de nadie. Más bien estoy intentando echar raíces en este país.

CCSS: Si usted fuera residente permanente lo consideraría, pero como residente temporal definitivamente usted no se puede hacer cargo del personal.

Marcelo: Pero señorita, si usted no me permite ganarme la vida decentemente mientras soy residente temporal, nunca me voy a poder quedar en el país el tiempo necesario para poder aspirar a la residencia permanente.

CCSS: Ese no es problema mío.

Marcelo: Señorita, por el amor de Dios o aquello en lo que usted crea. El negocio está a nombre de una sociedad costarricense, inscrita en Costa Rica, que es la dueña de los activos del negocio. En caso de fuga del país, la sociedad queda respondiendo con sus activos.

CCSS: Si, pero el apoderado de la empresa es usted, y usted es extranjero.

Marcelo: ¿Y cómo hacen los Intel y los Procter & Gamble?

CCSS: No se, va’pregúnteles a ellos.

No les hago perder más tiempo con el resto de la conversación. Como la necesidad tiene cara de caballo, Marcelo tuvo que hacer una excepción a sus estándares éticos y abrió el negocio a como pudo. El negocio, conforme a sus expectativas, anda bien a pesar de la mala situación económica. Y el personal no tiene seguro, pero eso no es culpa de Marcelo. El día que uno de ellos se enferme o necesite algún servicio del seguro, tengo la plena certeza y absoluta confianza en mis compatriotas de que cuando se presenten a una clínica u hospital y expongan su situación, algún funcionario de la Caja les dirá:

¡M’PORTA MÍ!

1 comentario:

  1. pucha... falta de confianza Dean! les hubieras recomendado unos buenos abogados...

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